Live Reviews

Kevin Kaarl en Chile: Apoyo emocional

Escrito por Jocsán Sánchez
Fotos por Bárbara Hernández
Una fiesta familiar sin duda, reuniones de sentimientos en que la tónica nostálgica es protagonista. Show simple, pero profunda la calidad instrumental y vocal. Kevin Kaarl en el Teatro Coliseo fue el significado de hacer música que cautiva los corazones con historias reales con tacto identificable.

El espectáculo del mexicano partió de una manera tranquila. Bien temprano, el público fue reservando su lugar, por un lado, es curioso ver a toda una masa de gente llegar temprano al Coliseo, poco más de una hora faltaba y el reciento ya presentó el sold out inminente. El público por lo demás fue variado, respetuoso y acompañados por alguien más, como si fuese una tradición de pareja escuchar la música de Kevin Kaarl.

Orgullo chileno

Como bien se mencionó, la jornada del 18 de octubre partió bien en el Coliseo. Por lo demás, la espera no parecía ser un problema ya que el ambiente en sí era bastante fresco. Pero obvio y como característica de cada espectáculo, se debía tener una antesala. Y cómo no iba a ser con el Tiny Desk de 31 minutos, los títeres que lograron la unión cultural de 2 países. Bajo esto, todas la canciones fueron coreadas y vividas como si aquel mítico grupo estuviese presente.  Por lo demás, Kevin Kaarl haría mención honrosa a lo importante que fue 31 minutos tanto para él y para el mundo, dejando huella de el orgullo chileno que representa hasta hoy aquel proyecto de títeres.

En fin, a luces apagadas y atmósfera lista, el número final y esperado llegó. Bajo una instrumental emocional y músicos entrando de cara al público el show de «ULTRA SODADE» finalmente llegó a Chile.

 

Reencuentro sin salida

Kevin Kaarl hizo ingreso con paso tranquilo al escenario bajo una estela de luces que simulaba un atardecer anaranjado, fiel en parte a la estética general del disco que vino a prensentar. Y así, con la paz que le caracteriza comenzó «búscame otra vez» provocando así el grito absoluto de todos los sectores del teatro. Fue así en que la propia lógica del show no era el Kevin como tal, la performance siempre tuvo foco en el público. Esto se explica también por el contra luz constante en el que se encontró el mexicano. Con esa misma lógica, el show continuó con «no me equivoco» «Abrazado a ti»… con la trompeta que provocó el primer mar de lágrimas de la noche.

A fin de una gran primera pincelada, Kaarl habló con el público para presentar la siguiente canción, misma que confesó haberle dado un par de problemas en el desarrollo, por lo que optó por pedir ayuda a su par NSQK. Así y lamentando que «el no está acá con nosotros», «ULTRA SODADES» dijo presente en el show y con el público entonando fuerte la parte correspondiente de Rodri. Entre gritos para llamar la atención de Kevin, el mismo siempre estuvo cautivo y misterioso, la instrumentales que lo acompañaron hicieron del show un momento único para quienes fueron asistentes. En sí, la luz de un atardecer podría llegar a significar la paz de haber superado algo, una ruptura. Y el show estuvo planificado como las etapas de esto mismo.

En la comprensión del ello, Kevin continuó con los acordes de «Si supieras», «que pasa si me voy?» y «no me culpes por sentir». Cada rincón era su propia fiesta. En pareja o no, el show de por sí era una representación humana de lo que es vivir el amor, con sus cosas positivas y negativas, Kaarl solo fue la pieza de bienvenida a conocer este mundo que para muchos es toda una aventura por descubrir. Así mismo, el lo refleja en la canción siguiente, en que desde el cielo todo es más bonito. «Vámonos a Marte» fue el track que cimentó de una vez el fin del gran acto del show… la comprensión.

La constante de un espectáculo bien estructurado deja en claro el rol de Kevin Kaarl en la industria en sí. Sin proporcionar una estética comercial, solo con su estilo afín al nicho que apunta, es capáz de cautivar hasta el ser con los sentimientos más reprimidos. Así con el el final de «peregrinos», «Colapso» y » San Lucas», es prudente inferir que el mexicano marca un antes y después en la percepción creativa de la música mexicana.

Jocsán Sánchez

Periodista cultural con un complejo de artista / Universidad Finis Terrae

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