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‘Alma Tadema’ de Niños del cerro: Plantar la belleza

Escrito por Felipe León

Lejos del peso extremo de las emociones que exploraba ‘Suave pendiente‘ (2022), Niños del cerro propuso un camino mucho más instantáneo y ligero. Claro, dentro de los márgenes que su música permite, puesto que ‘Alma Tadema’ se siente ensimismado al encuentro de su propia existencia, variando su diseño sonoro sin abandonar la atención a los detalles. Esos que hacen de su escucha una puerta de entrada a perderse en la gloria.

Son una de las bandas chilenas más importantes de la última década. No es menor su creativa consistencia discográfica, lo que su cuarto larga duración viene a refirmar, una vez más, a partir de un imaginario absorto en la idea de concretar, desde una cercanía evocadora, un remezón sensorial. Entre tonalidades oníricas y melancólicas, arraigadas a una cuidadosa producción, la banda da cátedra sobre cómo plantar la belleza.

Bajo nostálgicas reminiscencias a su característica disposición neo-psicodélica, Niños del cerro da también mayor espacio al indie pop. Conjugaciones melódicas que instruyen en cuanto a interpretación instrumental, química grupal y trascendencia lírica, siendo esta última vital en la conexión que promueve ‘Alma Tadema‘, acercando la escritura de Simón Campusano a una escultural representación de lo que significa hacer poesía.

Triunfante madurez que posiciona a la banda en el panorama anual, con uno de los álbumes destacados de la temporada. La producción de Yaima Cat resalta en canciones como «Seis de enero» y «Narciso negro», las que junto a otras como «Tembló», «Príapo (o Sísifo otra vez)», «Buen dormir», «Canto al Mediodía» o «Pieza Oscura (Para Martín)» muestran un compromiso y honestidad total.

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