boris pink
Discos

Dos décadas de ‘Pink’ de Boris: Una paleta de sonidos bajo la misma sintonía

Escrito por Consuelo Cruzat

¿Qué tienen en común ‘Pink’ (2005) de Boris, ‘Loveless’ (1991) de My Bloody Valentine y ‘Sunbather’ (2013) de Deafheaven? A simple vista, el color de su portada rosada. Con mayor detención, podemos encontrar algunos patrones similares en las distorsiones pedaleras tipo shoegaze y el ánimo general de las líricas, llenas de una desolación desesperanzadora. Pero tal como dice el dicho: no hay que juzgar un libro –o un disco– por su portada.

Artwork de ‘Pink’ de Boris. 2005.

En el año 2005, Boris ya había establecido los lineamientos respecto a su sonido como banda. En sus discos predominaban el drone metal y el noise rock, pero en un punto comenzaron a variar con ‘Heavy Rocks’ (2002) donde metieron un sonido stoner estricto y en ‘Akuma No Uta’ (2003) donde mezclaron este stoner con toques de rock psicodélico.

Era un vaivén de experimentaciones sonoras que rodeaban al trío, pero siempre manteniendo el ruido como denominador común. Este sonido noise es parte del ADN de Boris, tal como ellos dijeron en The Quietus: “el ruido es una parte vital de la mentalidad japonesa, particularmente al hacer música”. A pesar de que su público esperara algo ruidoso, ya no era predecible su próximo movimiento y, en ese momento, llegó ‘Pink’ a cambiar el destino del grupo.

Pink’ es el álbum con más variedad de sonidos de la banda, donde surge un amalgama de estilos musicales. Aquí es donde se aburrieron de continuar solo una línea y comenzaron a reflejar su versatilidad a través de la creación de una obra que une todo los sonidos que ya habían explorado.

La apertura con la canción más sentimental del disco, “Farewell”, da la impresión de que será un disco melancólico, pero luego le sigue “Pink” que abre todo el espectro energético de la banda, donde hay pausas más drone como en “Blackout” y momentos pegadizos como “Afterburner” con su repetitivo estribillo. El cierre con “My Machine” y “Just Abandoned Myself” retoma el estado de ánimo del comienzo y así se transforma en un loop de emociones.

Para los más fanáticos, existe la versión extendida del álbum llamada ‘Forbidden Songs’ (2016) donde sacan todo su lado más experimental e improvisatorio, dando la cuota de la explosión de ruido que no quisieron agregar en la versión clásica del disco.

Así que ‘Pink‘ es una buena manera de adentrarse a Boris, ya que no se cierra a nada y puede disfrutarlo quién ama el rock psicodélico, el shoegaze, el drone, hasta el ambient. Pasando por distintos colores de ruidos que vibran en conjunto dentro del caos y la tranquilidad.

Y ojo, que los japoneses debutarán en Chile el próximo 27 de noviembre en Club Chocolate de la mejor de las formas, celebrando los 20 años de ‘Pink’, un disco que, como vimos, es uno de los más relevantes de su carrera. Entradas por Ticketmaster.

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