Por Tomás Pérez
Morgan Myles y Mark Mackay llegan a Chile próximamente por una ocasión muy especial: Country Road Sessions. Una instancia cultural que tiene como meta crear una conexión significativa entre la escena country de Nashville, y el panorama blues siempre presente de nuestro país. Instancia que también contará con los blueseros insignes de Chile, El Cruce, y se llevará a cabo este jueves 8 de enero en Club Amanda –entradas por Passline–.
Con esto en mente, en Expectador conversamos con ambos músicos estadounidenses ahondando en su relación con Chile –que viene de cerca, por cierto–, distintos detalles de sus carreras como la llegada al Opry de Myles, y de planes futuros con nueva música.
¿Cómo se sienten acerca de venir a Chile para este show?
Morgan: Estoy muy emocionada de ir a Chile. Es mi primera vez no solo en Chile, sino también en Sudamérica y en toda América del Sur. Me entusiasma mucho la experiencia, poder mezclar nuestros estilos musicales y, más importante aún, traer la música country para acá de una manera nueva, con un enfoque distinto, porque lo que hacemos es una fusión dentro de la música country.
Mark: Es mi primera vez presentándome en Chile, aunque ya había estado antes: recorrí la Patagonia como mochilero y fue una experiencia hermosa. Torres del Paine me pareció un lugar impresionante. Comparto ese mismo sentimiento: estamos muy contentos de estar aquí, tocando en un país nuevo. Presentarse en un lugar distinto siempre es algo realmente emocionante, así que será una gran experiencia para todos nosotros.
Country Road Sessions propone un puente entre Nashville y la escena chilena. ¿Están familiarizados con la escena musical chilena en este aspecto?
Mark: La verdad no puedo decir que esté muy familiarizada, pero los dos trabajamos con el mismo baterista, que nació y creció acá, así que nos ha ido contando de todo. De hecho, bromeábamos con que, a cualquier lugar al que lo llevo en Estados Unidos, siempre me sale con algo de Chile para dejarme arriba, como queriendo superarme. Por eso tengo muchas ganas de conocer todo, vivir esta experiencia y ser parte de lo que está pasando aquí.
Morgan: Creo que, gracias a Andrés y también a Miguel —que toca la guitarra y que igualmente nació en Chile—, tenemos una influencia bastante natural de este país. Dos de mis músicos, Andrés y Miguel, son de acá, y después de tantos años en la ruta, todo lo que se vive en las giras, en las pruebas de sonido, y ese contacto con los elementos latinos se va metiendo de forma orgánica en nuestro sonido. Estamos muy entusiasmados de poder tocar junto a otros artistas chilenos. Como decía Andrés, una parte importante de su cultura viene del rock, y nosotros no hacemos un country súper tradicional, sino más bien una mezcla de rock, country, soul y también de blues. Así que este cruce y fusión de influencias musicales será algo muy divertido y especial.
¿Podríamos decir que tener todas estas influencias les hizo aceptar la invitación?
Mark: Cuando empezó a armarse todo esto, para nosotros ya era muy emocionante simplemente venir y tocar nuestra música acá. Pero el hecho de bajar a Chile y quedarnos durante una semana inmersos en la comunidad, en la cultura, compartiendo con otros artistas chilenos, con las cosas que ustedes hacen, la música que escuchan y la vida que se mueve aquí, lo hace todo mucho mejor. Así que, absolutamente.
Morgan: Estoy totalmente de acuerdo. La música se trata de conectar a las personas, y creo que esta es una forma hermosa de unir dos culturas y presentar una mezcla nueva. Es una manera muy especial de encontrarnos y de compartir.
¿Qué hace a este formato tan especial comparado a un concierto tradicional?
Morgan: Creo que esto se da gracias a la influencia que tenemos con este país. Estamos Mark, Serena —nuestra bajista—, Jeff y yo, pero fuera de nosotros el resto son músicos chilenos, artistas auténticos y muy ligados al sonido de acá. Por eso, lo que está pasando es realmente una mezcla 50/50. Me parece un muy buen punto de partida para llevar nuestro género, que es todo nuestro mundo, hacia otro mundo distinto y empezar a presentarlo aquí.
¿Cuáles consideras que son los valores centrales y los elementos clave de la escena de Nashville, y de qué manera los reflejas en tu música?
Mark: Creo que una de las cosas que Nashville, en mi opinión, hace mejor que casi cualquier otro lugar es la composición de canciones. Ya sean temas profundos, significativos y auténticos, o canciones ingeniosas que llegan al número uno en la radio, el songwriting en Nashville es prácticamente una industria, una máquina. Todos los días se crean miles y miles de canciones, muchas de las mejores que se han escrito, así que la vara está altísima y el estándar es muy exigente.
Pienso que tanto Morgan como yo somos narradores por naturaleza, storytellers, y aunque cada uno tiene su propio estilo, el corazón de lo que hacemos siempre es una canción. Es la canción la que reúne a la gente, la que puede cambiar el mundo y la que hace que nuestro show sea interesante.
Al menos para mí, especialmente cuando llego a un lugar nuevo —incluso si fuera solo una ciudad dentro de Estados Unidos, y con mayor razón viniendo hasta acá, a un país distinto—, quiero que quien vea mi presentación por primera vez se lleve canciones que lo hayan impactado de alguna manera. Siento que eso es el núcleo de Nashville.
Morgan: Nashville está construido sobre la idea de la “película de tres minutos”. Cuando se trata de la fórmula para escribir una buena canción, todo gira en torno al hook, al gancho principal, pero sin descuidar los versos, el puente o la estructura completa. Una canción country tiene que contar realmente una historia, como si fuera una pequeña película. En otros géneros, como el pop, las letras no siempre cargan con tanto peso, pero en el country no te puedes permitir eso: las palabras deben ser significativas.
Los mejores compositores del mundo, y sobre todo de Estados Unidos, llegan a Nashville. Probablemente tenemos la mayor cantidad de songwriters a tiempo completo, y esa es la parte más linda de la ciudad. Existe toda la industria musical, claro, pero también una comunidad de composición formada por personas dispuestas a poner emoción real, vulnerabilidad verdadera e historias de familia, de fe, de desafíos y luchas personales. Lo hacemos para ayudar y conectar de forma genuina.
Y creo que ahí está la fuerza que el mundo necesita hoy: conexiones reales. Con la IA y todo lo que está pasando, es importante demostrar que la música se trata de personas encontrándose. Ese es el regalo del country y de nuestro trabajo: recordar que, antes que todo, una canción es un puente entre seres humanos.
¿En qué momento de sus vidas descubrieron sus habilidades como compositores?
Morgan: Tuve una voz desde muy pequeña. Aprendí a tocar guitarra y estudié música, pero la composición fue el verdadero desafío para mí, porque necesitaba vivir mi vida para poder ser auténtica con lo que quería decir. Mi historia es verdadera para mí, pero también es mi responsabilidad expresarla para conectar con personas que quizá no saben cantar o no tienen un talento así, y que necesitan encontrarse con la vulnerabilidad a través de una canción.
Recuerdo que, cuando me mudé a Nashville, estaba conversando con Sony Records. Ellos me dijeron: “Necesitas que te rompan el corazón”. Yo cantaba bien, pero no me creían del todo porque todavía no había vivido una desilusión real. Les pregunté: “¿Qué tan rápido puedo lograr eso?”. Y la verdad es que entendí que no se puede fingir: tienes que transmitir con autenticidad.
Siento que fueron clave los mentores. Sé que Mark también ha tenido los suyos, y uno que compartimos es Jeffrey Steele. Yo recuerdo escuchar a Jeffrey cantar y terminar en lágrimas: su capacidad para conectarse con su propia historia era algo absolutamente hermoso y sobrecogedor. Me dejó impactada y me hizo querer ser mejor compositora.
En esa época yo era pasante de Taylor Swift y él abrió un evento llamado Country Radio Seminar. Imagínate: dos personas completamente distintas. Jeffrey se subió solo con su voz y su guitarra. Había perdido a su hijo hace poco y cantó un número uno de Rascal Flatts, “What Hurts the Most”, dedicado a su esposa. Yo no podía dejar de llorar. En ese momento lo entendí todo. Ahí dije: “esto es emoción, esto es conexión”. Comprendí lo que aquel A&R de Sony intentaba explicarme.
Mark: Creo que con las canciones en general pasa algo curioso: las grandes canciones parecen simples, pero son increíblemente difíciles de lograr. No quiero repetir exactamente lo que dijo Morgan, pero coincido con todo. Una parte importante es que tomas una canción y un buen compositor la revisa una y otra vez durante semanas, meses, a veces años. A veces un tema se escribe y luego se retoma con el tiempo, hasta llegar a ese punto en que salta hacia ti, te atrapa y parece hablarte directamente. Tiene que ser auténtica y, al mismo tiempo, estar muy bien trabajada.
Yo he tenido la suerte de tocar con varios de mis héroes del rock clásico, músicos que crearon canciones que se volvieron la banda sonora de la vida de tanta gente. Recuerdo abrir para una banda llamada “Night Ranger” en Estados Unidos. Ellos tenían un hit enorme, “Sister Christian”, que apareció en una película y todo el mundo lo conoce. Estaba a un costado del escenario mirando a unas 10 mil personas cantándoles el tema de regreso, a todo volumen. De esas experiencias también aprendes: te preguntas qué tuvo esa canción para meterse en todos y volverse parte de sus vidas. El songwriting es divertido así: hay espacio para todo, pero ante todo es un arte.
Las canciones tienen esa capacidad única de mejorar una película, un momento, lo que sea, porque nacen de algo humano. Y eso es lo que intento recordar cada vez que escribo: que una canción es artesanía y emoción al mismo tiempo.
¿Qué artistas o influencias han sido claves en sus desarrollos musicales?
Mark: Siempre digo que, para mí, todo partió con un artista llamado Glenn Campbell, que cantó una canción que Jimmy Webb escribió, “Gentle on My Mind”. Siento que ese tema completo es una historia; no se puede cortar a la mitad. Al escucharla es como si uno fuera caminando por dentro de la canción, como si la atravesaras paso a paso. Fue una influencia enorme para mí. Y también, como contaba antes, crecí escuchando a todas esas bandas clásicas de rock: Dire Straits tocando “Sultans of Swing”. Ahí hay una similitud clara: también es un relato. Incluso el solo de guitarra cuenta una historia, los versos cuentan una historia, y eso es lo único que me ha importado siempre. Yo nunca he intentado escribir vueltas rápidas o “golpes” que no sean significativos; todo lo que compongo está pensado para ser un cuento hecho canción.
Morgan: En mi caso, la primera canción que aprendí en la guitarra fue de Bonnie Raitt, y creo que mi profesor ya sabía que yo tenía una voz más soul. Del lado de la composición, mi disco favorito es “Tapestry” de Carole King. Lo que me pasa con ese álbum es que ha ido cambiando junto con los capítulos y las temporadas de mi vida: las canciones toman significados distintos y nunca dejan de tener sentido. Siempre suenan clásicas.
Es un trabajo que sostiene todo su peso en la autenticidad, porque ella lo hizo demasiado bien. Para mí, temas como “Hallelujah” logran eso mismo. Yo crecí escuchando música primero en la iglesia, así que mi alma conectó desde su base con la fe. Subirme a un escenario es casi siempre una experiencia espiritual; esa es mi misión en la vida y la razón de este regalo. Artistas como Carole King, con esa energía de fe subyacente, son el lugar donde elijo pasar mi tiempo, sobre todo dentro de una industria que es dura. Ahí me pregunto: ¿qué quiero?, ¿cuál es mi propósito? Todo nace de esa sensación.
Mark: Es curioso escucharla hablar tanto de autenticidad. Tú mencionaste a Bonnie Raitt y pienso en la producción musical de hoy, en esa idea de que cualquiera puede grabar desde su casa: crear beats, samplear loops, hacer de todo y que suene increíble. Pero vuelves atrás y escuchas a Bonnie Raitt cantar “I Can’t Make You Love Me” y eso es emoción cruda y directa frente a un gran micrófono, en un gran estudio. No hay nada más. Y ese registro lo dice todo sobre la autenticidad: todo lo que necesitas saber se puede oír ahí.
Morgan: Y creo que hoy, más que nunca, la gente quiere las imperfecciones, porque somos humanos, no somos perfectos. Nuestros oídos están volviendo a desear eso: “muéstrenme los errores para saber que son reales”.
Hace un momento hablaste de “Hallelujah» y quiero preguntarte algo. Sé que cantaste esta canción en el Opry. ¿Cómo fue la experiencia de presentarse en el Opry?
Morgan: Dios mío… El Opry es un escenario al que es muy difícil llegar. A mí me tomó diecisiete años solo en Nashville poder finalmente subirme a esa tarima; me rechazaron muchas veces antes. Cuando pisas ese escenario sientes una validación enorme y, para ser honesta, yo lo necesitaba casi como una señal de Dios para seguir adelante. Para mí es un momento comparable con el día de tu matrimonio, con tu “día de bodas”; así de emotivo. Incluso me atrevería a decir que fue mejor que cualquier boda que pudiera imaginar, porque ahí se juntó todo: el trabajo, la perseverancia, los años de intentarlo, la frustración del rechazo, pero también la esperanza, los miles de canciones escritas, los escenarios recorridos, los kilómetros y las millas en la ruta.
Todo parece condensarse en un solo instante. Antes se decía que Nashville era la “ciudad de los diez años”, el “ten-year town”; no sé si seguirá siendo exactamente así, pero artistas como nosotros somos conscientes de lo que significa esa invitación. Nos sentimos humildes frente a ella porque es algo que realmente te propones alcanzar durante toda tu carrera. No lo tomamos a la ligera: al menos en nuestra generación existe un respeto profundo por el Opry en todo lo que hacemos. Es como una insignia, una medalla, un verdadero símbolo de honor.
¿En qué fase creativa se encuentran ahora mismo?
Mark: En mi caso, nos estamos preparando para empezar a publicar música nueva en un par de semanas. Tenemos un disco completamente terminado que nos acompañará durante todo este año. Aun así, siempre hay que estar pensando en lo que vendrá después, así que estoy a punto de volver al estudio para trabajar en el próximo proyecto, que quiero llevar hacia un terreno un poco más despojado que lo que he hecho antes. Siento que las últimas cinco o seis canciones que lancé fueron bastante intensas, muy marcadas por las guitarras y mezcladas con un sonido más frontal, más “en la cara”. El siguiente álbum me gustaría que se sienta un poco más vintage y más stripped back, más simple en su esencia. Ese será el próximo capítulo creativo; veremos cómo resulta.
Morgan: Este viernes publiqué una canción llamada “American Sky”; es curioso lanzarla estando fuera de Estados Unidos. Y el 13 de febrero presentaré mi álbum “LACED”, un trabajo que lleva dos años y medio de proceso. Me tomó cerca de un año y medio escribir unas ochenta canciones, luego vino la grabación, que se hizo eterna, y después hemos estado un año completo promocionándolo. Por fin verá la luz.
Además, pronto entraré al estudio para hacer un disco navideño. Al jefe de mi sello le encanta la Navidad de una manera muy profunda, así que ese es el camino al que he llegado. Para mí el reto es entender qué significa realmente un álbum de Navidad en lo personal: tengo que ir a ese lugar emocional.
Las canciones navideñas originales son dificilísimas de escribir, y también aparece la pregunta de cómo abordar los temas tradicionales y de qué forma quiero cantarlos. Honestamente, los discos de Navidad son un desafío enorme.
Mark: Es gracioso escucharla porque yo justamente lancé un álbum navideño hace poco. Estuvimos de gira todo diciembre con ese disco y creo que descubrirás algo: hay una libertad creativa casi ilimitada. Cuando haces un álbum “normal” tienes que cuidar ciertos márgenes, pero con la música de Navidad —sobre todo con estándares que todos conocen— el juego es otro: “¿cómo lo harás tuyo?”.
De todas formas, pongan la voz de Morgan sobre cualquier cosa y ese ya es el mejor punto de partida.
Para cerrar, Quiero preguntarles a ambos: ¿Cuáles son sus cuatro álbumes favoritos de todos los tiempos?
Mark: Ya tengo clarísimo mi número uno: el disco de The Traveling Wilburys. Los Traveling Wilburys eran un supergrupo con Tom Petty, George Harrison y Roy Orbison, y cada canción de ese álbum se siente como la banda sonora de mi vida.
Mi segundo favorito es difícil de elegir porque Tom Petty es mi artista principal, pero probablemente sea “Full Moon Fever” de Tom Petty. Después pondría “Running on Empty” de Jackson Browne. Y como cuarto álbum favorito de todos los tiempos, diría el disco que Morgan Myles está a punto de lanzar el próximo año.
Morgan: Mi álbum número uno es “Tapestry” de Carole King, como comenté antes. Luego, sin un orden específico, elegiría “Songbird” de Eva Cassidy o su “Live from Blues Alley”, que fueron súper influyentes para mí. Su tono y la manera en que manejaba las dinámicas me enseñaron muchísimo. Yo tenía una voz grande desde el primer día y mi problema era que a veces me excedía, lo hacía demasiado enérgico. Lo que me gustaba de Eva es que controlaba el volumen y la emoción para que el impacto fuera mayor, y tuve que aprender eso, en vez de cantar siempre a máxima intensidad.
También pondría “Rumours” de Fleetwood Mac: me tiene completamente cautivada su sonido, las armonías y ese carácter de Stevie Nicks, con su aspereza, su grit, con el que conecto mucho. Pero más importante aún es la tensión creativa entre ella y Lindsey Buckingham; es algo inigualable. Justo en Navidad estaba revisando mi colección con mi papá y ¡tenemos cuatro copias de “Rumours”! Ahí pensé: “bueno, definitivamente es un gran disco”.
Y por último tiene que estar “Music Box” de Mariah Carey, porque fue de los primeros CDs que mi papá llevó a la casa cuando compramos un reproductor. Trajo dos: uno de Jackson Browne y ese de Mariah. Creo que ese álbum me enseñó a cantar de verdad; lo ponía todo el día. Mi pobre hermana terminó odiando a Mariah Carey, pero para mí fue la primera vez que empecé a imitar un estilo, a cantar de regreso lo que escuchaba, y de algún modo ella me enseñó a usar la voz. Después convencí a mi mamá de que me metiera a clases de guitarra y todo partió desde ahí.
