Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Andie Borie
Formados por Kaori Sakakibara, Taiyo Someya y Yusuke Nagai, Lamp es una agrupación nipona con más de dos décadas de historia, siendo uno de los nombres más consistentes de Japón, con una discografía envidiable y sumamente influyente con sonidos evocadores y nostálgicos que surcan géneros como el jazz pop, el shibuya-kei, el city pop, el bossa nova, y muchos otros.

Con tales credenciales, uno creería que habrían visitado nuestro país mucho antes, pero no, tuvieron que pasar todos esos años para que el masivo público chileno atestiguase su increíble maestría musical, y para que el grupo en sí fuera testigo del profundo impacto que tiene su música en esta franja de tierra, al otro lado del mundo. Lo importante es que finalmente se llevó a cabo, y fue con la consigna de la gira ‘Future Behind Me’ que pudimos verles el pasado domingo 12 de octubre en el Teatro Caupolicán –show que inicialmente era en el Teatro Coliseo, pero se amplió a una locación más grande por agotar en tiempo récord–.
Es curiosa la llegada de Lamp en Chile, pues su público se remite en un porcentaje considerablemente mayoritario a la Gen Z, mostrando un intercambio cultural e intergeneracional particular. Pero digamos que tiene sentido, pues el camino independiente de Kaori, Taiyo y Yusuke terminó por cosechar las bondades de la era digital, lo que permitió que cosas como lo sucedido la noche de ayer se pudiese realizar.

Desde el minuto uno con «Hatachi No Koi» el Caupolicán fue inundado por una sensación sobrecogedora, en la que la propia delicadeza y candidez de tanto la presencia de los músicos, como de cada nota articulada, dibujaba sonrisas en los rostros del público –y derramaba lágrimas en las mejillas de algunos–. Las ovaciones eran ensordecedoras, al punto de sorprender a los músicos quienes no sabían bien como reaccionar, pero recibían con humildad las muestras de afecto –el mismo Taiyo dijo más adelante en el concierto, en inglés, que son tímidos–. El coro en conjunto al público edificó un momento de lo más precioso: «anata ga sukidesu«.
Sin roadies, encarnando la vida del DIY en todo su significado, los nipones cambiaban de instrumento repetidamente con sutileza y oficio, al mismo ritmo de que paseaban entre géneros musicales como el jazz pop de «Kimi Ga Nakunara», el sophisti-pop de «HIROGARU-NAMIDA», o el city pop de «Raindrop City». Si incluso todo el público se puso a saltar incansablemente con la jazzera «Windy Afternoon», dando un rico matiz a una jornada que privilegiaba la tranquilidad –pero no por eso menos intensa–.

Su última placa, ‘Dusk to Dawn’, igual mostró presencia de la mano de «Moon Ride», mostrándose con colores angelicales que reafirmaban el núcleo cálido de su propuesta. Las palmas al unísono que reaccionaban a la marcha del bombo eran tan sólo una de las diversas reacciones y respuestas del público para con los nipones. Así sea con todos los suspiros y gritos que emanaron al sonar «Hisoyakani» o el baile con «Autumn In City «A»».
Las muestras de cariño tuvieron distintas manifestaciones, desde los clásicos cánticos que los músicos eran incapaces de ignorar y no sonreír ante ellos, hasta los múltiples obsequios que recibió Kaori. Pero en Lamp también se mostraban bastante atentos a lo que sucedía, desde recibir la bandera chilena y apreciarla detenidamente, hasta parar el concierto por un asistente que se descompensó. Y bueno, otros regalos son las canciones mismas, como «For Lovers», con Yusuke tomando el protagonismo con tal delicado pero hermoso track del álbum del mismo nombre publicado en 2004.

Así fue como se desarrolló un show lleno de sorpresas nacidas de la espontaneidad, la naturalidad y la honestidad misma de la expresión humana en su estado más prístino. Los mismos japoneses no mostraban intenciones de maquillar nada, como el resfrío de Kaori que la estuvo aquejando durante el tramo latinoamericano de la gira –pero su performance igual estuvo a la altura, indudablemente–, y de cierta forma, eso era algo refrescante de ver en el día de hoy en donde los conciertos masivos suelen seguir un guión (nada de malo en ello per sé).
De esta forma, el encore dio paso a un frenético y entretenido solo de batería y percusión, que transicionó al último hit del concierto: «Last Train At 25 O’clock», dando paso a un océano de voces que se regocijaba entre el sentir juvenil y saltos, dando fin a un espectáculo que esperamos muchísimo tiempo. Como un abrazo de un amigo al que no veíamos hace tiempo, o revisar los recuerdos de la infancia en algún baúl polvoriento lleno de nostalgia, Lamp nos regaló una verdadera fotografía de humanidad en sus distintas facetas, claves, colores y sonidos.
Setlist de Lamp en Chile:
- Hatachi No Koi
- Telephone Call
- Kimi Ga Nakunara
- HIROGARU-NAMIDA
- Raindrop City
- Windy Afternoon
- Moon Ride
- Yokaze
- Hisoyakani
- The Night Squall
- Autumn in City «A»
- Sachiko
- From the Window
- For Lovers
- Chilly Spectacle
- The Other Side of a Rainy Night
- Solo de batería y percusión
- Last Train at 25 O’clock
