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Live Reviews

Miranda! en Chile: Ópera pop en clave fluorescente

Escrito por Antonia Hernández
Fotos por Bárbara Hernández

En la noche del sábado 8 de noviembre, Miranda! transformó el Claro Arena en un prisma: un espacio donde cada destello de lentejuela, cada coreografía sincronizada y cada salto eléctrico devolvieron la luz multiplicada, casi cegadora, de la banda argentina. Aunque el sonido bordeó por momentos lo avasallador más que lo preciso, el dúo conformado por Alejandro Sergi y Juliana Gattas ofreció un espectáculo a la altura de su trayectoria, tanto dentro como fuera de Chile, en donde pareciera ser ya juegan de locales.

Ya van más de dos décadas desde que Miranda! decidió convertir, con éxito innegable, el drama cotidiano en ópera pop. Esa fue la tónica del show, un delirio teatral que dominó la celebración compartida, entre la nostalgia de sus primeros discos, que no se sienten lejanos aún ante la vigencia de sus canciones, y el artificio tecnicolor de su última publicación, Nuevo Hotel Miranda! (2025).

‘Ritmo & decepción’ abrió la velada y marcó el ingreso a su museo de neón particular, en donde la audiencia ciertamente se pasó la jornada completa bailando. Le siguieron ‘Siempre que lo beso’, colaboración con Kenia Os de su último álbum, y ‘Dice que lo siente’, también de Magistral (2011). Con el paso de las canciones, se desplegó ese universo que Miranda! ha sabido construir, uno que se renueva sin perder coherencia, expandiendo su estética a medida que el tiempo avanza pero girando aún en torno a un mismo eje brillante de exceso melodramático y pop.

Mediante lo kitsch, lo sentimental y lo electrónico, destacó la continuación del espectáculo con canciones como ‘Por ese hombre’, versión del clásico del dúo argentino Pimpinela, caracterizados también por su presencia histriónica en el escenario, y que sumó en esta ocasión a Abraham Mateo en pantalla.

Al igual que en visitas anteriores, y en una línea que se ha vuelto parte ya del modus operandi de Miranda!, sus numerosas colaboraciones hicieron presencia a modo de grabación en las grandes pantallas, coloridas y eclécticas, fiel reflejo del ADN visual de la banda. Y aunque riesgoso en su posible virtualidad monótona, ninguna de las apariciones, dentro las cuales destacan Emilia en ‘Uno los Dos’, Tini en ‘Me Gusta’ o Conociendo Rusia en ‘Triste’, desentonó con el show, sumando a la dinámica lúdica de Ale y Juliana que aunque sólo dos, logran llenar todo el escenario.

El invitado de carne y hueso llegó a mitad del show, que alcanzaría las dos horas, el querido artista urbano nacional Young Cister subió al escenario a entonar Una Loca Historia de Amor junto a los argentinos. Entre la emoción y saltos que generó en el público, esta canción de Nuevo Hotel Miranda! es ejemplo esencial del estilo de la agrupación y sus referentes, con una interpolación de Tarzan Boy de Baltimora que recuerda a usos anteriores de artistas propios del pop clásico, como Donna Summer en Prisionero o Hithouse en Fantasmas, ambas canciones icónicas que formaron también parte de la jornada.

Continuando la noche, los cambios de vestuario sobre el escenario —metalizados, saturados, fluorescentes— marcaron el ritmo tanto como los sintetizadores. No uno, ni tres, sino que cinco outfits completamente distintos, que sumados a los numerosos personajes que interpretaban los bailarines, construyeron el modelado en vivo del imaginario sonoro y visual del dúo. Estamos hablando de un setlist con treinta canciones, en donde cada una encajó como una habitación distinta dentro de su arquitectura emocional, o mejor dicho, un cuarto dentro de su ya familiar Hotel.

Encarnando la idea de diva pop, y quizá reinventándola, Gattas dominó el escenario por medio de su glamour irónico y encantador, con su voz indistinguible en clásicos como ‘Enamorada’ o ‘Perfecta’, ambas canciones del inolvidable El disco de tu corazón (2007). Asimismo, Sergi, con su energía inagotable y ese falsete que se resiste a la erosión del tiempo, sostuvo el espectáculo con una mezcla de rigor y desenfado, una teatralidad que no teme al artificio porque en él ambos artistas encuentran autenticidad.

Sin embargo, el Claro Arena impuso sus límites. Desde las primeras canciones, el sonido se sintió saturado, retumbante, como si la acústica del lugar aún no aprendiera a acompañar la euforia del público. Es el cuarto concierto que se realiza en el recinto, antecedido por Rod Stewart, Lionel Richie y Ricky Martin, y en todos se han hecho saber en comentarios posteriores la deuda que queda aún con la acústica dentro del prometido moderno recinto. Así, aunque Miranda! logró imponerse con oficio —con esa presencia asertiva y ecléctica que los caracteriza—, el eco metálico y los bajos excesivos restaron matices a un show que, en condiciones ideales, habría alcanzado su plenitud sensorial.

Esa resistencia, pese a la adversidad, es parte de la historia de la banda. Desde Es mentira (2002), su debut, el dúo ha hecho del desajuste una estética. No existen otros como Miranda!, y el cierre de la mano de ‘Tu misterioso alguien’ y ‘Don’, más que consolidar a la agrupación, quienes tenemos claro hace años son reyes del pop en Latinoamérica, sirvió como cierre emocional para la que fue una retrospectiva viva por su trayectoria. Una sucesión de texturas, luces y coreografías que reafirman que Miranda! no se limita a la interpretación sonora, sino que habita un universo estético total.

Antonia Hernández

Escritora aficionada, fanática de las películas de terror y la música triste

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