Escrito por Felipe León
Cuando se disolvió Bikini Kill en 1997, Kathleen Hanna lanzó al año siguiente un disco solista bajo el nombre Julie Ruin. Al buscar gente para interpretar las canciones dio con Johanna Fateman y Sadie Benning, generando una química que derivaría en la creación de Le Tigre, debutando en 1999 con un álbum homónimo imprescindible en la escena independiente.
Los planteamientos del proyecto dictaron un acercamiento mayor a cajas de ritmo y samples, sin dejar de lado la proposición guitarra-batería-bajo. Ecuación que determinó el espíritu del trío, en base a lecturas propias del dance-punk, synth punk y algo de electroclash, intercalando tales detalles sonoros desde un pulso ecléctico y rebelde, con denuncia política por doquier, montón de instantes explosivos, inquieta experimentación rítmica y un sentido de lo accesible altamente inflamable.
Bajo un desfachatado testimonio de irreverencia tratada con seriedad, se vislumbran discursos feministas y disidentes que buscan tanto la sororidad como la denuncia, expandiendo su ojo crítico hasta el lugar pasivo y condescendiente que ocupa la cultura. Al iniciar con su mayor hit «Deceptacon», pasando por «Hot Topic» que funciona como homenaje a activistas y luchadoras que inspiraron a Le Tigre, o en el retrato urbano expuesto en «My My Metrocard», la escucha se torna ingeniosa.
Durante 34 minutos se plasma sin perder el hilo la habilidad del grupo, a través de 12 canciones bastante agudas en sus cuestionamientos. «Phanta» ahonda en la figura fantasmal del capitalismo con cierta melancolía, mientras que «The The Empty» encrudece su sonido al hablar sobre vacío existencial, para luego virar hacia el alternative dance en “Friendship Station”, e incluso coquetear con el minimal wave en «Dude. Yr So Crazy!». Indicios claros del carisma que muestra la obra.
