Live Reviews

Festival Plural: Música local y mareas de gente

Escrito por Catalina Figueroa González

Fotos por Catalina Castillo García

La décima edición del evento organizado por el Colectivo Buena Tela llegó a su límite de aforo con público de todas las edades.

Pasaron muchas cosas en el Festival Plural. Realizado en Bellavista Oveja Tomé, fue más que un festival. Fue baile, fiesta y un viaje inmersivo con el que visitamos el funk, el rock, el electro pop y más.

La apertura de puertas fue a las 14:00 hrs y el comienzo estaba estipulado para las 15:00 hrs. Sin embargo, desde mucho antes, era evidente que algo ocurría en Tomé.

La instalación de carteles de acceso, los buses repletos, personal de seguridad, equipos y gente rondando el sitio, dieron atisbos de lo que estaba por comenzar.

Géneros diversos y poesía: ¿la pluralidad hecha line up?

La espera para la primera presentación se alargó y siendo poco más de las 15:30, Inconstantes dio inicio a la jornada musical.

El proyecto local, que mezcla tintes de rock y soul, partió con energía propia. Ya había público para escuchar en vivo a los intérpretes de “Volverte a ver”. Luego, fue el turno de la rapera Meduza MC y su presencia dominante hizo vibrar el escenario.

Tras las rimas vertiginosas, llegó el momento de ver a Diego Lorenzini. El trovador conquistó el lugar con la serenidad que lo caracteriza. Al ritmo de su guitarra, los asistentes iban y venían, alternando entre el espacio para escucharlo y el pequeño comercio ubicado en la zona trasera izquierda.

En ese mini mercado, podían encontrarse artesanías hechas en madera, guías de flora y fauna, comida con opciones veganas, joyas, tejidos e incluso artículos de maquillaje para la venta.

Para las cinco de la tarde, ya se rumoreaba haber alcanzado el límite de aforo. Pese a eso, el estado de relax llegó al siguiente nivel con el buen reggae de Duna Vaguada. Niños, jóvenes y adultos reunidos para disfrutar de un espectáculo que los movió suavemente y como una ola. El grupo invitó al escenario al poeta Silvestre Santos Pillán, quien recitó sobre el mar y la magia de la playa, al estilo spoken word. Simplemente catártico.

El plot twist que no sabíamos que necesitábamos

Las horas pasaron y el aforo completo ya era una realidad visible. La brisa marina no dejó de hacerse notar, el sol iba bajando y el lugar se cubría de sombra, todo parecía calmo pero hubo un giro. La redirección hacia el calor y el caos estuvo en manos de Abducción.

Reconocidos por sus sonidos tétricos, outfits al estilo The Cure y una deslumbrante puesta en escena, entregaron toda una experiencia teatral, acompañada de utilería como sobres y más sobres de medicamentos durante la canción “Luna Negra” y gráficas color neón sobre un fondo lúgubre, preparando al público tomecino para lo que se venía.

Fue más tarde que pisaron el escenario los oriundos de La Florida: Niños del cerro y, con ellos, el infaltable mosh de sus oyentes. En una suerte de síntesis de su discografía, pasaron por lo nuevo de Alma Tadema y hasta clásicos del Lance como “Flores, Labios, Dedos” y “Contigo”. Distintas etapas de la banda generando el mismo efecto: euforia y hasta el colapso de la reja delantera. Ante esto, seguridad debió improvisar y “parchar” la estructura, el público estaba simplemente imparable.

El festival se terminó de convertir en fiesta con La Facultad del Funk. La agrupación compuesta por 7 integrantes encendió la noche con mucho más que su música. Uniformados, bailando al ritmo de los bajos, fusionando la voz femenina y masculina; lograron hacer de Bellavista Oveja el lugar perfecto para sus pegadizas letras y la sensualidad del género que bien llevan en su nombre, haciendo saltar y bailar a todo aquel en el lugar.

Pero estaban a contratiempo. Debían dejar el escenario en breve, aunque no sin antes despedirse para dejar a los asistentes queriendo verlos una vez más. Terminaron la performance con una intervención: sacaron una bandera Palestina y la sostuvieron. 

Pese a que la tardanza inicial repercutió en todo el evento, con un retraso de aproximadamente una hora, esto no fue razón para que los ánimos decayeran, la pluralidad expectante se mantuvo para recibir a un ícono del pop nacional: Javiera Mena.

Electro pop y tecno “al unísono”

Tras varios minutos de espera, en los que cada uno pareció eterno, se asomó la intérprete de “Otra era”, abriendo con “El amanecer” para luego dar un paso más allá y consolidarse con un technomix destacable para la canción “flashback”.

El mood colectivo fue una mezcla entre el que hay en un recital y en una discoteque: existió en todo momento admiración directa a la artista, quien constantemente interactuó saludando y respondiendo gestos. Asimismo, cada quien se dio el espacio para bailar, cerrar los ojos y disfrutar del tecno.

Las sensaciones se agudizaron con los recursos visuales que usó Mena. Figuras psicodélicas en la pantalla, colores fluorescentes, la silueta de su chaqueta con una forma tan singular en contraste con fondos monocromáticos y su movimiento constante. Sin olvidar el juego con su cabello que le permitió el ventilador a sus pies.

La salida de Javiera Mena, no marcó el fin de la fiesta ni mucho menos del tecno, aunque es innegable que liberó bastante espacio en el lugar. Eran las once de la noche, la energía ya no podía ser la misma. Sin embargo, una parte del público, tal vez cansado y algo más disperso, se quedó para disfrutar del dj set de Andrea Paz.

Poco a poco, el lugar se fue vaciando, dando término a una jornada de prácticamente nueve horas de música frente a la Playa Bellavista.

Es aquí cuando se puede decir que el Plural, hizo honor a su nombre, pues logró convocar a la pluralidad y comunidad.

Llamando a curiosos de todos los rangos etarios, estilos y probablemente comunas de residencia, a responder ante un llamado universal: la música. Llamado que nació en Tomé y se sigue enriqueciendo junto a la gente, la autogestión y el arraigo en el arte local. Sin duda, la edición número diez fue un diez de diez.

También puede gustarte...