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Live Reviews

Napalm Death en Chile: The Silence Is Deafening

Escrito por Nicolás Merino
Fotos por Aarón Castro

Hubo

Hubo una época, cerca de cinco años después del disco debut de Napalm Death, en la que, al otro lado del Atlántico, los fanáticos del incipiente skate punk rechazaban abiertamente las presentaciones en vivo de la importantísima banda Propagandhi por hablar demasiado de política entre canciones, en ese mismo tiempo de show en el que podrían estar tocando lo que eventualmente se transformaría en el How To Clean Everything (1993). La respuesta de los californianos fue ponerle a su segundo disco Less Talk, More Rock (1996), burlándose abiertamente de este sector del público. Incluso incluyeron una canción del que luego terminaría en el proyecto de indie rock paralelo del bajista para molestar a la audiencia sedienta por más punk que poner de fondo en los skateparks de EE.UU. Ahora, el problema o la tensión del pie forzado de esta reseña no radica ni en Propagandhi ni en su público, más bien en la disposición de los fanáticos de la música “frenética” a desplazar todo salvo la música. O incluso siendo más odioso, desplazar todo salvo el carácter frenético de la música. Indiferente de cuál fuese esta.

Hubo un tiempo en el que eso se hubiese discutido más.

Hubo un tiempo en el que había espacios para discutir más.

Hubo diez años de plazo para acumular cinco visitas. Cinco veces en diez años. Ese es el ritmo del rotativo entre la banda de metal extremo inglesa Napalm Death y Chile. Se tendería a pensar que han venido una vez cada dos años. Bueno, no exactamente, pero cerca. Digamos que quedó truncado por la pandemia y luego se retomó al ritmo anual desde el 2023. Sí, ese año vinieron en el contexto de un multitudinario festival de metal extinto -por segunda vez-, pero vinieron de todas formas. Y de hecho, quizá fue su visita más determinante en cuanto a patrones que seguirían adelante. ¿Pruebas? El concierto de ayer.

Hubo un tiempo de antaño en que las bandas de metal representaban algo. Creo que lo siguen haciendo, aunque su público se esfuerce activamente por demostrar lo contrario. Cuando Napalm Death tocó en Chile el 2018, fue acompañado de los estadounidenses Cannibal Corpse y los alemanes Destruction, dos bandas no exactamente reconocidas por la profundidad de sus letras. Napalm Death, por el contrario, es responsable de toda una tradición que ha sacado la cara por el metal extremo. De cierta esfera de público ciertamente punketa e históricamente faltos de comprensión por transitar en idas y venidas entre géneros propios del paradigma del punk, como el crust, y otros del metal, como el grindcore o el brutal death metal. Luego volvieron a un Metal Fest donde también tocaron los alemanes Kreator, una banda que aparte de ser radicalmente explícita en sus letras, tienen ciertos apoyos visuales para que nadie se pierda, como sacar una bandera negra en una de sus canciones más emblemáticas. En esa oportunidad, más de un metalero quedó con las cejas al borde de un ataque de nervios luego de que Mark Greenway, apodado Barney, dedicara canciones, por ejemplo, a Víctor Jara. Había cierta tensión en el aire que parece que estas personas no previeron cuando compraron esa entrada que decía explícitamente que en el festival tocaría una de las bandas de metal más políticas de la historia de la cáscara del paradigma.

Hubo un atisbo de cordura cuando se empezó a anunciar que los músicos de Napalm Death volverían para tocar solos en Chile. Bueno, el año pasado no vinieron exactamente solos, pero cerraban la jornada. Se tendería a decir que, con todos los elementos sobre la mesa, un espacio como un concierto de Napalm Death es un espacio de discusión. Banda abiertamente vegana, antifacista y contraria a la metodología industrial del metal “desde el metal” (ellos mismos titularon un disco Enemy Of Music Business el 2000, hablando de nadie más que de ellos mismos, probablemente). Los dados estaban lanzados, o quizá no. Quién habría pensado que en un par de años cambiaría tanto la disposición de los públicos de metal como para convertir un concierto de Napalm Death en un rotativo de moshs no demasiado pensados, entusiasmado cargado exclusivamente hacia las canciones del Harmony Corruption (1990), el Scum (1987) y el cover de Dead Kennedys y, cómo ignorarlo, una absoluta desesperación por hacerle saber al de al lado que querían escuchar ‘You Suffer’. Ya, sí, está chistosa la canción. La van a tocar igual. No es para que sea el único tema de conversación en todo el concierto (igual aquí hay una nota sobre eso).

Hubo un tiempo en que esto no era así. Y no lo dice un boomer, ojo.

Defragment: Muy por sobre la vara

Dejando de lado todos los comentarios sobre el ambiente que “calcinaba” el Teatro Cariola (que en verdad no era tan así) y ateniéndose exclusivamente a la música, una banda como Defragment solo se puede llevar celebraciones. Hacen una especie de brutal death metal cruzado por atisbos de deathcore, sobre todo para la ejecución de los breakdowns, que no eran menores ni en cantidad ni en su ejecución. Si bien la banda se demoró en conquistar al público, no tiene que ver necesariamente con el sonido o la puesta en escena, que estaban impecables. Sino más bien con el simple hecho de que no había tanta gente y muchos se guardaron para Napalm Death, que empezaría menos de sesenta minutos después.

Otros aspectos del show de Defragment también estaban igualmente bien cuidados. Desde el movimiento en escena hasta, lo más obvio, las visuales, que nunca se repitieron y evocaban un Chile de archivo que recuerda a la tradición literaria de personajes como Alfredo Gómez Morel o la mismísima Gabriela Mistral. Y lo más interesante, ningún “mono” -como le dicen los audiovisuales- se repitió en un show sorpresivamente largo: cuarenta minutos.

Punto aparte para el baterista igual. Defragment tiene un disco y múltiples epés a su haber a la fecha de este artículo. Es una banda para seguirle la pista.

Napalm Death: The Times Are A-changin’

Ya hubo cierto adelanto de cómo fue el concierto de Napalm Death, al menos en términos que podríamos denominar como filosóficos o retóricos para el comportamiento del público. Eso no anula en absoluto lo que pasaba arriba del escenario. Por ejemplo, no anula el comienzo magistral con el pulso machacante de ‘Multinational Corporations Part 2’ que explotó con ‘The Silence Is Deafening’, quizá -e irónicamente- la canción más “meta” del concierto.

Si hay que decir que, aunque pasaron y pasaron canciones que revisaban el catálogo de Napalm Death de manera casi íntegra, esto mantenía al público más o menos imperturbable. Uno no es quien para pensar que les motivaba el solo hecho de tener a cuatro primermundistas metiendo ruidos y excusas para moshear un día de semana, pero algo no menor daba a pensar que era así. No digamos que el público era especialmente atento con celebrar las canciones y menos cantarlas. Tampoco digamos que en las pausas musicales se tomaban las molestias mínimas de escuchar lo que Barney decía, ellos aparentemente encontraban más interesante volver a pedir que tocaran ‘You Suffer’.

Si habían algunos subidones de energía muy propios de una actitud decididamente “metalera”, como armar encenderse con particular energía en canciones decididamente death metal como ‘Vision Conquest’. Sobre el resto, aunque Napalm Death estuviese haciendo un esfuerzo activo por entregar un setlist variado, no necesariamente se veía reflejado en la atención del público. Y de nuevo, hubo algo de plática de lo más interesante antes de, por ejemplo, ‘Amoral’, uno de los temas más directos del último disco, pero eso no implicó que alguien pusiera más atención de la que estaba poniendo antes. De hecho, para ese entonces ya habían varios más pendientes de la correa que colgaba desde la platea por la que la gente bajaba.

Por cierto, ‘Amoral’ fue una suerte de puntapié inicial a una serie de medley de cortes breves que cerró con ‘Dead’. Un real lujo y de lo mejor del concierto. De hecho ‘Dead’ casi quedó como el coda de ‘Social Sterility’.

Punto aparte en términos de agitación para, aunque de nuevo en la línea del death metal, ‘Suffer The Children’, que sacó la primera y única bengala de la jornada y un entusiasmo que incluso se podría decir que se traspasó a los músicos. Con menos atención se podría hacer el alcance de que tocaron “mejor”, pero en realidad ya habían pasado por cortes exigentes como ‘Retreat To Nowhere’, así que eso sería una falacia.

El final si se vino algo rápido, luego de lo último del no tan creativo como necesario Throes of Joy in The Jaws Of Defeatism (2020), que fueron ‘Backlash Just Because’ y ‘Fuck The Factoid’, canciones más bien largas para el estándar de la banda, llegó la hora de clásicos como ‘Scum’ y ‘Prison Without Walls’.

Ya, después tocaron ‘You Suffer’.

Luego de que todos celebraran lo chistosa que es ‘You Suffer’, vino el turno de ponerse mínimamente serios para la introducción del, hoy más necesario que nunca, cover de los Dead Kennedys, ‘Nazi Punks Fuck Off’. Barney, que se había tomado -siempre pidiendo disculpas- la libertad de hablar en inglés, en este momento fue particularmente empeñoso con su español para hacer hincapié en que esta es una canción “antifascista siempre” y la dedicó a las víctimas Detenidas Desaparecidas de la dictadura de Pinochet. No digamos que el 100% de la audiencia arengó exactamente, pero si una porción más que considerable. Luego de este cuasi cierre magistral, ‘Unchallanged Hate’, de la obra maestra From Enslavement to Obliteration (1988).

Sí, se puede reconocer abiertamente que este artículo está cargado de un pesimismo algo injusto. Pero también es verdad que el concierto estuvo más cargado de una disposición a bandas tipo Gutalax que bandas tipo Marcel Duchamp, cuando la música de Napalm Death está mucho más cerca filosófica y espiritualmente a los segundos. ¿Es para tanto? Quizá no. Esto es sobre Napalm Death en Chile el 2025 y hay que atenderse a las condiciones de la música en vivo el 2025. Lo dice el eje de la pauta. Como sea, al menos que sirva para reflexionar.

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