Entrevistas

Chini.png: «Creo que las niñas hemos sido históricamente muy silenciadas»

En el universo de María José Ayarza, más conocida como chini.png, lo íntimo siempre ha tenido ecos cósmicos: en El Día Libre de Polux (2023) la artista se movió entre fábulas y fantasía, dibujando mundos de imaginación expansivos. A dos años de este lanzamiento que estuvo acompañado del galardón de Mejor Artista Rock en los Premios Pulsar para la cantante, esta búsqueda se vuelve hacia adentro por medio de un viaje de retorno a la tierra, a la memoria y a la niñez, atravesando el paisaje físico y emocional que une la carretera con el recuerdo.

El nuevo álbum se asienta en la idea de trayecto —desde su nombre, tomado de un camino entre Valparaíso y Quilpué—, pero más allá de fijar un destino, propone un transito entre la infancia y la adultez, comulgando los sueños infantiles con la realidad de la madurez. Con grabaciones antiguas, voces de niños y sonoridades propias de la nostalgia, chini.png ofrece un álbum con una producción menos ecléctica, pero con el sonido clave y la visualidad que caracterizan a la artista.

Conversamos con Chini Ayarza sobre este segundo álbum, sobre mirar hacia atrás, rescatar, sanar y sobre poder utilizar esta misma memoria para mirar al futuro y a lo que inevitablemente se avecina.


Primero que todo, ¿cómo estás?

Bien, muy emocionada, contenta por ya estar llegando a mostrar este disco en el que vengo trabajando ya dos años.

Partiendo por el nombre del álbum: Vía Lo Orozco. Es un título que desde un comienzo evoca un lugar específico y un viaje, ¿en dónde empieza para ti este camino?

Me inspiré mucho en estar viajando estos últimos dos años, han sido los años en que más he viajado en bus en mi vida… También en que mis papás siempre quisieron que conociéramos todo Chile. Viajábamos mucho en las vacaciones en auto, largos viajes escuchando música, decidiendo quién de todos nosotros elegía el disco que íbamos a poner.

Y bueno, viajando me acordé de este recorrido, porque yo viví los momentos más lindos de mi infancia y quizás de mi vida, pero en ese momento quizás no lo sabía, en Lo Orozco que es una localidad que queda camino a Quilpué. Entonces es como esa reminiscencia a un lugar que ya no existe, y que si bien Lo Orozco todavía existe, se han secado los tranques, ha habido una gran sequía, ha cambiado mucho como de ese lugar idílico y quizás por lo mismo no he querido volver.

Mencionaste que este álbum, a diferencia de lo que fue el Día Libre de Polux, se distancia de la fábula y de la fantasía, para acercarse más a la realidad. ¿Cómo ves esta transición?

Creo que para mí era necesario, como parte de la adultez, poder tomar un poco de distancia y observar la infancia. Me he relacionado más con la infancia en general y poder mirar un poco hacia atrás a aquellas cosas que quizás me dolían un poco más… ha sido muy lindo reencontrarme un poco con mi niña interna, que en realidad siempre está ahí,

También aludir a todos los niños y ningún niño en particular. El hecho de ser niña y tener esa libertad de poder crear, y que de a poco la sociedad te vaya poniendo trabas o diciendo qué cosas están bien y qué cosas no. Después en la adolescencia uno comienza más a copiar o ya nacen los referentes… pero en la infancia no hay tantos referentes y creo que uno se siente capaz de inventarlo todo, porque uno no conoce nada.

En el disco hay una tensión entre niñez y adultez, de poder mirar las cosas desde una perspectiva distinta, más madura. ¿Qué te parece ese contraste?

Creo que es algo en lo que no había reparado antes, siempre había seguido hacia adelante. Recuerdo cuando niña prometerme de alguna manera, como que hubo un momento en mi infancia que yo no lo estaba pasando bien, cuando venía a la capital y en el colegio no me sentía muy aceptada, vivía harto bullying. En cambio en Lo Orozco era muy libre, con mis hermanos, con mis amigos, inventábamos muchas cosas.

En algún punto me prometí a mí misma que la vida en el futuro quizás iba a tener algo más que ofrecerme.

No podía hacer que eso fuera todo lo que la vida tenía para ofrecerme, recibir constantemente burlas o constantemente sentirse separada de los demás. Entonces me hice una promesa de continuar viviendo, y ahora hace poco recordé esa promesa, y ha sido muy lindo poder observar el recorrido con esa distancia.

A través de todo el disco hay varias grabaciones, antiguas y actuales, que evocan aquella sonoridad de la nostalgia, del VHS, del cassette. ¿Cómo fue para ti hacer esa revisión de archivo y de memoria dentro del proceso creativo?

Es emocionante. Igual hay mucho archivo que se perdió para siempre, muchas fotos, muchas cosas que quedan solamente en la memoria. Pero sí creo que justamente eso es lo especial. Ahora hay registro de todo lo que hacemos todo el tiempo, hay una hiper conectividad constante. Las nuevas generaciones ya no saben lo que es no tener una pantalla enfrente, creo que para nosotros todavía eran como conceptos foráneos y extraños, como medio alienígenas.

Entonces, fue el mismo hecho de hacer nuestra radio, de grabar nuestros cassettes. Teníamos una radio que se llamaba Radio Chanchulí, donde decíamos garabatos, escondida de mi mamá. Había otra radio que era como la radio normal, entonces creo que creamos nuestros propios canales de expresión. Hicimos un diario también en Lo Orozco, yo iba reportando y hacíamos unos dibujos en vez de las fotos, entonces todo eso se preserva en algún lado, creo, de la memoria.

Mi abuela era en gran porcentaje ciega, ella escuchaba audiolibros que los daban en el Instituto de la Ceguera que hay aquí en Santiago. Y mi hermano mayor grabó varios libros cuando era niño, entonces se escucha su voz, él leía página por página para que mi abuela escuchara estos libros.

Tanto como está esta parte sonora, hay un enfoque importante en lo visual, vinculado a la memoria también. Quería preguntarte si nos podrías contar un poco más sobre la portada de Vía Lo Orozco. 

La portada es una foto que me tomó mi papá de una máquina del tiempo que hicimos juntos, que él me ayudó con tapitas de remedio y tapitas como de crema, y con esta caja de zapatos armamos como una suerte de máquina del tiempo.

Yo le pedí que me tomara una foto. Después de esa foto yo quería que evocara más cosas, y le pedí al artista Marco Sánchez que pintara en su estilo con una serie de referencias. Hablamos mucho de los textiles de los buses propios de los 90, que usaban mucho esta paleta como de colores primarios, más el verde. Toda esta época de Windows 98, algo entre Windows 98 y Joan Miró, que también usaba como esta paleta muy predominante.

Es bacán como también esta repetición de los asientos y esta repetición de ciertos botones me habla mucho de la reverberación o de la cantidad de efectos que hay en la producción musical. Trabajamos con Arturo Segers este disco, y yo quería que de alguna manera representara estas cosas medias efectistas y medias kitsch que ya habían en el disco anterior, y seguir profundizando en una producción sensible.

Portada de Vía Lo Orozco

A mí me pareció que la idea del juego está muy presente. En el vídeo de Tímida, por ejemplo, o el uso de sonidos de videojuego, la máquina del tiempo que también es un juguete de la niñez. ¿Cómo percibes eso?

Sí, totalmente.Estoy tratando de hilar algo entre mi niñez y también los niños que me acompañan, que están cerca en mi vida. Está, por ejemplo, el hijo de mi productor y está la hija de mi pareja. Ambos dicen cosas muy… con un humor muy particular de los niños, cuando uno está descubriendo su propio humor, y que para los adultos tiende a ser chistoso no por lo que se pretendía, sino por lo irreverente que puede ser, como que el remate es otro.

También entra lo que ellos piensan que estoy haciendo en mi trabajo. Le dijimos a hijo de Arturo: habla o canta lo que tú crees de que va este disco, y sin saber nada él empezó a decir “este mensaje es para mi papá” o “esta canción es sobre la muerte”, medio que jugando también. Creo que hay una noción artística más allá de lo que reciben de fuentes como la televisión, creo que todavía eso no se ha perdido.

Chini.png siempre ha sido un proyecto tanto visual como sonoro, hay una estética muy marcada. En cuanto al proceso creativo, ¿cómo compatibilizas ambas cosas? ¿las desarrollas en conjunto, por separado?

Siento que depende un poco de la canción. A veces al final hay muchos pensamientos dando vuelta, muchas ideas, y de a poco las cosas empiezan a decantar en algo. Pero hay años de una sensación que de a poco viene, después cada canción cierra en una suerte de videoclip, y después el disco como su total tiene una suerte de concepto.

Pero hay grandes conceptos que van flotando, que después pierden fuerza. Mucho tiempo tuve escrito en mi pared solo “Bus”, y no había nada más. Y para este disco en particular me interesaba mucho reflejar el hecho de que uno cuando es niño, quizás por timidez, uno es de distintas maneras dependiendo del lugar donde uno está, y yo creo que la tarea cuando uno es más grande es empezar a aceptarse y demandar respeto de los demás, siendo una persona íntegra, entendiendo que uno puede tener muchas capas y muchas maneras de ser.

Es el ser una persona íntegra que se presenta a todos los lugares de la misma manera, y que pretende ser respetado como tal. Yo cuando niña tenía muchas partes de mí que siento que de alguna manera censuraba, como que era muy tímida, en la media me hubiera encantado hacer cosplay pero nunca me atreví, y recién ya a través de la música hice un tratamiento medio terapéutico o sanador de poder enfrentarme a lo que en realidad quiero ser o hacer.

¿Qué crees tú que pensaría Chini pequeña de Vía Lo Orozco?

Yo creo que le gustaría. Yo fantaseaba mucho con salir de mi realidad. En ese sentido, claro, escribía historias fantásticas, recuerdo que escribía mucho sobre cuatro niñas que eran astronautas y vivían en el año 2060, y escribía que no tenían género, decía: “no son niños ni niñas”. Era toda una cuestión, tocaban guitarra, tocaban guitarra eléctrica, andaban en patines… y yo creo que eso fue evolucionando.

Todavía tengo cosas super infantiles, y muy de romantizar un oficio que por lo demás es super difícil de en este país. Pero todavía sueño despierta, y creo que a ella le gustaría saber eso, que no hemos dejado de imaginar cosas. En el fondo es bacán poder entretenerse solo, yo creo que es una gran herramienta que me dieron a mí y a mis hermanos, mis papás nos enseñaron a crear mucho con poco, y no esperar que alguien nos dé las cosas o nos entretenga. Siempre nos bancaron, nos escuchaban, les parecía importante lo que teníamos para aportar.

En ese sentido, claro, si bien mi familia no venimos del mundo de las artes, sí creo que mis papás también están bien chalados, como que tienen hartas cosas que son bien propias de un artista o de una manera de vivir la vida de manera artística o performática. Me he dado cuenta con el tiempo, sobre todo conociendo otras familias, que mis papás son bien especiales.

Volviendo un poco a lo que fue la grabación, en la escena nacional está muy instaurado el gen colaborativo. E el disco hay varias colaboraciones que no son necesariamente feats, y también varios de los miembros de tu banda participan en otros proyectos. ¿Sientes tú que esto enriquece el proceso creativo? 

Muchísimo. Creo que en realidad como músico soy buen productor, me gusta mucho componer, y creo que si fuera por mí de a poco me empezaría a restar de la ecuación. Me encantan las cosas que me imagino, por ejemplo encontrar el mejor compañero con quien pueda realizar eso que me imagino…

Al final yo me identifico más como artista visual o como director creativo de algo, entonces ha sido muy lindo. Por ejemplo, para ‘Tímida’ invitamos a los Campaneros de Santiago a que me dieran unos samples de campanas, porque yo quería aludir a la Iglesia de Lo Vásquez, que por ahí parte Lo Orozco. También invitamos a Agnes Paz para esa canción con el Teremín, que ella ya había colaborado con Columpios al Suelo, que su líder Juan Desordenado es parte de mi banda.

Y bueno, también hicimos esta canción coral ‘Oro’ que alude musicalmente a algo pastoral. Siento que su letra es abiertamente como más… de amor carnal, de sexualidad, de erotismo. Y esa canción la grabamos con Javiera Parra, con Nando García y con Laurela. En ese sentido, claro, yo quería hacer esta canción vocal, pero sé que mi voz es muy destemplada quizás para eso, entonces equilibrar esas fuerzas, creo que una sola persona no puede lograr eso.

Y al revés, yo estoy muy agradecida de que cada persona que ha convocado este proyecto se ha entusiasmado en hacerse partícipe de esto que al final no es solamente musical o no es solamente artístico. Ojalá, quiero este próximo año empezar a de a poco abrirnos caminos hacia lo teatral, ese es mi gran sueño, y que entren más actores y actrices a ser parte de esto.

Hablando de Oro, que su corazón es ciertamente estas armonías entre todas las voces, es una canción muy particular porque tiene también un cruce generacional importante.

Sí, eso es muy bonito. Yo me crié en la básica escuchando el AM de Javier Parra, y ha sido muy lindo. Como que yo estoy en el medio, entonces invité a Javiera Parra porque ya nos habíamos conocido y a la vez invité a mis amigos que son más chicos que yo pero son sequísimos, que son Nando García y Laurela.

Hay una certeza de que más allá de la generación a la que pertenecemos, hay un hilo común entre ellos. A mí me gusta hacer de Celestina también, a veces me echo para atrás y veo estas relaciones florecer, porque entiendo que hay timbres en común, hay búsquedas en común que no son necesariamente a las que yo podría llegar. Y es bacán observarlas suceder fuera de uno. Es algo que me motiva, presentar gente que siento que debería conocerse.

Volviendo un poco a lo que comentabas de distanciar de la fábula, y acercarse a la realidad y a estos relatos de niñez, ¿Sientes que este disco de alguna manera de pidió soltar algo? ¿O mostrarte de una manera distinta a como lo habías hecho antes?

Creo que se dio de manera natural el querer hablar de la familia en el momento en que yo me vi más en un rol de cuidador, si se quiere, y empezar a preguntarme por quiénes me cuidaron a mí. Creo que tiene que ver con la etapa en la que estoy, las cosas que he ido entendiendo, o el darme cuenta de que hay cosas que todavía no entiendo o que me ha faltado madurez.

Es un disco sobre darse cuenta que ser artista es estar muy en uno, y ¿qué pasa cuando uno sale de eso? He pensado mucho que en ese sentido es un disco mucho más político, que alude a las niñeces tanto en su comparación con el pasado como ahora a una niñez que se tiene que enfrentar, si bien no al relato que nosotros teníamos del Estado o de la iglesia oprimiendo por mucho a la sociedad, ahora hay otros poderes fácticos que parecen incluso más peligrosos, como lo son la tecnología, las guerras, el levantamiento de la derecha extrema, hay una plutocracia mucho más descarnada.

Es como que se quitara el velo, antes recibíamos solamente una realidade de la televisión, ahora se han abierto, se ha democratizado como cada uno se informa de lo que está pasando, entonces se nos informa de todos los puntos de vista al mismo tiempo y creo que crecer como niñe y encontrar tu propia verdad en ese bombardeo de información es muy violento.

Es un disco en el que igual intento hacerme cargo no solo ya de mis sentimientos como artista o de lo personal, sino ojalá tratar de aludir a algo un poco más global y un poco menos nihilista. Antes no pensaba que iba a pasar después de este punto, quizás no pensaba vivir tanto tiempo, y ahora que sigo viviendo pienso qué tipo de mundo estamos dejando para las niñeces que vienen ahora.

Siento que hay algo ahí muy relevante de posicionar el relato de niña, en femenino.

Sí, creo que las niñas hemos sido históricamente muy silenciadas. Yo recuerdo como una crianza muy de colegio de niñas católico, muy restrictivo, con una sola manera de ser mujer y donde todo, desde la publicidad a las teleseries, nos indicaba cómo es este ser femenino al que uno nunca alcanzaba a llegar.

Yo recuerdo, por ejemplo, ser muy pequeña y que mis papás prendían la tele y salía esta canción ‘Eligiendo a una reina’ de Chancho en Piedra, y yo era muy sensible, recuerdo que en un momento la reina de belleza explota y sale una pierna volando, y yo pensaba “¿Por qué nací mujer?” “Voy a explotar”, eso pensaba yo un poco que era ser mujer, y me daba miedo la perspectiva de crecer o de ser analizada desde la mirada del deseo, o peor aún, del no deseo. Sentía que lo peor que me podía pasar era que un niño que me gustaba no me notara.

Vivía mucho para el amor romántico, porque fui diseñada o creada un poco para eso, y liberarme de eso y enamorarme del arte ha sido de las mejores cosas que me han pasado.

¿Qué te gustaría entonces que las personas sientan o se pregunten a partir de Vía Lo Orozco?

Yo creo que me gustaría que recuerden esos juegos estúpidos que uno jugaba cuando era niña. De estar descubriendo el mundo al mismo tiempo que tus hermanos, que tus compañeros, con esas pequeñas microsociedades que existían, antes de que todo se pusiera como más… quizá competitivo, o de copiarse.

Quiero aludir a algo que quizás uno olvida, porque entre medio pasa la adolescencia, que es como un gran ciclón que se lleva todo hacia abajo. Yo creo que viví mi adolescencia hasta hace muy poco, y quizás ahora ya con más distancia puedo mirar hacia atrás.

Pero eso, sobre todo recordar una época donde no estábamos todos interconectados todo el tiempo, y solo existía nuestra pequeña realidad con quienes nos rodeaban. Cuando uno era libre de crear porque no sabíamos que estaba todo hecho.

Por último, ¿Qué podemos esperar a futuro para Chini.png? ¿Tienes pensado ya cómo llevarás Vía Lo Orozco al escenario?

El disco sale el 24 de octubre y nada, estoy muy emocionada. Nos vamos a ir muy pronto a Ciudad de México ,vamos a tocar tres veces o cuatro veces, la idea es presentar el disco estando allá.

Y a la vuelta en noviembre, algo que también me emociona y que es muy nostálgico, que es el regreso de Los Technicians, por solo un día. El 28 de noviembre vamos a estar tocando el primer EP que ya lo sacamos hace diez años, entonces es también como una suerte de celebración Gratuita en el Centro Cultural España.

Luego vamos a cerrar el año en Pervervisión, que es un festival con Pánico, Candelabro, Hesse Kassel, Estoy Bien. Eso va a ser en el Teatro Coliseo, entonces eso me tiene muy entusiasmada a seguir tocando y a poder tocar de manera muy fluida.

Lo que estamos preparando para el próximo año es una propuesta más desde lo teatral, donde se pueda sentir como este hilo conductor de lo que dura el viaje de Vía Lo Orozco, teniendo el bus como escenografía central, y con cambios de personaje.

Estoy entusiasmada con esta nueva etapa, y ojalá poder abrirme de a poco hacia el mundo del teatro, son cosas que me tienen muy emocionada. Tengo un poco de miedo porque en el fondo tengo que empezar a aprender más de dramaturgia, pero estoy muy bien acompañada en todo caso, voy a trabajar con los actores Humberto Espinosa y Victoria de la Parra.

Antonia Hernández

Escritora aficionada, fanática de las películas de terror y la música triste

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