Namie Amuro finalizó la década de los 2000s con uno de sus mejores álbumes, retomando las raíces dance desde el electropop de la época.
Taste makers.
Namie Amuro finalizó la década de los 2000s con uno de sus mejores álbumes, retomando las raíces dance desde el electropop de la época.
Martina Montaldo da un importante paso en su carrera, a partir de un sensitivo trabajo ligado a un slowcore de sintonía introspectiva.
‘¡EL RUSIO!’ refuerza los aspectos más experimentales del hip hop en Narrativa, al sumarle un costado lúdico cercano al pop rap.
Deicide entregó un sucesor a la altura de su recordado álbum debut, brindando mayor tecnicidad a su agresivo y satanista sonido.
‘Blue Lines’ se transformó en un disco influyente, marcando tanto el comienzo de Massive Attack como el inicio del trip hop.
Eliane Radigue dejó un legado importante en la música drone con una obra monumental, que aborda la muerte desde una mirada budista.
‘Altars of Madness’ sellaría para siempre la existencia de Morbid Angel, a la vez que marcaría un hito dentro del metal extremo.
John Coltrane condujo hacia el lado más radical del jazz para el final de su vida, en una influyente obra que muestra su lado experimental.
The Unlovables trajo una visión melódica y ganchera de temáticas románticas al pop punk, dejando su huella con un álbum debut brillante.
Silvio Rodríguez con la guitarra y voz elaboró uno de los álbumes más importantes de Latinoamérica, mezclando belleza política y poética.