El miércoles 8 de octubre hubo una verdadera cita punk en el centro de Santiago. Y no, no son palabras al voleo. Se armó una especie de noche de los punks vivientes que coronó todas las cuadras adyacentes al Teatro Coliseo. Tocaba The Adicts y, ventas más o ventas menos, el punky chileno promedio no discrimina entre volúmenes de estadísticas. Una banda clásica es una banda clásica y se atiende y celebra igual. ¿Pruebas? La cita de ayer.

La cita la abrió Paranoia, una banda francamente infravalorada. Llevan sus buenos años tocando ese punk rock ramonero bien cercano a bandas que celebran la fiesta y el desenfreno desde un nihilismo liviano capaz de espantar a quien vive demasiado cómodo en el status quo. Aunque el Teatro Coliseo estaba más bien vacío, si habían un par de punks algo más letrados y vieja escuela que celebraron los temas más conocidos. Igual, son tan inmediatas las canciones de Paranoia que es muy sencillo dar con el gusto del público rápidamente.
Ahora, la previa a The Adicts es todo un tema aparte. Era como un fin de semana gótico en la Blondie. Todos muy refinados y estilizados. algunos maquillados como payasos o adherentes (estos siendo los más creativos, francamente). Parecía una fiesta y, en parte, lo era. Pero el giro más importante llegó cuando, por la razón que sea, entró toda una masa de punks celebrando y coreando ‘Viva La Revolution’. En cosa de segundos, la cancha pasó de ser una foto desierta a una más repleta que, incluso, la de eventos con entradas agotadas. Iba a ser uno de esos eventos punk.

The Adicts
Cerca de quince minutos pasadas las 21:00 horas, The Adicts salió al escenario en trajes que emulaban a los de la pandilla de La Naranja Mecánica. Todos salvo Monkey, que se apersonó vestido con toda su parafernalia que naturalmente incluso excede el mero maquillaje de payaso tradicional por el que es comúnmente conocido. No se demoraron nada en patear ‘Let’s Go’ y hacer explotar el Coliseo como pocas veces se revienta ese lugar. Envidia segura de un montón de metaleros que hacen gala de la capacidad destructiva de sus eventos. No se trata simplemente de que la gente se limitara a moshear y saltar. Es algo más complejo que eso. Fue un caos generalizado y sin concesiones. Acompañado, por cierto, de un total profesionalismo y excelente desempeño de los músicos. Ni al comienzo ni nunca sonaron como si estuvieran tratando de llenar el escenario a la fuerza (como es tan normal en este tipo de bandas veteranas), sonaron particularmente sólidos y acompañados de un show muy interesante y completo.
Y como si el primer golpe hubiese sido escueto, el segundo corte no fue otro que ‘Joker In The Pack’, una de sus canciones más conocidas, que por supuesto que liberó todos los demonios internos de la audiencia, incluyendo la única bengala que se encendió durante el evento.

Hay muchas analogías facilonas que se podrías hacer sobre lo caótico que fue el concierto en general. Era un tipo de caso que recordaba a eventos de punk en español como los últimos conciertos de bandas como Non Servium, 2 Minutos o hasta La Polla Records (si, incluso ese). Los Addicts son unos verdaderos agentes del caos. Tan solo las visuales eran prueba viva de la locura que se traían entre manos y en la que no pretendían escatimar incluso con esa especie de nihilismo que parecía adelantar Halloween o algo así. Todo parecía muy caricaturesco, pero realmente no alcanzaba a serlo. Estaba pasando y no era un juego.
Naturalmente, los cortes que más encendieron a la gente fueron los de los discos clásicos como Songs Of Praise o Sound Of Music. Particularmente encendidos fueron los momentos de canciones como ‘Johnny Was A Soldier’ o ‘My Baby Got Run Over by a Steamroller’. Lo mismo cortes que tuvieron su propia teatralidad específica, como ‘Who Split My Beer?’, cuando Monkey sacó su jarro de cerveza inflable en el que vertió copete para luego lanzarlo al público. De nuevo, agentes del caos.

El concierto también contó de cierta sensualidad, al estar todos tan estilizados y en la disposición danzable de punk rock, había cierta disposición a sacar a bailar algo inédita en otros estilos de punk algo más intensos. Le dio un cariz interesante, de comunidad y hasta propio de las bases de las culturas underground o góticas. Igual tiene que ver con el poder de las respectivas sensibilidades de la música de The Adicts, que viene de una escuela quizá menos ramonera y un tanto más estilizada.
El concierto se fue acercando a su final con cortes como ‘Chinese Takeaway’ y, naturalmente, ‘Viva la Revolution’, que no encendió los mosh que quizá habrían sido predecibles. pero la realidad es que es lógico, pues por muy icónica que sea la canción, es más que nada basada en vocales que en una instrumentación particularmente acelerada. La última canción propiamente tal fue la versión de ‘You’ll Never Walk Alone’, original de Richard Rodgers pero prácticamente apropiada por The Adicts en el mundo punk. Sacó un coreo glorioso. A modo de coda, una versión medio en chunga y medio en serio de un movimiento de Beethoven. Cañonazos, confeti, globos gigantes, una producción propia de The Offspring o Green Day. Se toman en serio a si mismos y está más que merecido.
Por cierto, esta era la gira de despedida de The Adicts. Parece algo que habría que anotar antes en la nota. Pero si para efectos del concierto, fue tan solo un detalle, entonces para esta nota también lo es. Se despidieron a lo grande. No fue escueto. Y lo más lindo de todo, fueron capaces de echarse al hombro la habilidad que siempre tuvieron de hacer las cosas a su manera. Y se despidieron a su manera.
