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‘Remain In Light’ de Talking Heads: Ritmo vertiginoso

Escrito por Felipe León

Desde el comienzo Talking Heads fue considerada una banda elevada, en medio de una época convulsa con mucha creatividad y conflicto. Su impacto en el new wave les hizo grandes en la escena de New York con posterior repercusión en el mundo, funcionando como un grupo mediador del ritmo, cada vez más experimentales y curiosamente irresistibles, plenamente concebido en ‘Remain in Light‘ (1980).

Su creciente innovación alcanzó un estado de gracia atribuible al desempeño de cada parte involucrada, dentro de una culminación de cortes construidos bajo lógicas de jam ritualistas de fuerte influencia africana. Ritmos vertiginosos, bailables y experimentales expuestos a los rasgos más ansiosos, abstractos e hipnóticos del proyecto, siendo de las más aplaudidas contribuciones de Brian Eno como productor, codo a codo de la propia banda.

La lógica sonora introducida en ‘Remain in Light‘ evidenció la conexión entre sus miembros, con David Byrne, Chris Frantz, Tina Weymouth y Jerry Harrison sumergidos en el fulgor de una movilidad teatral y ansiosa. Una suma de cualidades creativas cultivadas a partir del dadaísmo habitual de sus líricas, arraigadas a la complejidad enérgica de su tratamiento rítmico, que reivindicó el rol del baile en una música que no necesariamente fue creada con ese fin.

Esta dinámica se plasma sobre todo en la primera mitad del disco, desde cortes como «Crosseyed and Painless», «The Great Curve» o «Once In A Lifetime». Repaso de una vibra tribal propia del funk rock, que se contrapone al desenlace más experimental que profesa Talking Heads para la segunda cara del álbum, donde «Houses In Motion» o «Listening Wind» expanden el ideal de búsqueda logrando un cierre tan misterioso como fascinante. No por nada es uno de los registros clásicos de los 80’s.

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