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Entrevistas

Melissa Aldana: «Una sola nota, bien tocada y bien sentida, puede decir mucho más que una frase compleja»

Por Juan Pablo Ossandón

Melissa Aldana es una saxofonista chilena radicada en Nueva York, lugar donde se ha hecho un prominente nombre dentro de la escena del jazz, al mostrar un entendimiento íntegro de las distintas corrientes del mismo, siendo uno de las intérpretes y compositoras más consistentes de los últimos años.

De hecho, Melissa se encuentra ad portas de publicar su nuevo álbum de estudio, ‘Filin’, el cual la ve interiorizándose en la ‘Era del Filin’ cubana, mostrando que también es una de las estudiantes más ávidas del género.

Con esto de antesala, en Expectador conversamos con la artista acerca de su próxima visita a Chile en formato cuarteto el próximo 16 de febrero en Teatro Nescafé de las Artes –entradas por Ticketmaster–, y otros aspectos de su carrera.


Cómo fue tu contacto musical con la “Era del Filin” en Cuba? ¿y cómo este se interiorizó en ti creativamente de cara a tu nuevo álbum, ‘Filin’?

Mi contacto fue muy orgánico y, al mismo tiempo, muy profundo. A través de Gonzalo Rubalcaba empecé a escuchar esta música no solo como un estilo, sino como una forma de sentir y de decir. El filin tiene una honestidad emocional muy fuerte, una relación muy directa entre melodía, armonía y sentimiento. Eso se fue quedando conmigo de manera natural y, cuando empecé a escribir música nueva, me di cuenta de que ese lenguaje ya estaba ahí, casi sin proponérmeloFilin nace desde esa interiorización, desde algo que ya estaba habitando en mí.

¿Qué puertas creativas abrió en ti esta nueva dirección más baladesca que tiene ‘Filin’? Y asimismo, ¿esta supuso algún tipo de desafío a la hora de tocar?

Abrió la puerta a la paciencia, al silencio y a la vulnerabilidad. En una música más baladesca no hay dónde esconderse: cada nota importa. Eso fue un gran desafío, porque requiere un nivel de presencia y de control emocional muy distinto. Técnicamente puede parecer más simple, pero expresivamente es mucho más demandante. Me obligó a confiar más en el sonido y menos en la idea de “decir mucho”.

 

A nivel emocional, ¿cómo entraste en contacto con este lado más minimalista –por decir una palabra–?

A través de un proceso personal de cambio. Empecé a cuestionar muchas cosas, a soltar expectativas y a escucharme más. El minimalismo apareció como una consecuencia natural de eso: tocar menos, pero con más intención. Entender que a veces una sola nota, bien tocada y bien sentida, puede decir mucho más que una frase compleja.

 

Al escuchar tus piezas es posible notar un carácter interpretativo gigantesco. Hay cierta introspección, que a nivel sonoro se puede ver el concepto de “estar al servicio de la canción”, el “perderte en la música”. ¿Cómo has llegado a dicha resolución sobre cómo ver el jazz?

Ha sido un camino largo. Creo que viene de escuchar mucho, de estudiar la tradición y también de equivocarme. Con el tiempo entendí que el jazz, para mí, no se trata de demostrar, sino de comunicar. Estar al servicio de la canción implica dejar de pensar en uno mismo y permitir que la música te atraviese. Cuando eso pasa, el ego se diluye y aparece algo mucho más honesto.

 

¿Y qué piensas del otro opuesto? ¿El dejar salir los egos?

Creo que el ego es parte del ser humano y no se trata de negarlo, sino de reconocerlo y no dejar que tome el control. En ciertos momentos puede ser un motor, pero si domina la música, se pierde la conexión. Para mí, el desafío ha sido aprender a observarlo y elegir no tocar desde ahí.

 

¿Qué diferencias ves y/o haz presenciado de cómo se experimenta el jazz en Nueva York y Santiago?

En Nueva York hay una intensidad y una exigencia constantes; es un lugar donde el nivel es muy alto y eso te empuja a crecer todo el tiempo. En Santiago, siento una escucha muy profunda y emocional, una cercanía distinta. El público chileno se involucra desde otro lugar, quizás más íntimo, y eso genera una energía muy especial en el escenario.

 

¿Cuáles son tus cuatro discos favoritos de todos los tiempos de jazz?

Es difícil elegir, pero diría A Love Supreme de John Coltrane, Miles Smiles de Miles Davis, Speak No Evil de Wayne Shorter y You Must Believe in Spring de Bill Evans. Son discos que siempre vuelvo a escuchar y que siguen enseñándome cosas nuevas

Juan Pablo Ossandón

Director de Expectador.

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