Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Aarón Castro
La llegada de un nombre de culto como SHONEN KNIFE a Chile es algo que celebrar por todos los motivos posibles. Formadas en los 80’s por las hermanas Naoko y Atsuko Yamano, esta agrupación fue un nombre importantísimo a la hora de diversificar el punk de factura nipona, así como extender su alcance. Hablamos de una época en que el underground de Japón estaba dominando por el hardcore punk de GISM, el punk de fuerte corte político de The Stalin, el Oi! de Cobra, o el popular punk rock bien ramonero de THE BLUE HEARTS, las SHONEN KNIFE vinieron a añadir colores a dicho panorama sonoro.

Una propuesta más juguetona y desprejuiciada que aceptaba con total entusiasmo los alcances más fluorescentes del pop, de fuerte gusto twee pop, que llamó la atención de grandes nombres en el extranjero como Sonic Youth y Nirvana –de ahí el bullado dato del fanatismo de Kurt Cobain sobre la música de las japonesas, invitándolas a abrir a Nirvana en una gira allá por 1991–.
Por eso mismo, para un nombre tan clave en la internacionalización del punk japonés, vaya que pasó muchísimo tiempo para que finalmente debutarán en Chile: más de cuatro décadas. Por lo que si finalmente sucedía, no quedaba más que asistir, como un deber prácticamente. Se trataba de historia pura.

La cita era en Sala Metrónomo, y cuando el reloj dio las 21:30, Naoko, Atsuko, y la baterista Risa Kawano se tomaron el escenario para dar inicio a un verdadero festín de alegría, saludándonos con «Konnichiwa». Nuevamente, las SHONEN KNIFE traen el color a sus shows con su música, y despiertan un ambiente bastante festivo, en el que lo monocromático pasa a un segundo plano, y las energías no provienen de alguna suerte de catarsis agresiva. Muy por el contrario, la gente sólo bailaba, con varios 2-step dancers por ahí.
Una ligereza necesaria para una noche de martes, en el primer día hábil que tuvo esta semana (lunes feriado). No habían grises en los riffs de Naoko ni las basslines de Atsuko, y la energía era tan contagiosa que incluso tracks recientes de su repertorio como «MUJINTO Rock» o «Vamos Taquitos» eran recibidos con calidez. De hecho esta última fue chilenizada por las mismas artistas, siendo «Vamos Empanadas» para nosotros. Gesto agradecido y que sacó risas y aplausos.

En ese sentido, lo que mueve las canciones de SHONEN KNIFE son, en su gran y absoluta mayoría, lo lindo de la cotidianidad. Así de simple, directo y honesto. Por eso al cantar de animales bonitos como con «Capybara» y «I Am a Cat» no se producía nada más que júbilo. Incluso con la comida, con varios ejemplos al respecto, como «Sushi Bar Song», «Banana Chips» o la clásica «SWEET CANDY POWER», la que trajo una dulce comunión en gritos al unísono en su estribillo, comandados por Naoko.
La última canción antes del encore fue «Buttercup (I’m a Super Girl)», siendo uno de los momentos más explosivos del show, en el que ya hablamos de lleno de pogo al centro de la pista. Pero todos alegres, todo el mundo en la misma, mientras el imaginario de la serie de Las Chicas Superpoderosas rondaba nuestras mentes.

Ya para el final del show, con el público exclamando con fuerza por más canciones, las SHONEN KNIFE le dieron un gustito al público chileno a pedido popular y espontáneo, con «Miracles», causando sorpresa y explotando la fiesta nuevamente. Asimismo, el final llegaría con la poderosísima «Antonio Baka Guy», dándole harta importancia al ruido y la cercanía, para cerrar de forma redonda un espectáculo que, en teoría, sólo trajo a flote los bellos colores que emanaban de temas tan sencillos como los animales o la comida, lo que, y por cierto, es algo muy japonés y parte del principio «nichijō no bi» –concepto estético nipón que encuentra belleza en lo cotidiano y lo diario–.
¿Se ve difícil un regreso? Sí, pero ojalá, ojalá suceda.
