Live Reviews

The Amity Affliction en Chile: La nostalgia como punto de partida

Escrito por Antonio Norambuena

Fotos por Aarón Castro

El pasado 1 de abril fuimos testigos de una noche mágica, donde la nostalgia y la intensidad se fundieron en un espectáculo inolvidable. La banda australiana de post-hardcore The Amity Affliction aterrizó en Santiago con un setlist cuidadosamente construido para hacer vibrar a cada asistente en La Blondie. Desde el primer acorde, la emoción fue palpable: no era solo un concierto, era un reencuentro con aquellos recuerdos y sentimientos que la música de la banda ha sabido construir a lo largo de los años. Su entrega sobre el escenario fue total, provocando que el público chileno respondiera con una energía arrolladora, transformando la noche en un ritual de hermandad y catarsis.

Una introducción para la historia

Desde el primer momento, la banda dejó en claro que entendía a la perfección el desafío que implica enfrentarse al público chileno, uno de los más apasionados y exigentes del mundo. Para encender motores, recurrieron a un clásico imperecedero: Don’t Stop Believin’ de Journey, una elección perfecta para unir a la audiencia bajo un mismo sentimiento de esperanza y resistencia. Y tras esta preparación emocional, llegó el verdadero impacto: abrir con Pittsburgh y Drag the Lake, para luego soltar la brutalidad de The Weigh Down, fue una declaración de intenciones. La calma inicial desapareció al instante, y la sala de La Blondie se convirtió en un torbellino de euforia, con el primer moshpit estallando sin control.

Un recorrido por la esencia de The Amity Affliction

Si algo quedó claro esa noche, fue que The Amity Affliction sabe cómo complacer a sus seguidores. La banda cargó gran parte de su presentación hacia su icónico álbum Let The Ocean Take Me, regalándonos seis canciones de esta obra maestra, entre ellas Don’t Lean on Me, My Father’s Son y The Weigh Down. Sin embargo, no se limitaron a una sola era: el setlist fue un viaje por toda su discografía, asegurando que nadie se quedara sin escuchar ese tema especial que marcó su vida.

Cada canción fue recibida con un mar de voces coreando al unísono, generando un ambiente de entrega total. Temas como Chasing Ghosts y All My Friends Are Dead no solo mantuvieron la intensidad en su punto máximo, sino que también parecían llevarnos a un estado de trance colectivo, como si la banda y el público estuvieran en una sincronía perfecta, compartiendo un momento que trascendía lo musical.

Más que un show, una conexión genuina

Pero más allá de la potencia sonora y la agresividad de los breakdowns, lo que realmente hizo especial la noche fue la conexión indescriptible entre la banda y su público. No se necesitan estadios llenos para crear momentos inolvidables; solo hace falta sinceridad y entrega. Y eso fue lo que ocurrió en cada riff, en cada petición de moshpit o wall of death que fue respondida sin dudar, en cada coro entonado con una pasión incontenible.

La expresión en el rostro de Joel Birch lo decía todo: la emoción, la sorpresa, el cariño por un público que no solo escuchaba, sino que vivía cada una de sus canciones. Habíamos dejado una huella en ellos, del mismo modo en que ellos han marcado nuestras vidas con su música. Y al final de la noche, cuando las luces se apagaron y el eco de los últimos acordes se desvaneció, quedó claro que no fue solo un concierto más. Fue una experiencia que se quedará con nosotros para siempre.

SETLIST

Don’t Stop Believin’ (Journey song)

Pittsburgh

Drag the Lake

The Weigh Down

Like Love

Don’t Lean on Me

Open Letter

All My Friends Are Dead

Chasing Ghosts

Death’s Hand

I See Dead People

My Father’s Son

It’s Hell Down Here

Give It All

(shortened)

Encore:

Soak Me in Bleach

Girls Just Want to

Have Fun (Cyndi Lauper song)

También puede gustarte...