Escrito por Felipe León
Tras el temprano fallecimiento en 2010 de Nujabes, su legado no hizo más que ir en ascenso. Si bien la notoriedad que ganó el hip hop instrumental en las radios lo-fi llevó a muchas personas a descubrir su música, los méritos ya estaban ahí, ya sea por su estelar participación en la banda sonora del animé Samurai Champloo y por sus propios lanzamientos, entre los que se encuentra ‘Modal Soul’ (2005).
El productor ya había dado luces de su estilo calmo y meloso desde una encarnación meditativa en ‘Metaphorial Music‘ (2003), pero fue con su siguiente álbum que determinó los cimientos de su grandeza. Porque el artista japonés configuró en parte cómo sonaría el hip hop instrumental y lo-fi la década posterior a su estreno, agudizando en este segundo disco sus alcances emocionales de abundantes samples hacia algo más melancólico y agridulce, pero también esplendoroso.
Con un mayor detenimiento en la construcción atmosférica, Nujabes edificó un retrato que abarca la totalidad de su dimensiones sonoras. Desde la apocalíptica y vibrante travesía de «World’s End Rhapsody«, pasando por los ecos del atardecer en «Horizon«, la revelación espiritual de «Reflection Eternal«, a las referencias al corazón del jazz en «Feather» junto a Cise Starr & Akin Yai, «Luv (Sic.) Part 3» con Shing02, «Music Is Mine» o el corte titular.
Otra pieza como «Light on the Land» evoca un cielo estrellado, mientras que «Ordinary Joe» junto al histórico Terry Callier trae de regreso la raíz psicodélica del soul. Su alma reside en ‘Modal Soul’, de tal modo que cada pieza aquí presente funciona como una expansión de toda la creatividad que radica en su obra como artista, trascendiendo como una influencia sostenible en el tiempo.
