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Yellow Days en Chile: Una voz visceral

Escrito por Rocío Villalón
Fotos por Alejandra Besoain

El 28 de octubre, Club Chocolate fue testigo de una noche mística y mágica en compañía de Yellow Days.

Bajo un baño de luces moradas y humo, Yellow Days apareció en el escenario como una bruma que cubrió a todos los presentes.

Frente a su público que esperaba con ansias su llegada, el músico británico, George van den Broek, ofreció un concierto que reafirmó su posición como uno de los artistas más conmovedores del pop soul británico.

Con una voz rasgada, visceral y honesta, un repertorio que se movió entre la introspección y la catarsis, Yellow Days entregó una experiencia catártica en profundidad.

El show comenzó con “Your Hand Holding Mine”, junto a un medley que funcionó como la perfecta  introducción emocional al carrusel que sería la noche.

Luego, con “A Little While” y “The Way Things Change”, el concierto encontró su ritmo. Estas canciones, que pertenecen a sus inicios, encapsulan la esencia de su propuesta: el soul como vehículo de partida y sintetizadores que construyen una atmósfera onírica.

Cada verso parecía tener peso propio, cada nota flotaba unos segundos más de lo necesario como si fuera un eco, lo era. Yellow Days no busca la perfección técnica: busca la emoción. Y eso se sintió especialmente en temas como “Baby I’m For Real” y “That Easy”, donde su voz se quebró con la fuerza que él solo posee.

La mitad del concierto trajo un cambio de energía, canciones como “I Cannot Believe in Tomorrow” y “California” mostraron el costado más expansivo de su obra, donde las influencias del soul clásico se entrelazan con la psicodelia y la sensibilidad del indie. 

El tránsito entre “Sly/Too High” y “California” fue un punto experimental: la banda se permitió improvisar, sumergiendo al público en un trance ameno de groove.

En la recta final, los himnos más conocidos “Gap in the Clouds”, “The Curse”, “Slowly Baked in the Sunshine” se sintieron como una despedida colectiva. 

Con “Oh My God” y “Celebrate You Girl”, Yellow Days cerró el círculo de la noche y nos entregó la pureza y viaje en la juventud, la vida y su valor.

El cierre con “Summer Heat” fue una síntesis perfecta de su estética: calor emocional envuelto en neblina sonora y física, un soul con texturas electrónicas. Mientras las últimas notas se alejaban, la sensación era la de haber era la de paz y tranquilidad.

Desde sus inicios grabando en su habitación de Surrey, George van den Broek ha construido un universo propio. A sus veintiséis años, ha logrado algo inmenso, ser una fuerza visceral en su máxima expresión.

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