Escrito por Guillermo Cortés
Fotos por Jonfo Van Overbeke
Chile volvió a reencontrarse con Jason Mraz tras once años de espera y, aunque el recinto fue el mismo de aquella recordada presentación en 2015, muchas cosas habían cambiado. A nuestro país regresó un artista más experimentado, sin apuros y con un dominio absoluto del escenario que, junto a su banda, deslumbró a un Teatro Caupolicán repleto, que lo había estado esperando por mucho tiempo y que se lo hizo saber durante todo el espectáculo.

De todas formas, una ausencia tan prolongada siempre despierta dudas, yo mismo las tenía. Sin embargo, bastó con cruzar la puerta para que se disiparan. La energía del público era contagiosa, casi no parecía miércoles por la noche, y al llegar a mi asiento me encontré con una hoja impresa para un fanaction, uno de los varios que se realizaron durante la jornada y que dejaban en evidencia el profundo cariño del público chileno por el músico.
Exactamente a las 21.00 horas, Jason Mraz dio inicio a su show. La oscuridad se apoderó del recinto y el artista apareció solo, acompañado únicamente por su guitarra acústica y una luz tenue que lo envolvía mientras interpretaba “You and I Both”. Esta era una versión distinta a la de estudio, más íntima y honesta, marcando desde el primer minuto la tónica emocional de la noche.

Aunque es inevitable que resulte chocante ver la cancha del Caupolicán con sillas, este concierto lo justificaba por completo, la atmósfera incluso lo exigía. Jason Mraz y su banda transmitían la sensación de estar reunidos en torno a una fogata, cantando historias que todos conocemos, pero que nunca nos cansamos de escuchar. Esa calma fue tan protagonista que el propio artista invitó al público a inhalar y exhalar en conjunto varias veces, como una forma de mantener esa paz dentro del teatro.
Canciones como “Living the Moment”, “Curbside” y “The Remedy” hicieron vibrar a todo el recinto, pero uno de los momentos más especiales llegó con “Lucky”. Probablemente una de las piezas más importantes de este tour latinoamericano, su ya icónico coro en español fue coreado de principio a fin por todo el teatro, dando forma a un instante único e imborrable tanto para el artista como para sus fanáticos. Tras ese punto alto, la energía continuó en ascenso con “Make It Mine” y “I Feel Like Dancing”.

Más adelante, el artista volvió a quedarse solo sobre el escenario para interpretar “Please Don’t Tell Her” en una versión delicada y emotiva, reafirmando la solidez de un catálogo construido a lo largo de más de dos décadas. Luego llegó la recta final, donde clásicos como “Love Someone” y “93 Million Miles” desataron los coros del público y prepararon el ambiente perfecto para el éxito mundial “I’m Yours”. La canción fue recibida con una emoción evidente, los celulares comenzaron a grabar, las parejas se abrazaron y todo fue acompañado por burbujas gracias a un fan action, potenciando aún más la atmósfera del momento.
Cuando la banda se retiró para dar paso al encore, debo admitir que me llevé una grata sorpresa. Hacía tiempo no escuchaba una ovación tan potente y sostenida para exigir el regreso de un artista al escenario. El público chileno no perdió tiempo y, a punta de aplausos y gritos, dejó en claro el cariño hacia Jason Mraz, quien respondió volviendo para interpretar “Have It All” y “I Won’t Give Up”, cerrando así una noche memorable.

El concierto se sintió como un intercambio honesto de energías. Jason Mraz entregó un show cercano y generoso, y Chile respondió con una recepción cálida y comprometida, marcando un inicio sólido para la gira “Return to South America 2026”. Sin duda, esta fue una presentación cargada de nostalgia y grandes canciones, un recorrido por lo más destacado de una carrera inmensamente exitosa que, pese a los años de ausencia, demostró no haber perdido su conexión con el público chileno.
