Cine

Pavements:  Caos como forma de honestidad

Escrito por: Juan Manuel Hernández

Pavements es una película difícil de encasillar, y justamente en esa indefinición encuentra tanto su encanto como sus fricciones. Alex Ross Perry construye un artefacto narrativo que se alimenta de la naturaleza fragmentaria de Pavement, una banda que siempre funcionó mejor desde la intuición que desde el orden. El director entrelaza cuatro líneas que conviven sin jerarquías claras: la reunión de la banda en 2022, un museo de memorabilia en Nueva York, el musical Slanted! Enchanted! y una biopic absolutamente ficticia, concebida como chiste interno, sátira del star-system y comentario sobre cómo la industria capitaliza cualquier nostalgia. Todo esto se mezcla con material de archivo que intenta reconstruir, desde una distancia lúdica, los inicios de la banda californiana de indie rock.

 

Cuando Pavements se centra en su segmento documental, sigue la ruta más reconocible: los orígenes de Stephen Malkmus y Scott “Spiral Stairs” Kannberg, el espíritu lo-fi de Slay Tracks, y la autenticidad algo improvisada que caracterizó los primeros pasos de Pavement. Sin embargo, esa aparente linealidad dura poco. Perry parece interesado en mostrar que hablar de Pavement es hablar de desvíos, de digresiones, de constantes saltos temporales. Así, la cinta se desplaza entre entrevistas recientes, la elaboración del musical, los preparativos del museo “Pavement 33-22” y los ensayos actorales de Joe Keery para la biopic falsa Range Life, donde también figuran Jason Schwartzman, Nat Wolff, Logan Miller y Fred Hechinger interpretando versiones caricaturizadas de la historia de la banda.

 

Esa biopic inventada es más que un chiste: funciona como espejo sobre el tipo de relato que suele construirse alrededor de las bandas que alcanzan el estatus de culto. Perry parece preguntarse qué queda de verdad detrás de las biografías “oficiales” y si acaso existe una forma honesta de representar la historia de una banda sin que la industria la convierta en mercancía o en mito. Los guiños de “For Your Consideration” y las bromas sobre el hambre de premios son parte de esa crítica a la maquinaria hollywoodense.

 

 

Uno de los aspectos más interesantes de Pavements es que invita a pensar cómo una banda se narra a sí misma después de décadas, y qué partes de esa historia deja fuera. ¿Qué significa reconstruir un legado cuando la banda en cuestión siempre se movió entre la ironía, el desapego y una especie de genialidad accidental? El filme nunca responde del todo, pero su estructura caótica parece afirmar que cualquier intento por darle coherencia a Pavement es, en sí mismo, una contradicción.

 

Justamente por esa mezcla —comedia, mockumentary, biopic y documental— la película se vuelve irregular. Perry intenta sostener las cuatro narrativas simultáneas, pero ninguna termina de consolidarse completamente, lo que provoca que ciertos segmentos se sientan más largos o menos afinados de lo necesario. Esa dispersión puede frustrar a algunos espectadores, pero también hace que la cinta funcione como un reflejo honesto de lo que Pavement representa: un proyecto despreocupado que se resiste a encajar en moldes.

 

A pesar de su irregularidad, Pavements evita volverse tediosa. Su tono cómico y la constante autorreferencia construyen una experiencia que, si bien no redondea todas sus piezas, sí propone algo fresco: una especie de memoria deformada, autoconsciente y divertida, que se permite convivir con la ficción sin miedo a romper la ilusión documental. Más que una película sobre Pavement, es una película que piensa como Pavement, que se ríe de sí misma y deja espacio para que el espectador complete los huecos.

 

En ese sentido, lo que podría verse como un defecto —la falta de cohesión— también puede leerse como parte de su búsqueda: una invitación a no exigir claridad a una banda cuya historia siempre estuvo definida por lo contrario. Perry no intenta ordenar a Pavement; simplemente les da un espacio para jugar con su propio mito. El resultado es una experiencia extraña, honesta, caótica y coherente con quienes la protagonizan. Una película que como la banda, prefiere la intuición al manual y la libertad al relato perfecto.

Juan Manuel Hernández

Comunicador audiovisual e intento de cinéfilo

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