Live Reviews

MFest 2026: Late un corazón musical y moderno

Escrito por Trinidad Paredes
Fotos por Hernán Urtubia

La apertura de Matucana 100 recibió a la gente con ping pong, tragos, una zona segura y la promesa de la banda chicarica como inicio de la velada. El ambiente del lugar se notó ansioso de inmediato. A pesar de empezar a las 7 de la tarde, las personas iban llegando entusiasmadas con el line up.

La cartelera nos ofreció artistas que han estado mezclando sonidos de synthpop, electrónica y techno; propuestas que han ido encantando al público con el tiempo y se han introducido en el oído de la gente de forma popular.

La voz de Lorena Pulgar fue la punta del triángulo de la banda. Chicarica se plantó en el escenario con la motivación de mil sintetizadores y una armonía de tipo orquesta. La dinámica, que se viene construyendo desde 2016, presenta trances y ritmos atrapantes que sirvieron para subir la expectativa de lo que quedaba de jornada.

En el repertorio se encontraron canciones de su álbum “Invierno en la playa”, donde “Ni tú a mí” tomó protagonismo con su simple letra, sonido onírico y melodía melancólica. También se escuchó “Odisea”, dándole un envoltorio nostálgico y potente al ser contrarrestado con batería y armonías líquidas. Las notas de la banda podrían ser de nicho, pero se destinan a volar hacia la audiencia con la intención de crear esta pista electrobailable.

Los espectadores se empezaron a apiñar adelante cuando el cambio de artista se empezaba a sentir en el aire. La cantante, compositora y productora colombiana Gabriela Caldas, también conocida como Ela Minus, salió al escenario para dar un show electrizante, demostrando en cada momento cómo su personalidad se retrata en cada una de sus composiciones.

Fue original, descontrolada e hipnotizante; además, su presencia fue acompañada de gráficos entretenidos y dinámicos. Su paso por la vida musical ha evolucionado del punk a la electrónica, pero después de la noche de ayer se podría decir que su música está viva, independiente del género que elija incursionar. Su presentación estuvo llena de dinamismo, con movimientos que le permitieron dejar su nerviosismo de lado y darnos un rato de música pensada para ser proyectada ante una audiencia que no teme involucrarse. Su tiempo se marcó por el recordatorio del aniversario de su álbum “Día” y MFEST 26 como su primer concierto del año.

Cayendo la noche y bajando el calor, el recinto se fue llenando cada vez más. Rubio tenía fans comprometidos que estaban expectantes de su salida. Los minutos pasaron y los vítores se escucharon en primera línea. El público no se movió: los llamados siguieron golpeando el aire como un pulso insistente, una ola que se negaba a bajar. Cuando ella finalmente apareció en el escenario, la espera tuvo sentido. No salió a cumplir, salió a tomar el espacio.

Desde el primer gesto dejó claro que la noche era suya. Un show sólido, intenso, sostenido por una presencia escénica que llenó cada rincón y mantuvo la atención clavada en las secuencias artísticas que nos quiso compartir.

El show construyó la recompensa de la espera y transformó la ansiedad en celebración. La gente coreaba su nombre y lanzaba “te amo” al aire, en especial en temas como “Kintsugi” y “Nuestra canción”, que parecían tener un lugar especial en el corazón de la audiencia.

Los momentos importantes se basan en la conexión con las personas, y Rubio pudo vincular su sonido y mensaje con la gente sin ningún problema. La experiencia fue atronadora y, de todas maneras, cumple con implantar el deseo de seguir escuchando y acompañando a estos prometedores artistas en la dimensión musical.

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