Escrito por Felipe León
La revolución del bebop en el jazz comenzó a escalar hasta alcanzar nuevas fronteras, conectando, por ejemplo, con las raíces afro de la música cubana. Sin dudas Machito fue de los que mejor representó esta mezcolanza de ideas bautizadas como jazz afrocubano, al indagar de forma creativa y decidida en las herencia sonora de la isla caribeña. Y ‘Kenya‘ (1958) es el mejor ejemplo de aquello.
Una consumación para el género, en medio de distinguidos talentos que formaron parte de su interpretación. Dentro de su alineación se encontraban trompetistas como Doc Cheatham y Joe Newman, saxofonistas como Cannonball Adderley y Ray Santos Jr., conguistas como Cándido Camero y Patato Valdés, o el arreglista A.K. Salim, entre muchos otros. Todas partes involucradas en este manifiesto sobre el país africano, previo a su independización que ocurriría pocos años después.
Desde una ejecución que involucra distintos lenguajes musicales, Machito puso en marcha un cruce identitario que dispone lo mejor del jazz ligado a las big band y el bebop, junto a un enfoque rítmico de lo más tropical. Su celebrada interpretación instaló una referencia histórica sobre como suena el afro-cuban jazz, trazando sus credenciales desde la única versión del álbum, «Tin Tin Deo», hasta la mayoría de creación propia promovida en temas como «Cannonology», «Congo Mulence», «Blues a la Machito«, «Wild Jungle» o el tema titular.
Si bien el artista de origen cubano incursionó en otros estilos como el chachachá, mambo o pachanga, sus aportes al jazz son motivo de culto hasta la fecha. La extensión de un ideal fresco y rimbombante, destacando por su constante energía, al tope de las improvisaciones y una elaborada dinámica en las percusiones, las que representan gran parte del atractivo dejado en ‘Kenya‘.
