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Live Reviews

Refused en Chile: La fricción en una olla a presión

Escrito por Nicolás Merino A.
Fotos por Aarón Castro Pino

Primero fue noticia mundial: Refused se reunía, para separarse. Luego fue noticia nacional: Refused venía a Chile por primera vez, para despedirse.

Durante la promoción de la gira se repitieron hasta el cansancio algunos conceptos como que “Refused are fucking dead” (alusión a una canción de la banda y a un documental sobre su primera disolución) o que el concierto contaría con la interpretación del Shape Of Punk To Come (1998) completo. Está bien, tampoco digamos que ninguna de esas afirmaciones fue exactamente falsa. La banda, en efecto, se estaba separando y celebrando su más grande disco a la vez. Fue la oportunidad que los trajo por primera y última vez a lugares a donde nunca habían tocado, como Chile, y como tantas otras giras de despedida de bandas que no son tan viejas, invita un poco a cuestionarse si realmente era necesario que se separaran.

En un comienzo, iba a ser en el Teatro Coliseo, pero la venta de entradas no acompañó. Parecido a otra banda de post hardcore hace un par de años, que de hecho ni siquiera terminó llenando Metrónomo. Es impredecible, aparentemente. Pero adoptando una postura quizá más pragmática: qué importa, el concierto se hizo igual. Refused es demasiado importante para hacer linea editorial sobre esos aspectos.

La jornada arrancó con un show de los cada vez más consagrados Mano De Obra. Una propuesta de New York Hardcore bien moderna a lo Trapped Under Ice. No era un teloneo cualquiera. La gente quería verlos. Había varias personas dentro de la sala que corearon las canciones, las moshearon, las cantaron al micrófono y hasta hicieron gala de sus poleras de la banda. Quizá no es exactamente el género de Refused, pero se entiende que una banda grande va con una banda grande.

El concierto arrancó con la extensa y ecléctica ‘Poetry Written In Gasoline’, una canción algo pausada, meditativa y más bien pesada, que no necesariamente dictó el tono en el que se desenvolvería el resto del concierto. Aunque si el sonido y el desplante. La guitarra asumiendo una responsabilidad brutal para solo ser una, el bajo sonando con un tono porcino y Lyxzén con un desplante que, la verdad, excede las características de un show de la Sala Metrónomo. Está para compararse con desplantes en vivo con el de gente como Jarvis Cooker. El peso del destino, supongo.

Toda esta capacidad para sobrepasar en amplias proporciones el tamaño del evento terminaba poniendo en perspectiva lo grande que es Refused. Aparentemente, no en convocatoria (ya lo entendimos), pero si en el peso de lo que hicieron. Y esto no necesariamente limitando su universo artístico al Shape, sino a toda su propuesta artística en general. Quizá, parecido al caso de At The Drive-In o hasta los míticos Fugazi. Bandas un poco condenadas a compatibilizar su política con la exposición masiva del gran trabajo musical que lograron materializar. Un fenómeno único. De nuevo, se suponía que esto iba a reventar el Teatro Coliseo y no pasó. Al final da lo mismo, estas bandas están un poco cubiertas por el manto de la tragedia griega que solo le importa a los cegados por el exitismo. A la hora de ponerle play al disco, este suena igual.

La pasividad de la primera canción cambió rápidamente con el segundo corte: ‘Shape Of Punk To Come’, que comienza pateando esa intro de batería en clave dance punk. Mantuvo a todos animados y los conectó rápidamente con el lenguaje de las canciones más conocidas y celebradas: Las del tercer disco. De hecho, una suerte de colita de esta canción fue la intensa y punketa ‘The Refused Party Program’, que se pasó volando a punta de moshs.

Eso del Shape completo era, pero no era. Si bien faltaron canciones, y tampoco lo tocaron ni en orden ni de corrido, si tuvo un protagonismo particular que igual hay que reconocer que pesaba por su propia plasticidad auditiva. Cuando pasados unos minutos desplegaron uno de sus más grandes hits, ‘Liberation Frequency’, este vino acompañado de dos clásicos al hilo de ese mismo disco: ‘Summerholidays vs. Punkroutine’ y la divertidísima ‘The Deadly Rythm’, que contó con un juego de luces inédito para los conciertos de punk y, como una gran sorpresa, la intro de ‘Raining Blood’ de Slayer en la parte “jazz” cerca del final donde quedan batería y bajo solos.

Eso de reemplazar la sección jazz puede interpretarse como una forma de esquivar los arreglos más complejos del disco. Y en parte puede ser cierto. Mal que mal, son cuatro músicos y de entre ellos, solo una guitarra. No hay alguien encargado de un sintetizador que se encargue de todos los efectos del Shape y fue muy poco lo que tiraron a través de la mesa de sonido. En general, se mantuvieron bastante análogos. Sorpresivamente análogos. Igual era un espectáculo aparte para quien se sabe ese disco de memoria (cualquier punk del mundo). Se terminaba creando una gran expectativa por ver cómo se resolvía cada arreglo con tan poca instrumentación.

Aún cuando había cierta amenaza de que las canciones del Shape amenazaran al resto, el concierto estuvo bastante equilibrado, salió por ahí con gran éxito en la participación del público ‘Rather Be Dead’ y otras varias del Songs To Fan The Flames Of Discontent (1997). También fue bastante exitoso el pase a la sección de canciones más puramente hardcore, remontándose a los primeros epés con cortes como ‘Circle Pit’ o ‘Everlasting’.

Worms Of The Senses/Faculties Of The Skull’, un espectáculo aparte. Una de las canciones más complejas y llenas de secciones distintas en la discografía de Refused y salió perfecta y natural. La gente literalmente dejaba de moshear para prestar atención en lo que estaban haciendo.

El concierto cerró su primera fase (pre bis) con el hit ‘New Noise’ y una cola con la pesada ‘Tannhäuser / Derivè’, que incluso pasa como breakdown de la canción anterior, o cualquier otra para estos efectos. Alto momento. Consignas a favor de Palestina que se lograron condensar en cierto pragmatismo visual muy simple, directo, bien logrado y poderoso en su conjunto con la música.

El bis estuvo compuesto por ‘Coup d’état’ y, milagrosamente, ‘Pump The Brakes’ y no algún corte del ‘War Music’ como la banda había solido insistir durante la gira. Se tienen harta estima a sí mismos para el valor que le dan a ese disco. Optaron por un clásico y fue lo mejor. Cerraron en lo alto.

Seguramente muchos medios salgan con que este concierto era solo para los indicados o algún otro titular elitista de ese estilo. La verdad es que la música es libre y Refused ha sido precisamente un particular impulsor de la democratización de esta. Ok, no fue el evento masivo que se pensó en un comienzo y eso en consecuencia hace el evento más privado, pero el show sigue siendo el mismo. ‘The Song Remains The Same’ decía Led Zeppelin. Las cosas son trasladables y homologables. Primera y última vez de Refused en Chile. No pudo haber sido mejor. Los que fueron saben.

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