Escrito por Felipe León
La tragedia final que envolvió a Joy Division tras la muerte de su vocalista, Ian Curtis, fue una suerte de cierre de toda una época marcada por la contracultura punk en el arte, previo a la llegada del hxc. Testimonio de tal despedida yace impreso en un altar existencialista del post-punk como lo fue ‘Closer‘ (1980), lanzado dos meses después del lamentable deceso.
Lejos de los territorios cavernosos, el sucesor de ‘Unknown Pleasure‘ (1979) se enfrascó en búsquedas que involucraron una mayor participación de elementos sintéticos, junto a un desarrollo atmosférico sombrío que acentúa los silencios dentro de la mezcla. A la par, la consistencia rítmica de profunda lejanía y un bajo tan melódico como punzante, su sumen en una sensación de asfixiante revelación donde la voz adquiere un rol más distante y paciente, de un estado anímico más bien depresivo, desesperado y alienado.
Sus líricas infieren ese tono ansioso, al borde del precipicio, abordando la soledad interior, la desesperanza de cara al futuro, la toma de conciencia sobre cuerpo y alma, así como el sufrimiento humano. La muerte es una constante que invade la escucha desde distintos tópicos, que más allá de conectar con las vivencias de sus integrantes, funciona por la universalidad de sus planteamientos, forjando la identidad de un solemne, fúnebre y críptico álbum como ‘Closer‘.
Joy Division se acabó y sus integrantes pronto crearían New Order, un proyecto que merece su propia distinción. Lo cierto es que lejos de extinguirse, su legado perdura hasta la actualidad. Algo curioso pero real considerando la vigencia lírica de canciones como «Atrocity Exhibition», «The Eternal», «Heart and Soul«, «Isolation» o «Decades», pues el sufrimiento y la decepción sigue tan presente en la vida de las personas. Un espejo de toda la mierda que continúa carcomiendo la existencia humana.
