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‘Strawberry Switchblade’ de Strawberry Switchblade: Estrafalario brillo sintético

Escrito por Felipe León

Existen nombres a los que solo un disco les bastó para hacerse un lugar en el panorama musical, algo que se refleja en la existencia de Strawberry Switchblade. La temprana separación del dúo terminó por enterrar cualquier esperanza de nuevas creaciones, algo lamentable considerando lo mostrado en su auspicioso álbum homónimo de 1985, el cual definió su propuesta musical como visual.

Ambos aspectos fueron claves en la conformación del proyecto escocés, y ayudaron a determinar su importancia de culto. Como puertas de entrada a su estrafalaria esencia de posicionan los atuendos utilizados, siendo habitual los lunares en la ropa, lazos y cierta alusión a lo gótico. Una imágen que las hace lucir como muñecas, en pos de construir una identidad peculiar y vistosa, muy a tono con lo más colorido de la época, y que dicho sea de paso sirve como gancho para apreciar lo más relevante: la música.

La mezcla luminosa y melancólica de su synthpop añade referencias al new wave como al new romantic, tomando la extravagancia como base de un tratado ambicioso. Entre armonías vocales que claman sobre amor y tristeza, se alza un atractivo diseño de producción que amplía el registro hasta terrenos orquestales, rítmicos y saltarines, desarrollado bajo sensaciones que fusionan desde una encantadora interpretación lo lustroso con lo sombrío.

Debut y cierre para Strawberry Switchblade, que hace no solo reflexionar sino que cuestionar el rol de la industria tras el manejo de artistas y bandas. La separación entre Rose McDowall y Jill Bryson se debió en gran medida a las presiones discográficas, las que arruinaron la posibilidad de tener un sucesor a la altura de canciones como «Let Her Go», «Go Away», «Deep Water», «Who Knows What Love Is?«, «Being Cold» o el éxito mayor, «Since Yesterday».

 

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