Escrito por Trinidad Paredes
Fotos por Sofía Furniel
Después de tres años de vuelo creativo lejos de casa, Melissa Aldana regresó a Chile con el sonido perfeccionado y la mirada expandida. La saxofonista volvió a pisar suelo nacional para reencontrarse con su público este 16 de febrero en el Teatro Nescafé de las Artes.

Radicada en Nueva York, el epicentro del jazz contemporáneo, Aldana pasó el último tiempo puliendo una voz propia que hoy la sitúa entre las instrumentistas más interesantes de su generación. Ese proceso creativo desembocó en ‘Filin’, su trabajo más reciente, un disco que vio la luz hace apenas unos días atrás mientras la artista cruzaba Buenos Aires.
En la presentación de ayer, Melissa apostó por el formato cuarteto, rodeada de músicos que no solo acompañan, sino que dialogan. Junto a ella estuvieron Glenn Zaleski en el piano, Pablo Menares en el contrabajo y Kush Abadey en la batería, conformando una formación compacta y profundamente conectada.

Lejos de una jerarquía rígida, cada integrante tuvo un momento para expandirse y tomar el control del relato musical. La música se llenó de una composición llena de respiraciones, riesgo y personalidad. La base por otro lado, tejió patrones que mantenían al público en estado de alerta y ensimismados con la presentación.
Así, el concierto avanzó con una cohesión orgánica, construida desde la escucha mutua y la complicidad, dejando claro que aquí no se trataba solo de virtuosismo, sino de una conversación sobre el escenario. De ahí que piezas como «Little Church» hayan brillado.

Desde los asientos, la escena tenía algo de nostalgia cuidadosamente iluminada. El juego de luces construía la ilusión de un bar antiguo, de esos donde el jazz no era solo música, sino que era el aire que se respiraba. Tras cada cierre de composición, los aplausos se daban como respuesta instintiva, alimentando a los músicos y reforzando la idea de que el público seguía los giros, las pausas y cada movimiento.
Cada cierto tiempo, Melissa se colocaba hacia un costado del escenario y se tomaba el tiempo necesario para observar, marcar el pulso con el cuerpo y evaluar el momento exacto para volver a entrar. Su mirada transmitía concentración absoluta, mientras pequeñas sonrisas dirigidas a sus compañeros revelaban algo más íntimo…el orgullo y el placer genuino de estar tocando juntos.

La artista nominada al Grammy ofreció un espectáculo fresco y profundamente humano. En uno de los momentos más cercanos de la noche, presentó al público su más reciente disco, Filin, y explicó el origen de su nombre, un término del slang cubano que alude al “sentimiento” y que dio vida a un movimiento musical entre las décadas del 40 y 60, donde el jazz y el bolero se encontraron. Bajo esa premisa, Aldana introdujo “Dime si eres tú”, de José Antonio Méndez, una pieza que resume el espíritu del concierto: la necesidad de decir con música aquello que las palabras no alcanzan
