Escrito por Felipe León
En su época mucha gente conoció a Aphex Twin con el video de «Come to Daddy», llamando la atención por el aspecto gráfico y horripilante de su videoclip dirigido por Chris Cunningham. Del mismo modo, su música agresiva y exagerada llevó al extremo los límites del drill ‘n’ bass, sin dejar de lado los tintes atmosféricos que nutren su propuesta, lo que se evidencia en su EP más famoso e importante a la fecha: ‘Come to Daddy‘ (1997).
Compuesto por 7 canciones, este corta duración expande de algún modo lo mostrado un año atrás en ‘Richard D. James Album‘ (1996), sacudiendo la escucha desde una visión juguetona y mecánica, ya sea en sus momentos enérgicos como en los ambientales. Equilibrio entre lo maníaco y cálido, tal como lo demuestran los dos cortes de apertura, «Come to Daddy, Pappy Mix» y «Flim«, piezas fundamentales no solo en el disco, sino que en la discografía del productor irlandés.
Como buen registro de Aphex Twin, los caminos a tomar son distintos entre sí, demostrando un eclecticismo que comulga con las exploraciones radicales del ritmo. La hipervelocidad al servicio de lo pesadillesco, voces despojadas de toda humanidad, y manipulaciones digitales que le sacan el jugo a lo experimental, ayudan a generar una sensación de incomodidad apacible, tan contradictoria como funcional. Ácida reformulación del potencial que entregan los breaks.
El propio artista comentó que la canción principal nació como una suerte de guiño al death metal, en medio de una borrachera creativa. Una broma que afortunadamente llegó lejos, y que además de los cortes mencionados también dejó otros como «IZ-US», «Bucephalus Bouncing Ball» o «Funny Little Man». ‘Come to Daddy’ fue todo un suceso que vale la pena ser escuchado.
