Escrito por Felipe León
La figura de Rose Melberg en el panorama del indie pop es crucial, en específico sus aportes al denominado twee pop. Numerosos proyectos han contado con su presencia, siendo Tiger Trap uno de los más recordados, pese al escaso material discográfico que dejaron en su corta pero significativa existencia. Es cosa de escuchar su debut homónimo de 1993 para comprender su importancia.
El característico minimalismo baja fidelidad, sumado a planteamientos radicales y líricas naif, elementos formativos del twee, son presentados bajo dinámicas dulces y melancólicas. A ratos distorsionado, en otros limpio, el sonido del disco va de la mano con una simpleza evocadora, que pese a privilegiar lo instantáneo y pegadizo no deja de promover salidas curiosas, sumando al viaje desde una visión sentimental, romántica, inocente, entretenida y real.
Si bien la gran mayoría de canciones destacan por sí solas, se hace mucho más satisfactoria ir siguiendo el disco en sus 30 minutos. Las cosas funcionan tan bien para Tiger Trap como cuarteto, sobre todo en la interpretación que transmite por sí misma la crudeza instrumental del grupo, girando en torno a un apartado vocal tan personal como suave; sereno y emotivo. En conjunto a la labor de Calvin Johnson de Beat Happening! como productor, nombre igual de pionero en el desarrollo del género.
Algo de su sonido ya se podía percibir en Gran Bretaña, acercado por la banda al público estadounidense, sellando rápidamente su destino como una de las obra ideales del twee pop. Esto se logra gracias a temas como el alborotado inicio con «Puzzle Pieces», pasando por «Words & Smiles», «Super Crush», «You & Me», «My Broken Heart», «You’re Sleeping» o «Supreme Nothing«. Ejemplos que resumen la gracia de este estilo musical.
