Reseña y fotos por Felipe Oyarzún
Los estereotipos pueden ser brutalmente nocivos, sin embargo, nos pueden ahorrar unos cuantos disgustos. El frondoso pelo que coronaba la moica del guardia del BarraBass debería haber advertido a los asistentes puntuales —algo inusual en un concierto de HxC— que el show programado a las 19:00 horas obviamente comenzaría con retraso. Afortunadamente, como nunca en Puerto Montt, el clima primaveral de esa calurosa tarde dominical suprimió en los ridículamente puntuales la natural indignación de ver cómo jugaban de forma canallesca con los minutos de su existencia. El ambiente invitaba a unas birras, y entre todos no predominaba la indignación de sentir que les habían tomado el pelo, sino más bien el alivio de poder entonarse antes de lo que prometía ser una velada llena de gritos, donde la pena sería sublimada a través de la euforia desatada de la agresividad contenida.

Las letras, llenas de sensibilidad, que por más de 30 años han fascinado a los fanáticos del hardcore punk en Chile, resonarían de nuevo en la capital de La Región de Los Lagos. Eterna Inocencia volvía a Puerto Montt después de un año, con la ocasión de celebrar el 20 aniversario de uno de los discos más importantes de la escena punk argentina y latinoamericana: ‘Las Palabras y los Ríos’ (2004) cumple dos décadas.
El destino puso en marcha toda su maquinaria de prejuicios, ya que lo único que comenzó a la hora acordada fue el partido de Colo-Colo contra Audax Italiano, por la fecha 27 del Campeonato Nacional. Una pequeña broma que se permiten las coincidencias: la previa para una banda argentina era un partido de fútbol. Fútbol, humo, birra, zapatillas, una fría pero soleada primavera, DC y Vans, extensiones y piercings… De alguna manera, todo esto se configuraba como la esencia de Eterna Inocencia.
Eran las 20:28 horas y todavía no se había llenado el local. El género que alguna vez reunió a una cantidad importante de personas ahora solo conserva a unos cuantos que no son capaces de hacer colapsar los inmuebles de ese lugar pequeño pero mítico. Este género es la gloria caída de una generación de jóvenes inconformes que, aunque ya no son tan jóvenes, se han tenido que adaptar a todo tipo de circunstancias. Sin embargo, aprovechan estos espacios para esparcir las frustraciones y melancolías que genera la vida, las cuales se retratan tan bien en el disco ‘Las Palabras y los Ríos’ (2004) que podría considerarse la carta de presentación perfecta de lo que representa Eterna Inocencia: nostalgia, rabia y ternura expresadas a través de notas agresivas.

Abrió esta jornada la banda local Contraellos, con 45 minutos de demora. Si bien no contó con la totalidad del apoyo de los asistentes, unos cuantos seguidores fieles fueron los que danzaron frente al escenario para dar fuerza a la banda, que hizo temblar el local con su fuerza y brutalidad. Si bien no fueron rechazados por el público, la timidez inicial de este solo demostró su entusiasmo con pequeños y tímidos cabeceos que asemejaban más a los perritos que sacuden la cabeza en la vitrina de los taxis que a un público de una tocata punky.
A las 21:16, los teloneros terminaron su presentación, pero no lograron despertar del todo al público, que en los siguientes 44 minutos de espera permaneció entretenido con el partido de fútbol. Curiosamente, los goles de la victoria de Colo-Colo (2 a 1) lograron romper la apatía. No obstante, una vez finalizado el partido, la impaciencia comenzó a aflorar. Los primeros silbidos interrumpieron los intentos de una fanática por corear “¡Eterna!”, mientras ella reprochaba la tibieza sureña, criticando la falta de energía para expresar la emoción y la ansiedad que bullían en el ambiente.

Apenas siete minutos antes de las 22:00 horas, la combinación de sudor, encierro y emoción reprimida rompió el retraimiento, desatando los silbidos y la creciente impaciencia. Sin embargo, antes de que la molestia se convirtiera en caos, la figura de Guille Mármol, vocalista de Eterna Inocencia, apareció en el escenario, robando aplausos y gritos entusiastas, presagiando la emoción y la energía que el público estaba ansioso por desatar. Roy Ota, Alejandro Navajas, Federico Lombardi volvían a pisar un escenario en el puerto del sur de chile, solo faltaba el baterista Germán Rodríguez, quien por estar de gira con otra banda tuv0 que ser reemplazado por su asistente de batería
Finalmente, a las 22:00 horas, los primeros acordes de “Viejas Esperanzas” hicieron que el público, como fieras desatadas, se lanzara al escenario, reviviendo la sensación de comunidad que siempre ha caracterizado los conciertos de hardcore punk. La espera había terminado; la noche de Eterna Inocencia estaba en marcha, y Puerto Montt volvió a sentir la rabia y el cariño que esta banda siempre ha sabido combinar en su música.

La primera parte del concierto se enfocó en tocar en integridad el disco ‘Las Palabras y los Ríos’ (2004), Martín Andrés Pizarro Guerrero, consultado por la razón por la que creía que ese disco seguía teniendo seguidores y los fanáticos un especial cariño por este, señaló “Las letras, por lo general son letras que el punk en español no tiene, son más emocionales, son bien pensadas y están pensadas para momentos que en que uno lo está pasando, son lo que mantiene el disco y es lo que los hizo llegar arriba”.
Aproximadamente a las 22:09 horas, con “Tristeza de vos” comenzó una oleada de emoción que llevó a varios fanáticos a surfear entre la multitud, impulsados por la euforia de reencontrarse con su banda favorita. a las 22: 15 canciones como “Encuentro mi descanso aquí”, “Nuestras fronteras” y “Vivan mis caminos” desataron la energía del público, con algunos asistentes subiéndose al escenario y robando por momentos el micrófono a Guille para gritar sus letras favoritas.

Aunque la banda siempre se mostró cercana y cariñosa con su público, había una cierta timidez que limitaba la interacción constante. Esa barrera se rompió con la canción “Saludo a los maquis”, cuando Guille Mármol aprovechó para contar el origen de la canción, revelando que parte de su linaje familiar pertenecía a los maquis, la guerrilla antifascista que luchó contra el régimen de Francisco Franco tras la Guerra Civil Española.
La reivindicación política a través de letras llenas de sensibilidad se hizo presente de nuevo en la canción “Mártires de Trelew”, sobre la masacre perpetrada el 22 de agosto de 1972 en Trelew, Argentina, consistió en el asesinato perpetrado por la dictadura militar autodenominada “Revolución Argentina” (1966—1973).
“Tan lejos” y “Vientos del amanecer” marcaron el sensible final de la primera parte del concierto a las 22:58 horas, de uno de los discos que ya es considerado un clásico del hardcore punk latinoamericano del siglo XXI.

A las 23:05, «A los que se han apagado» inauguró explosivamente la segunda parte del show, en la cual la banda hizo un recorrido por sus nueve discos. Canciones icónicas como “La risa de los necios”, “Abrazo” y “Cuando pasan las madrugadas”, llenas de nostalgia y sonidos explosivos, hicieron vibrar a todos los presentes.
Uno de los momentos más emocionantes llegó a las 23:20 con la interpretación de “Le pertenezco a tus ojos”, donde todos los asistentes, sin importar romperse las gargantas, se entregaron sin pudor al mágico y emotivo reencuentro entre Eterna Inocencia y su público del sur de Chile.

El tenor político de la banda argentina continuó con canciones como “Weichafe Catrileo”, “Ciegos son los que no quieren ver”, “Cartago” y “Mi puño es la herramienta”. Cabe recordar que Guille es profesor de historia, lo que explica la carga histórica y social de sus letras.
Pese a haberse entregado todo en el concierto, el entusiasmo del público puertomontino no se apagó en la frenética velada. Es más, con cada canción, más se fortalecía esa conexión, esa energía y necesidad de entrega total. Por eso, cuando llegó el último trayecto con «Cassiopeia», no faltaron las lágrimas ni la entrega en una noche que recordó que el punk y sus derivados son de los pocos géneros que han resistido la indolencia que nos entrega la vejez. El punk, con su rabia, melancolía e ideales, nos mantiene dignos de Eterna Inocencia.
