Cine

Springsteen: Deliver Me From Nowhere, al debe

La historia de los (¿o el?) proceso creativo detrás de los discos Nebraska y Born In The U.S.A de Bruce Springsteen es bastante compleja. Pero para hacerla corta: Estos dos discos, a todas luces dicotómicos, no solo salieron del mismo proceso creativo, sino que en un principio intercambiaron formalidades en su registro. Hoy (y esto se liberó como parte del marketing de la película) existen versiones en clave Born In The U.S.A. del Nebraska y viceversa. Se pueden escuchar en streaming, son interesantes y la historia también. La levanta Springsteen en su autobiografía Born To Run y también Warren Zanes en su libro investigación sobre el Nebraska, en el que de hecho está basado este guión.

Eso en cuanto a las bambalinas de dos discos clásicos y de mérito mayor.

Ahora, paradójicamente, de la película es poco y nada lo que se puede decir. Si a quien lee este comentario le interesa el cine, podemos resolver esto de manera directa: no hay. El trabajo del director y guionista Scott Cooper es bastante limitado. Si se puede apreciar cierta inquietud documental que recuerda formalmente a las búsquedas históricas de Oliver Stone o el Martin Scorsese tardío, pero no digamos que se refleja en la totalidad del filme o que subyace enteramente al lenguaje cinematográfico. Es verdad igual que hay una secuencia que sí, que tiene que ver con la masterización final del Nebraska. Fuera de eso, poco cine.

Como drama funciona decente. Jeremy Allen White cumple, pero con hacer de Jeremy Allen White, lo cual está bien para el modelo de masculinidad que proyectaba Springsteen en esa época, pero no necesariamente para lo mucho más compleja que pudo haber sido la caracterización. Hay mucho de kramerismo en los roles protagónicos de estas biopics y, más encima, a la Academia parece encantarle.

Se supone que parte del atractivo de esta película era que mostraría el proceso creativo detrás de los discos. Y en efecto lo hace. Pero es tan poca la información de valor documental de fondo (atendiendo que es un drama) que no termina por generar demasiado interés y se siente un poco por los números y acelerada. Hay canciones que nunca tienen su explicación, otras que tienen alguna bastante detallada y bien lograda (como la homónima del disco) y otras absurdamente torpes en términos de lenguaje cinematográfico como ‘Mansion On The Hill‘. Sin spoilers, ver para creer.

Es curioso también que en un contexto donde en estas biopics sobre músicos es admisible cierta suspensión de la realidad y que, de hecho, esta película se permita algo de eso con los ataques de ansiedad o los flashbacks, no hayan jugado un poco más con las letras o la música del álbum Nebraska. O al menos, que no lo hayan hecho tanto. No es necesariamente una película que juegue al doble bando entre el drama y el musical, pero sí es particularmente insistente respecto a la música y la potencia de esta. Quizá faltó ver cómo traducir el lenguaje de esta al cine. No hubiese sido imposible. Faltó creatividad, aparentemente.

Quizá lo más interesante respecto a Springsteen: Deliver Me From Nowhere es la oportunidad para revisar el material que hoy compone los denominados Nebraska Outtakes y Electric Nebraska. Puede parecer contraintuitivo cerrar así para el propio desarrollo de una reseña de una película, pero es una película de un carácter tan plano que esta misma invita a no revisar mucho más. Lo otro que se puede rescatar es algo sobre el estado actual sobre las biopics, que básicamente son traducciones de historias del héroe clásicas. Unas más atrevidas que otras en poner en tela de juicio la vida privada del músico en cuestión, pero nunca con vueltas de tuerca muy interesantes y, lo más llamativo, con unas limitaciones impresionantes en el lenguaje cinematográfico. Una pena.

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