Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Vicente Chacón y Rubén Garate
El thrash metal es un estilo de música agresivo por definición, y ya hay más de 40 décadas de tradición de conciertos y sus costumbres, siendo el moshpit y la entrega agitada del público un rasgo característico de lo que provoca este sonido, pero de cuando en cuando aparecen casos que amplían los alcances de dichas cualidades, siendo el caso de lo sucedido en el show de Exodus en Chile el pasado sábado 11 de octubre en Teatro Cariola.
Se trataba de la conmemoración de los 40 años del disco debut de los oriundos de San Francisco, después de todo, y es que ‘Bonded By Blood’ (1985) es uno de los estandartes máximos del thrash, siendo una pieza esencial en la modelación de la estética del sonido. La ocasión no era menor.

Circundando al filo del metal extremo en sus vertientes death metal y múltiples salidas ligadas al black, Infernal Thorns fueron los encargados de dar el puntapié inicial a la velada, de la mano de una presentación inmisericorde que, incluso si el sonido ahogaba las guitarras a momentos en el extraño eco del recinto, instaló una poderosa premisa con cada martillazo de temas como «Death Chants» o «Forsaken».

Con el relevo entregado a Terror Society, los chilenos revolvieron todo a su paso con sus filosos cortes de un thrash metal veloz y furioso –muy a la era ‘Arise’ de Sepultura–, con una respuesta recíproca y entusiasta de parte de un público que ya mostraba su sed incontenible de agresión, mientras otros compartían fraternas cervezas al son de canciones como «Worlds Collide» y «The Chair».

Con un público demente
Ya para cuando las luces se fueron a negro, y las grabaciones con la voz de Paul Baloff se adueñaron de la acústica del Cariola, la cancha se encontraba repleta ante la avalancha que hubo minutos antes –y con la cual ingresó un número considerable de individuos–, aunque más allá de la tensión inicial que siempre hay en estas situaciones, no pasó a mayores. Muy por el contrario, pareciera que todo el mundo se tomó aún más en serio la misión de dejarse llevar por la adrenalina del momento, lo que consiguió resultados sobresalientes con la primera canción de la velada: «Bonded By Blood». Con el velo rojizo emanado de una bengala, el circle pit era tan numeroso que el acto de correr era imposible, no obstante, todo era un ir y venir azaroso y vertiginoso de empujones y golpes. Todos sonreían.
La tarea era demandante a nivel físico para cualquiera. Nuevamente, y como precisé al inicio de este escrito, pareciera que se llevó más allá el aspecto de la agresión en este mundo del thrash, y las expresiones de júbilo del buen Gary Holt y la descarnada performance vocal de Rob Dukes reaccionaban inevitablemente ante lo que acontecía en la cancha. «Exodus» y «And There Were None» apretaban el acelerador, y «A Lesson In Violence» y «Metal Command» provocaban una respuesta aún más visceral. En especial con «A Lesson In Violence», con la audiencia embravecida dispuesta a tomar el timón del asunto y brindar la lección de violencia y agresividad por sí mismos.

La monumental «Deathamphetamine» –de la era Dukes de Exodus– inyectó de esteroides el sonido del grupo, con un Tom Hunting prácticamente rompiendo los paños de su drumkit, mismo caso con «Blacklist», que ya a estas alturas es un clásico. La maquinaria de los de San Francisco estaba mucho más que bien aceitada, sino que arremetía con una potencia mayor en caballos de fuerza, con el renovado vigor que brindaba la presencia de Rob Dukes al grupo, siendo un regreso de lo más acertado. «Fabulous Disaster», «No Love», o «Piranha» mostraban la total compenetración entre lo aquellos sobre el escenario y aquellos que les observaban. El sudor evaporado en el ambiente era tan sólo una mínima muestra de ello.
Tras la pesadísima «Impaler», el encore llega con rapidez con «The Toxic Waltz», pero no sin antes con unos amagues a «Raining Blood» de Slayer y «Motorbreath» de Metallica que envalentonaron hasta al más insulso. De ahí, el vals del moshpit se convirtió en una celebración pura al género, con coros cantados al unísono y en comunidad con la dopamina por las nubes. Y, ya todo el mundo sabía que faltaba el último mazazo del ‘Bonded By Blood’, que llegó con «Strike of the Beast» mostrando el rostro más masivo, agresivo, y porqué no, feliz de la jornada –con un wall of death incluido. Así se celebran 40 años, con una entrega absoluta.

Setlist de Exodus en Chile:
- Bonded by Blood
- Exodus
- And Then There Were None
- A Lesson in Violence
- Metal Command
- Deathamphetamine
- Blacklist
- Fabulous Disaster
- No Love
- Deliver Us to Evil
- Piranha
- Brain Dead
- Impaler
- The Toxic Waltz
- Strike of the Beast
