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Live Reviews

Cap’n Jazz en Chile: Ooh Do I Love You? Ooh I Do Love You.

Escrito por Nicolás Merino
Fotos por María José Muñoz

Habladurías. Eso era lo que giraba en torno al debut de Cap’n Jazz en Chile, habladurías. Que si la productora, que si la venta de entradas, que si el lugar, que si el telonero, que si el DJ. Poco de lo que realmente tiene que ver con el concierto y mucho menos la música en sí. No vienen tantas bandas de midwest emo a Chile, menos de esta liga. A veces es mejor tomar distancia y adoptar una actitud algo más cauta y agradecida. Al final lo que realmente quedó es un gran concierto compuesto por grandes canciones. Si se pudiese resumir en una palabra… ¿Perfecto? En realidad hay poco espacio para críticas. Al menos de las que no son forzadas.

Es curioso hablar en términos de setlist de un concierto de Cap’n Jazz. O no, me retracto. Es curioso hablar en términos de estadísticas de setlist de un concierto de Cap’n Jazz. Como buena banda de midwest emo de entre finales de los noventa y comienzos de siglo que se respeta, solo sacaron un disco (aunque la gente cuente la antología Analphabetapolothology de como un disco aparte, que en realidad no lo es). En rigor, el único disco de Cap’n Jazz es Burritos, Inspiration Point, Fork Balloon Sports, Cards in the Spokes, Automatic Biographies, Kites, Kung Fu, Trophies, Banana Peels We’ve Slipped On and Egg Shells We’ve Tippy Toed Over (1995); y esa va a ser la única vez que voy a escribir eso completo.

Ese párrafo anterior no es una excusa para no ir especificando las canciones. Eso en efecto se hará. Pero haciéndola corta, tocaron el famoso Burritos completo. No en orden ni nada. No era un concierto temático sobre eso tampoco, pero es el material que tienen. E hilando más fino, esas doce canciones igual están incluidas en el Analphabetapolothology, entonces yo recomendaría ahorrarse esas reseñas que se den demasiadas vueltas en si esta canción es de tal o cual lanzamiento. El Analphabetapolothology considera el primer disco, el cover de A-Ha, el material de los epés y algunas canciones adicionales. Eso. No es más complejo que eso.

Ahora: El concierto.

El concierto arrancó con la pausada ‘Basil’s Kite’. Pausada en la música, no así tanto en la disposición del público, que saltó y se empujó desde un principio. Harta juventud que se comportaba como en tocata, pero como en una tocata de escena indie dura. Algo así como Estoy Bien con Mano De Obra. No se si eso ha pasado, pero seguramente el público se comportaría así. Tampoco vienen a Chile tantas bandas ni de midwest emo ni de emo pop. Es un público cautivo, literalmente. Está creciendo y se está probando el terreno. En ese sentido, lo de ayer no solo fue un éxito económico, sino también uno cultural. Se demostró que existen formas aptas de comportarse en momentos así, ya sea por cómo se da en el mosh, o en el crowdsurfing, o en el stagediving o lo que sea.

El segundo tema fue ‘In The Clear’. Un karaoke total. Y de hecho ahí se abrió el primer mosh hecho y derecho. Tampoco digamos que en el Club Chocolate hay demasiado espacio, pero algo se hizo. Fue en el momento en el que la canción se pausa para que Tim Kinsella grite el abecedario incompleto desde la A hasta la K.

Algo que marcó a algunos de los primeros temas, como los ya mencionados u otros como ‘Yes, I Am Talking To You’ o ‘The Sands Have Turned Purple’ (saludos a los que están viendo Pluribus) es que la banda se demoraba algo en agarrar los primeros acordes y empezar bien. Hubo algunas confusiones entre los músicos y generaba cierto carácter anticlimático, aunque hacía buen juego con esa imagen de la playa que se mantuvo permanentemente durante el concierto. Una pluma bruta quizá diría que contrastaba con la mezcla de post-hardcore y midwest emo de la banda, pero en realidad hacía juego perfecto con la sensibilidad etérea intrínseca de Cap’n Jazz. Si hay que reconocer que se arregló con ‘Tokyo’, que además fue la única canción donde se extendieron un poco a punta de improvisaciones.

De a poco lo que no hubo de mosh sí mutó a una cantidad inédita de stagedivers de todas las edades. Llegaban al escenario y se volvían a tirar sin pudor. Lo mismo Tim Kinsella, que lo hizo más de una vez. Cuando realmente reventó todo fue con ‘Little League’, la canción que abre el Burritos, donde ya se subió una cantidad absurda de gente al escenario, que evocó a conciertos donde ha quedado la santa escoba como La Polla Records el 2020 en el Bicentenario de La Florida o Los Crudos el 2013 en ese mismo lugar. Pero esta vez la gente se comportó y se bajó cuando se le indicó y ningún concierto se terminó cancelando. Igual la imagen era divertida, como de ese filme de Chelsik, Hundreds of Beavers (2022). Como si todos estos cabros fueran castores subiendo y bajando al son de Kitty kitty cat.

Digámoslo. No fue oficialmente una pausa para un bis, pero ese quiebre para hacer pasar la seguridad y advertir que pararan de subirse (en masa) al escenario contó como una pausa de bis a medias. Podíamos decir que hubo 1,5 bises.

«We are gonna play a cover song… No, no that one«, dijo Tim Kinsella antes de introducir su cover a Owls, la banda paralela de los hermanos Kinsella que pasó un poco sin pena ni gloria a comienzos del siglo con un disco homónimo y que luego volvió con un disco aún menos memorable en 2014. En cualquier caso, radicalmente menos popular e importante que a-Ha, la banda de la que Cap’n Jazz hizo ese espectacular y emblemático cover en clave power pop pasado por el filtro emo pop de ‘Take On Me’. Pero aún quedaba para eso.

Flashpoint Caterer’ entró lenta y etéreamente. Luego salió explosiva y encadenada con la intro de batería de uno de los momentos álgidos de la noche. Medio en broma, medio en serio, uno de los caballitos de batalla de Cap’n Jazz es un cover de una de las canciones de pop más conocidas de la historia del pop, ‘Take On Me’, de A-Ha.

Pasó la enérgica ‘Puddle Splashers’ y luego el cierre, con la brutal ‘¡Qué Suerté!’, que va y viene entre las cargas pesadas y los arpegios limpios (Sugar, even odd smile!). No solo es una canción perfecta para cerrar un concierto, sino que además le daba cierta narrativa interna a la estructura en torno a la que dialoga la discografía de la banda con sus setlist, pues ‘¡Qué Suerté!’ es la última canción de Burritos.

Bueno, como nos enseñó la ciencia ficción, las historias humanas son circulares. Y este texto es una historia humana, así que reiteremos: fue un concierto perfecto, hecho y derecho. Sí, es verdad que yo mismo señalé problemas, pero en realidad en el marco de las grandes cosas, dan un poco lo mismo. E incluso suman la cuota humana tan propia del género. Ellos elevan la pregunta ‘Ooh Do I Love You‘, nosotros decimos Ooh I Do Love You.

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