Escrito por Felipe León
Para la segunda mitad de los 50’s Mary O’Hara era una figura en ascenso, dada su impronta folk enraizada profundamente a la tradición irlandesa. Dentro de este periodo fue que consiguió un permiso especial de la discográfica Decca para grabar ‘Songs of Ireland‘ (1958), su más recordado larga duración junto a Tradition Records.
La importancia de Tradition Records radicaba en acercar la versión más fidedigna del folclór, sin tanto maquillaje ni vuelta de tuerca. Por ende la participación de la cantante y arpista plasmó Irlanda como pocas veces se ha escuchado, desde una pacífica musicalización que aborda la herencia más distintiva de la isla europea, bajo una voz soprano tan magistral como los arreglos de cuerda que la propia artista creo para acompañar las canciones del disco.
En total son 18 canciones (9 por lado) las que conforman ‘Songs of Ireland’, priorizando lo mínimo como una forma íntegra de preservar las raíces folclóricas de su patria. Tan así que varias piezas aquí ofrecen únicamente su voz, la que basta con llenar el ambiente y captar la atención, a través de baladescas misivas cantadas en inglés pero sobre todo en gaélico irlandés. Esto último es clave pues más allá de su solvencia sonora fuera de lo común, Mary O’Hara busca preservar la lengua en una grabación.
Pese a que pocos años después entraría a un convento para ser monja, la obra se posicionó como uno de los mayores tesoros culturales del siglo XX, en especial para la diáspora irlandesa en Estados Unidos. El peso de la historia con el que carga se manifiesta a cabalidad en canciones como «Óró mo bhaidin», «The Famine Song», «Down by the Glenside», «Jackets Green», «Wexford Mummer’s Song«, «The Gartan Mother’s Lullaby» o «Farewell, But Whenever».
