Escrito por Nicolás Merino
Fotos por Aarón Castro
Ya es recurrente que El Último Ke Zierre, la emblemática banda de punk rock española, haga sus visitas a la región, como también es recurrente que Latinoamérica -o al menos Chile- reciba con una calidez particular. Dígase festiva, enérgica o caótica, que si bien son calificativos que aplican para los conciertos de la banda en Chile, también es verdad que las condiciones no son exactamente las mismas que las vistas en otros eventos de punk rock iberoamericano clásico durante este mismo año, como Evaristo Páramos o los también recurrentes 2 Minutos. El caso con El Último Ke Zierre es quizá un poco más… ¿pasivo?
Algo que quedó no necesariamente demostrado como si absolutamente puesto en evidencia es la naturaleza más pausada de la música de El Último Ke Zierre. No porque fuese información que la gente no manejara por el simple hecho de conocer de anticipo la música de la banda, pero en vivo, a la luz de la energía, es distinto. Y eso desde los primeros cortes como ‘Amor Obrero’ o ‘Altero Mi Cuerpo’, que lejos de machacar rítmicamente el Teatro Caupolicán, más bien servían de alfombra para evocar épicos coros.

La gente intentaba abrir los dichosos moshs, pero entre el alcohol y canciones que no necesariamente se disponían en su pulso para eso, quedaba un poco en nada. Lo que sí había era un montón de baile muy en la línea del punk rock más clásico y desde la visión nihilista y en una filosofía en clave de retromanía del mundo. No faltaba más para que un par se sacara a bailar entre ellos en un ambiente seguro y festivo al son de temas como ‘Hasta Que Pierda La Voz’, que en su carácter coral incluso puede recordar a la tradición del Oi! o similares, pero aparentemente no fue lo que le interesaba performar al Caupolicán ayer.
Esa tensión entre el Caupolicán y el cielo crecía con canciones que efectivamente disponen una distinción de secciones particulares como ‘Veneno’ o la romántica ‘Mi Revolución’, coreada hasta el techo por el público. Esa era un poco la dinámica que se repetía una y otra vez. Algunos hits como la famosa ‘Escupirè Jodidos’ podrían haber adelantado algún matiz en el comportamiento de la audiencia, pero salvo una bengala -que no necesariamente implicó mosh- no pasó nada de eso. Ni siquiera se podría decir que la gente cantó particularmente más fuerte o que salieron más celulares al aire.

Después de todo, sigue siendo punk
Hay un tema con el punk rock iberoamericano que admite estas salidas de libreto culturales en la que los conciertos no funcionan igual que los de las bandas anglosajonas. Debe tener que ver con la familiaridad impresa en las letras y el sentido callejero con el que los fanáticos se relacionan con la música. Es lo que explica que se llenen lugares tan grandes como el Caupolicán y no se relegue a una banda de las características de El Último Ke Zierre a un espacio más pequeño, como le pasa a tantas bandas “de culto” que aparentan ser más famosas.
Comentar esto último no es gratis. Para una banda que viene prácticamente todos los años, es un tema. Habla de los recursos que tiene para renovarse culturalmente frente a un público que se separa a un océano de ellos.

Grandes momentos al margen de un concierto que siempre estuvo en alturo pueden haber sido el irreverente combo de ‘Tus Bragas’ y ‘Mis Calzones’ o la muy coreada ‘Soldadito Español’. El bis finalmente llegó con una buena batería de canciones, de las cuales por supuesto que destacan clásicos como ‘Vis a Vis’ o la marcha ‘Camino De Flores’, que ciertamente convirtió a San Diego -una vez más- en un camino de coros. El final, como no, llegó con el balazo ‘Yo También Puedo Ser Malo’.
Quizás es algo injusto hablar de que estos conciertos “demuestran” algo, porque en realidad no demuestran nada que no esté puesto en evidencia ya. El hecho de que El último Ke Zierre pueda hacer este tipo de conciertos es un mérito ganado a punta de mucho esfuerzo y visitas, pero sobre todo de una penetración cultural sin iguales e incluso algo invisible y bajo el radar de la cultura popular. Por punks, para punks. Será hasta la próxima.
