Por Bárbara Conejero
En La Corazonada, el rancagüino Diego Soto construye una comedia romántica desde la incertidumbre, la observación y lo cotidiano, apostando por una metodología sin guion cerrado y por personajes que fuera de cámara llevan más de 30 años juntos.
La película sigue a Nieves, administradora de un centro de eventos que tiene en su parcela, donde vive junto a su hijo. Su vida da un giro cuando un motoquero se enamora de ella y una cineasta la escoge como protagonista de su película basada en “La Tempestad” de Shakespeare. Así, emerge una historia de amor entre los tíos verdaderos del director que representan actores, que, a su vez, actúan como una pareja que se enamora. Una cinta que oscila entre la ficción y el documental, y que captura los pequeños detalles.
En el marco del 7° Festival de Cine Nacional de Ñuble, Expectador conversó con el cineasta chileno sobre su motivación de hacer cine, la riqueza de la cotidianeidad y los desafíos del cine chileno.

La Corazonada ha sido ampliamente aclamada por el público festivalero recibiendo en la última edición de FIC Valdivia el premio del público y el premio especial del jurado, Y en el festival de cine de La Serena el premio especial del jurado. ¿Esperabas este recibimiento?
Creo que la reacción excedió totalmente nuestra expectativa y sobre todo la conexión del público en términos de las risas, de espectadores que nos han contado que se han emocionado con la película. Son cosas que para mí es súper difícil de calcular desde el otro lado, sobre todo porque, como es una película donde los protagonistas son muy familiares, me era muy difícil entender si es que lo que me pasaba a mí con la película le iba a pasar al resto también. Me preguntaba cómo ellos iban a ser vistos, si se iba a lograr capturar su personalidad, que es lo que me llevó a querer filmarlos.
Habías trabajado con ellos anteriormente en “Un fuego lejano” ¿Por qué los consideraste nuevamente en tu proyecto?
Sentí que no le había sacado el jugo a mis tíos en esa película y que ahora quería hacer una película donde ellos participaran de la construcción de sus personajes y que pudieran opinar sobre la historia, porque lo que hicimos en nuestra primera película fue hacerla como escondidos; grabábamos en el trabajo de ellos mientras trabajaban. Es una película que tiene un elemento documental mucho más crudo, a pesar de que también es una ficción, y acá la idea era trabajar lo ficcional desde lo que ellos son, poder a través de estos juegos de ficción, descubrir cosas sobre ellos.
Ese trabajo a la par se refleja sin duda porque si hay algo que caracteriza a La Corazonada es su espontaneidad. Has mencionado que no tenían un guión establecido, en ese sentido ¿Cuáles fueron los mayores desafíos de esta metodología de trabajo y al mismo tiempo qué oportunidades surgieron?
A nosotros como equipo nos inspira mucho el trabajo del cine documental; permite indagar en la realidad sin ideas tan preconcebidas. Uno llega con algunas ideas, pero está dispuesto a que sean descartadas y que se transformen. Para mí, como director, hacer una película no es llevar a cabo mi visión, sino dirigir un proceso de búsqueda: descubrir algo sobre el mundo y también aprender.
Se me viene rápidamente a la mente la escena del corpóreo bailando, que causó muchas risas en la sala
Esa escena, por ejemplo, fue muy improvisada porque fuimos a grabar por iniciativa de mi tía, que conocía a las dueñas del supermercado, y cuando llegamos estaba pasando eso, entonces lo que hicimos fue postergar lo que teníamos pensado y ponernos a grabar el corpóreo. Nunca supimos quién es la persona que está dentro de ese disfraz y el corpóreo se puso a bailar para la cámara y se creó una especie de imagen de musical y eso fue un hallazgo de la realidad.
Cuando uno está en este estado en que va a los lugares con una cámara y buscando algo interesante de filmar, estas cosas rápidamente se convierten en algo tremendo; era algo que excedía lo que nos podríamos haber imaginado.
Tiene mucha relación con el título también…
Sí, por supuesto, y también yo creo que quizá el deporte extremo que practicamos es que hacemos las películas en un estado de incertidumbre súper grande, sin saber si es que finalmente vamos a poder hacer que lo que estamos filmando se convierta en una película, es un acto de fe y de lanzarse.
Yo creo que el cine más convencional busca evitar eso a través de un guion, que ojalá el guion sea como una garantía de que la película va a ser buena y de todos los procesos previos que en el fondo —nosotros, no es que no los hagamos— sino que los hacemos mientras hacemos la película.
Esta concepción Hollywoodense de buscar la perfección en todo sentido: en los planos, el guion …
Yo creo que tiene mucho que ver con cuál es el sentido de por qué uno hace películas. En mi caso, lo que fui descubriendo es que lo que más me motiva son los hallazgos: encontrar cosas en el mundo y en las personas que observo. Para mí, lo que le da valor a la película es si logramos encontrar algo espontáneo, único e irrepetible.
Esta búsqueda de lo más cotidiano
Claro, de poner en valor lo cotidiano y encontrar cómo lo cotidiano puede hablar sobre asuntos más profundos, digamos como de la interioridad de los personajes.

¿Y crees que es algo que caracteriza o se está convirtiendo en una característica del cine chileno, a raíz de estrenos como Denominación de Origen o Ensayos y errores?
No sé si es lo cotidiano, pero sí está apareciendo en los últimos años un cine que está volviendo a pensar en cómo mirar Chile. Creo que es algo que había quedado un poco relegado, porque la industria del cine chileno creció mucho y se hicieron muchas películas más pensadas para tener éxito en festivales extranjeros, que no lograron conectar con el público local porque no estaban poniendo el ojo en nuestra realidad.
Creo que el trabajo de un cineasta chileno es inventar una manera de hacer cine chileno, porque en el fondo el cine no es un invento de acá, sino algo importado, y eso implica que como que no tenemos una gran tradición cultural de cine, o sea, tenemos una que ha sido truncada —tuvimos un apagón cultural de casi dos décadas—;lo que necesitamos son películas que se las ingenien en hacer imágenes valiosas a partir de lo que nos rodea.
En ese sentido la identidad chilena es algo clave en La Corazonada y algo especial es que se trata de una comedia romántica: una comedia romántica a la chilena. ¿Qué elementos sientes que permiten calificarla de esa forma?
La estructura de la película trata la pregunta de si los dos protagonistas van a terminar juntos o no. Y esa es una estructura de comedia romántica. Fueron apareciendo escenas que las quisimos poner a prueba, escenas típicas: la de una invitación a salir, la de una declaración amorosa, y al ponerlas en palabras de estas personas —que son personas comunes y corrientes que viven en el campo—no funcionan tan bien.
Y ese no funcionar es interesante porque muestra dónde está la incongruencia entre el lenguaje y los referentes culturales que tenemos para pensar el amor y nuestra idiosincrasia local, que no necesariamente calza con eso. Y esa incongruencia genera muchos momentos cómicos.
Se trata de un amor entre dos personas mayores algo que no suele verse en la pantalla grande , pero que además se trata de personas que efectivamente tienen una relación fuera de las cámaras. ¿Qué elementos te interesaba mostrar de esta relación?
El cine en general se ha construido en base a una idea desechable de las estrellas, donde lo son mientras tienen su juventud y son atractivas, y cuando dejan de serlo, rápidamente terminan en papeles secundarios. Creo que plantear una visión de lo que se puede hacer a una edad y a otra es limitante. Lo que me parece haber reflexionado en esta película es que llegamos a cierta edad, cerca de la jubilación, en que pensamos que la vida ya fue, pero en realidad quedan muchos años por delante con los cuales se pueden hacer cosas muy divertidas, y creo que es un buen momento en el que la gente puede aprovechar su vida y experiencia.
Entonces eso, en este caso, me parecía un juego muy divertido; yo lo veo como un universo paralelo, donde estas personas, que son las mismas, pero con otros nombres, no se han conocido y se llegan a conocer en otro momento de su vida, y creo que eso tiene una conexión también con la realidad: es como si uno viera la realidad por el negativo, invertir las cosas y ver en esa inversión qué cosas uno puede observar de quiénes son ellos en realidad.
La historia ocurre en Doñihue, cerca de Rancagua. Una ciudad que más allá de un lugar se ha convertido en un personaje en tu filmografía. ¿Por qué es importante para ti que Rancagua tenga una representación en tu obra?
Yo partí filmando en Rancagua porque era el lugar que conocía; ahí había gente que me interesaba y también era un lugar que nunca había sido filmado y eso es una oportunidad interesante para construir una imagen desde cero y hacer el ejercicio de poner la cámara donde pareciera que no hay nada interesante.

Hace solo un par de días se estrenó La Corazonada en cines nacionales. Se trata de la primera película chilena distribuida por el Centro Arte Alameda ¿Cómo percibes este hito en términos de viabilidad para el cine chileno? ¿ Cuáles son tus expectativas?
Creo que es una gran noticia, porque ver una película hecha con tan pocos recursos en salas comerciales de todo el país es algo muy inesperado, sobre todo para mí, que la hice sin esa expectativa. Pero habla del compromiso del equipo del Centro Arte Alameda, más que por hacer negocios, por impulsar el cine chileno y por conectar a la gente con su cine.
También habla de un momento particular para el cine chileno en el que Denominación de Origen marcó un hito muy positivo: abrió la mente de los espectadores a ver cine que no necesariamente tiene grandes estrellas ni grandes maquinarias televisivas detrás, sino que promete que ir al cine es una experiencia gratificante y un espejo para pensarnos.
Creo que ver películas tiene que ser una experiencia que uno sienta que le alimenta el corazón. Independiente de los temas que uno trate o las historias que uno cuente, lo importante es que la gente deje de sentir que ir a ver cine chileno es una tarea, sino que sea un placer.
