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Live Reviews

Loserville Tour: La fortuna de girar por el mundo con amistades

Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Andie Borie

Hay tantas aristas por dónde se podría abordar lo que trajo la llegada del Loserville Papi Gringo Tour 2025 de Limp Bizkit a Chile, una fecha esperada que no estuvo exenta de problemas previos, con dos cambios de recinto de por medio. Finalmente se llevó a cabo en el Estadio Santa Laura USEK, para la fortuna de todo el mundo, honestamente. Fue una gran fiesta.

Mucho se habla de que existe una cierta nostalgia por el nu metal o sonidos populares de los 2000’s como lo es el metalcore melódico. Puede que sea verdad, como mínimo es mucho más algo cierto que una falsedad. El a qué responde eso es una interrogante que no creemos que se pueda responder de forma certera, aún. Pero uno de los factores que sí o sí abogan por este fenómeno, es la necesidad del público antiguo como nuevo de escuchar estos proyectos pesados a nivel sonoro que remecieron el mainstream. No por nada System of a Down, Deftones, Slipknot y Korn son capaces de llenar estadios, y aunque los números siempre estuvieron ahí, existe algo intangible que empuja a sus seguidores a dejarse la vida en cancha y no quedarse fuera de estas instancias.

Anoche 13 de diciembre, fue el turno de Limp Bizkit. Pero Fred Durst y sus compañeros llevaron esto de una forma particular. En resumen y por ponerlo en simple, contactaron a artistas y bandas amigas de distintos alcances y recorridos, para llevárselas de gira alrededor del mundo con un ambiente festivo absoluto. Y no todo era nu metal, de hecho, en su mayoría no lo eran –quizás algunos pasajes de 311 como mucho–, pero cada nombre compartía un nivel de intensidad que llamaba a celebrar la música.

Slay Squad: Una formidable primera impresión

Los encargados de abrir la jornada fueron los californianos Slay Squad, quienes pisaban Chile por primera vez, asegurándose de entregar una presentación inolvidable en plena consciencia de su calidad de teloneros. Musicalmente el nexo estaba ahí en bandeja, pues Brahim GousseKilo Kei y sus compañeros son dueños de una propuesta rap metal con una fuerte prevalencia del metalcore –e infusiones de trap de por medio–, por lo que canciones como «GUMBO»«Fye, Fye, Fye» no pasaron desapercibidas en lo absoluto siendo un gran punto de partida.

Pero lo que más quedó de los muchachos fue su entrega y carisma, siendo capaces de armar moshpits en distintos sectores de la cancha a su propio mandato, y, en general, dirigir a la audiencia a su antojo para lo que fue una breve pero genial presentación en Loserville. Y no sólo fueron tema de conversación con lo que hicieron sobre el escenario, sino también con lo que hicieron después, compartiendo –detenidamente– con fans sacándose fotos en distintos lados del estadio.

Riff Raff: Fugaz destello color verde neón

Introducido por el mismísimo Fred Durst sobre el escenario, el rapero Riff Raff llegaba como el nombre más distinto de la jornada y con tan sólo unos 15 a 20 minutos de presentación, aprovechados al máximo con un ir y venir de hits de su repertorio en clave trappop rap como «Tip Toe Wing In My Jawwdinz». Si bien es cierto que era el que corría con mayor dificultad a la hora de asegurar conexión con el público –su propuesta era la más distinta a nivel estético, después de todo–, el artista llevó su set con oficio asegurándose de entregar un delivery sarcástico y humorístico con cada barra.

Ecca Vandal: Prosperar a punta de actitud y un sonido muscular

Ecca Vandal fue otra de las grandes sorpresas que trajo Loserville en materia de nombres, entre comillas, algo menos conocidos. La artista sudafricana dejó su marca en el Santa Laura con un proyecto que se pasea con libertad entre el rock alternativo, el dance punk, e influencias variopintas que pueden venir del post-hardcore o el hip hop. Es algo importante de decir, pues su presentación se posicionaba como un verdadero cóctel sobreestimulante –en un buen sentido–, en el que canciones como «BLEED BUT NEVER DIE»«DANCE IN DEBT» se sentían como un martillazo de sonido.

Al mismo tiempo, su entrega era de lo más admirable y causó todo tipo de ovaciones, pues no sólo cantaba o gritaba cada verso como si estuviese en un completo estado de trance, sino que se aseguró de ir a saludar de cerca al público bajando del escenario y yendo a la reja al medio. Aparte, y sumando al ambiente festivo que rodeó todo el festival, los Slay Squad se hicieron presente a bailar y disfrutar sobre el escenario, y Fred Durst volvió a aparecer para cantar junto a la artista «CRUISING TO SELF SOOTHE». Mucha gente quedó buscando su nombre después en sus teléfonos, y con justa razón.

311: Refrescar la memoria a punta de groove

Finalmente se acabó la larguísima esperar para volver a tener a 311 en nuestro país. Fueron 14 largos años, el tiempo no pasa en vano. Pero, después de todo, siempre es bueno reencontrarse con los amigos, ¿no? Así de cercanos se sentían, iniciando su set con un temazo: «Beautiful Disaster», poniendo a vibrar de inmediato al público que repletaba el Santa Laura mientras, nuevamente, Fred Durst aparecía sobre el escenario para disfrutar de tamaño momento como un fan más. Esas risas compartidas fueron la tónica, porque el aspecto feel-good de la música de Nick Hexum y cía. es algo tan intrínseco que se impregnó en el ambiente, poniendo a la gente a saltar con «Freak Out», a cantar con una alegre versión reggae de «Lovesong» de The Cure, o un sólo de percusión a banda completa que hizo retumbar cada rincón del estadio.

El tiempo era breve, pero el frontman se aseguró de mostrar la gratitud de la banda y él para con la audiencia chilena, en uno de los pasajes de Loserville que más demostrativos son de dicha época de los 90’s-2000’s. Después de todo, 311 fueron claves a la hora de perfilar dicho sonido estadounidense, y nos lo recordaron a punta de temazos como «Amber»«Down», tema cuyo cual finalizó su presentación.

Bullet For My Valentine: Un trozo de historia

En palabras de Matt Tuck, la visita de la agrupación de metalcore melódico a Chile y Latinoamérica fue algo de último minuto, pues no tenían planes de bajar a este lado del mundo –algo que también nos dijo su guitarrista Padge en entrevista–. Y fuera de los aspectos logísticos de esto, pues ocuparon el slot que dejó YUNGBLUD tras cancelar su participación en el tour, lo importante es que se materializó como una instancia para celebrar la historia misma de la banda, interpretando de forma íntegra ‘The Poison’ por su 20º aniversario. Incluso si es que hay algo de coincidencia en la sucesión de factores, qué bueno que haya sido este el curso de acción.

El motivo es bastante sencillo, ‘The Poison’ es uno de los álbumes más populares e insignes del auge del metalcore melódico en los 2000’s, y este retorno de Bullet For My Valentine –que demoró seis años en concretarse– fue sumamente ovacionado y esperado. Con un sonido prácticamente perfecto, los galeses fueron canción a canción del disco en orden, dejando momentos grandilocuentes como la monumental «Tears Don’t Fall» –que hizo cantar a todo el Santa Laura–, la agresiva y acelerada «Hand of Blood» –que levantó agresivos moshpits en los distintos sectores de pie–, o la emotividad que surgió con «All These Things I Hate (Revolve Around Me)» –con el frontman vistiendo la camiseta de la selección chilena que le regaló un fan previa a esta–.

Pero fueron los deep cuts del disco los que eran más esperados por sus fans, como «Hit the Floor»«Room 409», o «Her Voice Resides», desplegados por los músicos en escena con performances que mantenían en punto tanto lo técnico como lo visceral y descarnados que podían llegar a sonar. Algo que tuvo uno de sus puntos clímax en la canción homónima del álbum, con unas palabras previas de agradecimiento de Matt Tuck que arengaron al público. Así, y después del recorrido exhaustivo de su debut, Bullet For My Valentine cerró su espectáculo con «Waking the Demon», armando circle pits por doquier en un último destello de energía.

Limp Bizkit: Anfitriones de una explosiva fiesta ambulante

Cuando a uno le invitan a una fiesta, lo mínimo que se espera es que el anfitrión brinde una experiencia agradable. Es una cortesía a nivel de costumbre social. Porque eso es lo que era Loserville, una fiesta en todo el sentido de la palabra. Y Limp Bizkit, los anfitriones, se tomaron muy en serio eso de brindar un momento inolvidable, y hay muchísimas razones de ello.

Pero antes de cualquier moshpit agresivo, gritos o bengalas, la agrupación se dio un momento de tributar a Sam Rivers, el bajista original de la banda que falleció el pasado 18 de octubre, en un emotivo homenaje con harto material de archivo que retrataban distintos momentos del músico a lo largo de la historia de la banda, imágenes que los integrantes del grupo observaron con dedicación y detención en todo momento con sus siluetas dispuestas al medio del escenario mirando a la pantalla trasera.

Tras dicho comienzo, que fue recibido con cálidas ovaciones, Limp Bizkit no demoró mucho en tirar el Santa Laura abajo con «Break Stuff», en un despliegue enérgico de absolutamente todos los actores en consideración –banda y público–, con moshpits y saltos masivos que algún tipo de efecto telúrico debieron tener. Fijo. Así, y con los decibeles por las nubes, Wes Borland referenció «Master of Puppets» de Metallica por breves instantes –aunque agitados en circle pits–, que derivaron en la absoluta locura de «Hot Dog», tema vaticinado por el icónico ad-lib del vocalista «Ladies and gentlemen, introducing the Chocolate Starfish… and the Hot Dog flavored water…».

Una de las sorpresas del setlist fue «Show Me What You Got», canción que no han revisitado del todo en este tramo de Loserville Tour, y que puso a sus fans a gritar verso a verso este hit del ‘Significant Other’ (1999), con la intención de «festejar como en el ’99«, en palabras del frontman. Acto seguido, John Otto tomó el protagonismo desde su drumkit, marcando el paso de la popularísima «My Generation», que activó bengalas en distintos sectores de la cancha.

Bajo la intención de llevar esto como una fiesta en el sentido algo más literal de la palabra, DJ Lethal se dio varios lujos al pinchar temas envasados y remezclados como «Jump Around» de House of Pain» o «Walk» de Pantera, lo que, en el acto inmediato, derivó en una de las presentaciones más formidables que haya brindado Limp Bizkit de «Rollin’ (Air Raid Vehicle)» en nuestro país. Algo que también se vivió con los momentos más pausados, como lo fue con «My Way»«Boiler», siendo, sobre todo esta segunda, un lujo. Puntos extra para Richie Buxton (de Ecca Vandal), quien está en el cargo de bajista del grupo en este tour, manteniendo un sonido contundente y una performance siempre móvil.

Otra de las sorpresas, y totalmente inesperadas, fue el cover de los Beastie Boys que se mandaron con «Sabotage», interpretado a dueto entre Fred Durst y la misma Ecca Vandal en un rol más protagónico. Esto era mucho más que un momento grande, sino también otra prueba fehaciente de lo importante que es para Limp Bizkit llevar este Loserville como una gira junto a amigos. Y eso viene con harta espontaneidad de la mano.

Asimismo, cada canción en sí importaba un momento en sí misma. De eso que no quede duda alguna, pero si algo podemos considerar como el clímax indiscutido del concierto, o el que más fue comentado, fue lo que pasó tras la demoledora «Nookie», con una fan subiendo al escenario para cantar «Full Nelson» junto a la banda, acto que esta seguidora llevó a cabo con entrega, compromiso, y muchísima pasión de por medio –y harto respeto con el espacio personal de los integrantes–. Fred Durst respondía de forma recíproca a cada rima y estribillo gritado, y el público respondía a la altura con saltos y moshpits por doquier. De esos momentos que quedan marcados en la historia de conciertos por siempre, y, probablemente, la mejor interacción fan-banda que hayamos visto en los últimos años.

Ya el final fue eso, seguir con la fiesta y dejarse la vida en la cancha. «Faith» de George Michael puso a todo el mundo a correr en círculos, «Take a Look Around» fue un absoluto mazazo de momento que tenía los espíritus de la gente por las alturas, y la segunda llegada de «Break Stuff» fue el último capítulo de la fiesta de concierto más grande que haya entregado Limp Bizkit en Chile. Pero ojo, los números son lo de menos, lo importante es otra cosa, y es que fue, fácil, el mejor show que han hecho en nuestro país, incluso por sobre el de Lollapalooza Chile 2024. Formidables.

 

Setlist de Limp Bizkit en Loserville:

  1. Break Stuff
  2. Hot Dog (con snippet de «Master of Puppets» de Metallica)
  3. Show Me What You Got
  4. My Generation
  5. Rollin’ (Air Raid Vehicle)
  6. My Way
  7. Boiler
  8. Sabotage (Cover de Beastie Boys junto a Ecca Vandal)
  9. Eat You Alive
  10. Behind Blue Eyes (Cover de The Who)
  11. Dad Vibes
  12. Nookie
  13. Full Nelson (con fan sobre el escenario)
  14. Faith (Cover de George Michael)
  15. Take a Look Around
  16. Break Stuff

Juan Pablo Ossandón

Director de Expectador.

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