Escrito por Felipe León
A pesar de que Depeche Mode ya había construido una carrera sólida en el mundo del synthpop, con sencillos fuertes sonando en cada disco, no fue hasta ‘Black Celebration‘ (1986) que se comenzó a percibir como un proyecto importante. El salto fue notorio en cuanto a ofrecer una obra compacta y madura, iniciando de paso uno de sus periodos discográficos más fructíferos.
Su lanzamiento significó una jugada arriesgada, en cuanto al vuelco sonoro impulsado en estás nuevas canciones. La influencia gótica con la que algo coqueteaban en su antecesor adquirió mayor relevancia, al cruzar el umbral hacia lo desconocido, hacia una música nocturna y sensible con altos niveles de genialidad, donde temas como el vacio existencial, la lujuria o la fragilidad humana forman parte del recorrido.
Ese aura noir que transmite Depeche Mode a lo largo de 55 minutos da cuenta de una madurez total, aprovechando la instancia para así crear un universo sonoro diseñado desde una atmosférica oscuridad. Sobre una producción minimalista, la labor de Alan Wilder y Andrew Fletcher se apodera de la escucha, llenando con detalles maquinales y sombríos, a la par de una escritura que posiciona a Martin Gore como un letrista a considerar. Todo para que luego Dave Gahan demuestre el porqué de su lugar consagrado como frontman en el mundo del synthpop.
Más allá de que ‘Black Celebration‘ encontrara un bajón de popularidad, el acierto fue tal que es imposible no llamarlo una obra maestra. Cada pieza aporta a la narrativa del disco, desde el comienzo con el tema titular, pasando por los sencillos «A Question of Lust«, «Stripped» y «A Question of Time«, hasta cortes menos populares pero igual de sorprendentes como «New Dress«, «Black Day«, «Fly On the Widescreen (Final)» o «Dressed In Black«.
