Escrito por Felipe León
Es innegable la importancia de Beach House en el panorama del pop de los últimos 15 años, en parte por la solidez obrada en cada uno de sus discos. Una trayectoria que tuvo su peak creativo a comienzos de la década pasada, ejemplificada en su cuarto larga duración, ‘Bloom‘ (2012), el punto exacto en que su propuesta musical alcanzó su máximo esplendor.
Si bien ‘Teen Dream‘ (2010) posee méritos similares, su sucesor ambicionó aún más con lo aprendido. Su identidad yace esculpida con una materia prima reluciente, abierta al uso de repeticiones, voces de ensueño, atmósferas nocturnas y una sensibilidad a flor de piel. Características arraigadas a un dream pop con herencia del indie pop, de reflejos psicodélicos, ánimos melancólicos y sentires pasionales.
Tanto Victoria Legrand como Alex Scally agudizan los sentidos, a través de un enfoque etéreo y grandilocuente, que a su vez conecta con lo más expresivo y humano. Bajo una ventisca onírica se generan variados testimonios de su genio conjunto, entre los que se encuentra la gran apertura con «Myth«, de sus canciones más queridas junto a otras grandes muestras como «Lazuli», «Wishes» u «On The Sea».
La presencia de canciones como «Irene», «Other People» o «Wild» brindan mayor cobertura de ideas, funcionando como matices en un disco como ‘Bloom‘, que no deja de sentirse enorme. Pasaron los años y Beach House continúo a la altura del legado que ofrecen estos álbumes, siendo su sonido una especie de molde de cómo hacer dream pop en los tiempos presentes.
