Dan Trachtenberg parece haberse apoderado de Depredador. Es la realidad. Ya son tres películas de la saga al haber de su dirección y, francamente, hay que reconocer que dos de ellas (es decir, las que no son Prey) cumplieron con ser bastante creativas y dar una vuelta de tuerca original, al menos formalmente a la saga, apoyando puntos de vista nuevos y frescos.
El caso particular de Depredador: Tierras Salvajes es tanto obvio como original: La película sigue a un depredador. Lo curioso es que, aún siendo una figura trastornada por los códigos de honor que cruzan a estos personajes (sí, son personajes, algo más complejos que meros monstruos), el caso particular de Dek, el depredador protagonista del filme, tiene toda una suerte de arco de crecimiento personal algo moralista que, por lo menos, invita a levantar una ceja cuando se compara con el festival de la brutalidad que alguna vez fueron estas criaturas.
Depredador: Tierras Salvajes, al igual que Predators, no transcurre en la tierra. Lo cual da libertad a llenar el espacio de extraterrestres y retóricas que rozan la magia. No está ni cerca de la ciencia ficción dura, tampoco de la fantasía épica (aunque haya algo de eso en las motivaciones del protagonista que terminan por desenvolver la trama). Es más bien acción pura y dura, un poco en la formalidad de los videojuegos: Se avanza, cambia el escenario y sube la amenaza. Muy acorde a los tiempos y al bullado carácter PG-13 del filme, que si, pesa y se siente a cada momento. Muchos chistes, personajes explicando lo que pasa, momentos tiernos y moralejas.

Sagas fílmicas como Alien o Depredador estaban un poco en la B, relegadas a proyectos de streaming y, aún habiendo existido históricas piezas que se esforzaban por resignificar la obra original, ahora estaban relegados a repetirse hasta el cansancio sobre los códigos ya conocidos. De nuevo, hay que reconocer que Trachtenberg se ha esforzado por dar bocanadas frescas a la saga, aunque se note que sean fanfictions. Es decir, está fantaseando con sus juguetes que le cayeron del cielo a su disposición. Y la verdad es que, para el resultado de la ejecución, no tiene nada de malo. No son películas con el nivel de cine de la primera, pero tampoco están exentas de valor en su ejecución.
Lo que sí es seguro que despertará rabia y horror entre un sector más conservador de la fanaticada de la saga es que, como se apuntó, la trama verse sobre ciertas realizaciones personales en el depredador. Un poco en la linea más bruta de los postulados de gente como James Whale. Ojo, esto no quiere decir necesariamente invitando a entender al monstruo, como si dotándolo de cierta personalidad que lo exime de algunos valores de terror en los que fue concebido, que hay que reconocer que fue su contexto en los ochenta: “ugly motherfucker”. Bueno, ya no es ni tan ugly ni tan motherfucker, y debe aprender a dejar de serlo en pantalla. Se puede juzgar moralmente o se puede juzgar a partir del logro cinematográfico. Elijamos lo segundo.
El factor Elle Fanning no se puede dejar de considerar. Hace de dos sintéticos de Weyland-Yutani (no, en esta película no sale ningún xenomorfo) en un par de actuaciones que, curiosamente se terminan echando la película al hombro, aunque en la película se la echen a ella al hombro, literalmente, pues uno de sus personajes aparezca sin sus piernas en un principio. Un chiste ridículo, pero necesario, pues su actuación se lo gana. Cada vez que sale llena de brillo la pantalla a punta de carisma y encanto. El mismo que, en su ausencia, se siente incómodo al no lograr de terminar de materializarse por completo con el depredador, pues tampoco está exactamente tan bien escrito.

Hay quienes reducen esta saga a la acción. Es válido y, en ese sentido, esta película cumple con distancia. Los set pieces son particularmente atractivos, creativos, rodeados por toda una serie de criaturas bastante variopintas y bien logradas en sus diseños. Material propio de las Star Wars mejor logradas. Si algo hay en esta película, es imaginación. Derrepente evoca un tipo de blockbuster de acción que ya no existe, un poco en la linea de las películas de los X-Men, por ejemplo. Aprovecha lo que tiene y nada ni nadie queda al debe. Igual se echaban de menos las aventuras en clave fantasía, un poco relegadas a las Avatar de James Cameron y poco más.
Si bien el filme no necesariamente confirma a Trachtenberg como un gran autor de blockbuster, si lo dejará inscrito en la historia como una persona capaz de haber impreso una buena película inscrita en una propiedad intelectual en un contexto en el que parece imposible y con todo en contra. Ha quedado demostrado con incontables sagas. Insisto, habrá quienes no soportarán la humanización del depredador y sí, es verdad que a momentos es demasiado melosa, pero bueno, ¿el lore de Depredador no ha crecido históricamente a punta del avance de cada película?
