Escrito por Felipe León
Para el momento en que apareció el disco debut de Supermerk2, la cumbia villera gozaba de buena salud, al mismo tiempo que representaba toda una novedad en la música popular. La voz marginal en su relato más crudo y fiestero, materializada en un clásico del género como ‘La lata‘ (2003), de esos que ejemplifican a la perfección la gracia del proyecto y su estilo musical.
Cabe destacar que algunas canciones que trae el disco se convirtieron al instante en referentes claves de la movida villera en la cumbia argentina, reflejando las vivencias diarias de la vida en las villas. Barrios populares marginados que conviven con la presencia de copete, estupefacientes y fiestas, en medio de una realidad hostil carente de equidad en la que de igual forma yace la alegría, precisamente en este tipo de obras.
Por supuesto que el sesgo y la censura hicieron acto de presencia, más no pudieron derrumbar lo que bandas como ésta estaban creando. Es que temas tan buenos trae ‘La lata‘, de esos que motivan a pararse y bailar, a partir de una propuesta contagiosa que involucra mucho ritmo y líneas de teclado icónicas. Tal como sucede en «La resaka», «Levanten las manos», «Triste», «Tomando porquería», «Mulo raro» o el corte que da nombre al registro.
Lo curioso es que un tema en particular, «Que calor«, se hizo muy popular, a tal punto que Pibes Chorros lo grabó ese mismo año para otro gigante álbum: ‘Criando cuervos‘. Más allá de esta rivalidad no declarada, Supermerk2 trascendió como un acto que a estas alturas es sinónimo de cumbia villera, dejando el nombre de su creador, Óscar «Chanchín» Sotelo en la historia de la cumbia argentina.
