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Otoboke Beaver en Chile: Estallido de júbilo e ira femenina

Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por María José Muñoz

El show en solitario que brindaría Otoboke Beaver el pasado domingo 9 de noviembre en Blondie Club, serviría no sólo como sideshow de Fauna Primavera 2025, sino también como una verdadera bofetada a punta de un hardcore punk vertiginoso y sin concesiones –y en distintos niveles–.

Por la propia naturaleza intrínseca de su propuesta, las oriundas de Kyoto, Japón, ya corrían como el nombre más estridente que haya pasado en toda la historia del festival. Quizás se les acerque At the Drive-In (2017), pero la ferocidad de las niponas juega en otra liga.

Es por eso que es tanto interesante como impactante lo que sucede sobre el escenario cuando Accorinrin (v0z), Yoyoyoshie (guitarra), Hiro-chan (bajo) y Kahokiss (batería) aparecen en escena. La mezcla de emociones es evidente, tan demente como un huracán que no deja nada de pie en su paso inevitable (cabe destacar que Kahokiss no asistió a la gira sudamericana por su embarazo, siendo reemplaza por Leo Leo).

Para ser más exactos, y tomando lo que sucedió en la Blondie desde el comienzo del show con «YAKITORI»Otoboke Beaver provoca una respuesta de lo más diversa en su público. Por supuesto, está la propia alegría a flor de piel evidente en las sonrisas de sus fans chilenos. Se trataba del primer encuentro en solitario con nuestro país, y la propia entrega bien directa y al grano del grupo –una práctica muy punk– era más que contagioso; la comunidad daba paso a la festividad y la cualidad histriónica de su hardcore punk llamaba al desenfado entre saltos, gritos y moshpits.

Pero las canciones de Otoboke Beaver son bastante furiosas. Cortes como «don’t light my fire» y «akimahenka» expresan de forma directa y sin adornos la ira femenina, pasando como verdaderos arietes de canciones que cargan consigo las críticas de Accorinrin a los roles de género de la sociedad japonesa –una de las machistas del mundo–. Un tema como «I am not maternal» no podría ser más claro en ese aspecto.

Bueno, así es la música, ¿no? Puede haber goce y júbilo en el acto de disfrutar de música que contiene ese tipo de temas. La actitud feroz de la vocalista era categórica; estas canciones podían ser, perfectamente, motivo de celebración y revolver el gallinero a punta de pogo y mosh –según lo ameritase–, ciertamente «Love Is Short»«Bakuro book» dejaron la grande. Pero lo que para las mujeres podían ser muestras de salvaje sororidad, para los hombres era un llamado de atención –o una cachetada para los pocos porfiados que no entendieron nada al gritar frases de mal gusto–.

Dicho eso, un concierto siempre será motivo para pasarla bien, y las Otoboke Beaver de verdad saben como entregar un show increíble. Nuevamente, y como ya dije, sin concesiones. No había espacio para descansar, viajaron desde el otro lado del mundo después de todo. Y la locura que ocurría en la pista de la Blondie era algo que pocas veces se ve, y que definitivamente impactó de profunda manera a todos quienes asistieron. Temas como «Introduce me to your family»«I won’t dish out salads»«S’il vous plait»«PARDON?» se vivieron con un pulso visceral que forzaba –por la puerta grande– todo tipo de puertas enérgicas de parte del público.

Mucho del buen ambiente se debe al carisma de la guitarrista Yoyoyoshie, quien dominaba a la masa agolpada a su gusto, con un humor observacional sacando chistes como que el recinto parecía «una sopa de miso con tofu» o que quería mucho al público pero estaba lleno de viejos –lo que dio paso a la pesadísima «Dirty old fart is waiting for my reaction», por cierto–. También reaccionaba a los cánticos, así como los alentaba, con guiños al «olé, olé, olé» y a «Seven Nation Army» de los White Stripes, y por otro lado, animaba a la audiencia agitada a cantarle feliz cumpleaños a Hirochan –que lo sucedió tres veces, en inglés y español–.

Si bien al final, la vocalista se veía visiblemente molesta por desperfectos técnicos con su micrófono, el cual tiró al piso en unas cuantas ocasiones, el grupo no dejó de volver al escenario para hacer el set completo. Algo que iba más allá de cualquier etiqueta de concierto, el público pedía más y las Otoboke estaban cerrando la gira sudamericana. Hablamos de un show que se llevó con pasiónoficiohonestidadcompromiso. No había necesidad de maquillar nada, así tal cual fueron capaces de entregar uno de los conciertos más impactantes de 2025.

Y por si fuera poco, Yoyoyoshie se lanzó al público en un bullado acto de crowdsurfing para subirse al clásico castor inflable, mostrando la propia libertad con la que se expresa la guitarrista y la propia banda en sí. Hiro-chan repartió flores del ramo de rosas que recibió de regalo anteriormente en el show, y Accorinrin de lleno mandó a joderse al merch falso que vendían fuera del recinto. Ah, y también tocaron temas nuevos, los que estaban buenísimos y eran aún más técnicos.

Sin duda, Otoboke Beaver es uno de los nombres más únicos del hardcore punk al día de hoy, y lo que se vivió en la Blondie hizo cuenta de ello de la mejor forma posible. Ojalá regresen pronto, y con Kahokiss en la batería esta vez.

Juan Pablo Ossandón

Director de Expectador.

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