Escrito por Felipe León
De vez en cuando se hace necesario revisitar el trascendental legado de King Crimson en el rock, considerando lo influyente que es el proyecto hasta nuestros días. Para tales efectos, el séptimo álbum de estudio, ‘Red‘ (1974) resulta esencial, considerando el alcance que tuvo el ambicioso registro siendo únicamente un trío, además ser ser grabado en un periodo complejo que terminaría con la separación del proyecto.
Lo extraño es que el disco no tuvo el desempeño esperado en las listas, a pesar de ser una de sus obras cumbres. Mucho más pesado que sus antecesores, la búsqueda por un rock progresivo con toques experimentales y arreglos sonoros técnicos y complejos, caló hondo en el imaginario del género, añadiendo una suscitada oscuridad que bien podría representar las profundidades lejanas del espacio exterior.
King Crimson reveló su costado más extraterrestre, entre búsquedas que rozan lo agresivo y distorsionado, tanto en la poderosa guitarra de Robert Fripp como en la sección rítmica a cargo del bajista y cantante John Wetton, y baterista Bill Bruford. Incluso un antiguo miembro como Ian McDonald reapareció como colaborador en la ecuación del Rey Carmesí. Aún así la alineación estelar no pudo contener el quiebre, lo que es curioso considerando la enorme calidad de canciones aquí presentes.
El solo hecho de que ‘Red’ cuente con la épica y melancólica «Starless» ya da para mucho. Sin embargo, las otras piezas restantes como la rocosa apertura que da nombre al disco, la improvisada «Providence», la emotiva «Fallen Angel» y la misteriosa «One More Red Noghtmare» terminan por cohesionar el atractivo prog de una obra, a estas alturas, inmortal.
