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Live Reviews

Behemoth, Deicide & Nidhogg en Chile: Plegarias impías

Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Antonia Bisso

‘The Unholy Trinity’ fue la consigna que permitió reunir en el Teatro Caupolicán a tres agrupaciones del llamado metal extremo –de distintos alcances una de la otra–, Behemoth, Deicide y Nidhogg, en lo que fue una velada que realmente indagó en detalle en las distintas posibilidades del mismo.

No se trataba de juntar bandas de blackdeath porque sí, sino que las conexiones entre las propuestas eran tan reales como la forma en que se podían complementar entre sí. El melodrama teatral y blasfemo de la agrupación de Nergal, la brutalidad sin clemencia del grupo de Glen Benton, y la aceptación de un peculiar histrionismo de parte de Nidhogg; era emocionante lo que se venía.

 

Los teloneros: Diabolvs

A tempranas horas de la tarde, y con el calor protagonista que caía sobre la capital, los chilenos Diabolvs rindieron un breve set que encendió los ánimos de una congregación fiel a ellos y al género. Es que, su oficioso despliegue de un death metal a la vieja escuela implicaba un comienzo necesario con los fundamentos de este sonido, que fue apreciado con atención y headbanging al ritmo de canciones como «Killing My Enemies»«Rite of Consecration».

Nidhogg: Ampliando el sentido de performance

La agrupación del polaco Nidhogg dio cuenta de un sonido que tomaba varios elementos clásicos del black metal, en especial en lo que respecta a sus variantes melodic black y hasta black ‘n’ roll. En ese sentido, incluso si llegaba como novedad y cargaba con el peso de sorprender, fue su interpretación, entrega y soltura las que dieron paso al foco de atención del público, que disfrutaba de canciones como «Mental Licanthropy and the Calling of Shadows»«Sic Luceat Lux».

Con una voz particularmente cruda, el set tomó centro en las canciones de Wilczyca, encarnando un enfoque performático que, si bien no se retiraba de los cánones del género, Nidhogg sí que mostraba ímpetu por pasarla bien en el sentido más literal de la palabra, al punto de llamar al público a bailar en un instante. No es que realmente haya pasado, pero cuando se trata de «danzar» en el circle pit, sí que respondieron ante el último llamado a honrar Sudamérica con un cover de uno de sus grandes exponentes, Sepultura, con «Territory».

Deicide: Que nada quede de pie

Con Deicide las cosas son bastante sencillas, a decir verdad. Uno bien sabe a lo que va cuando Glen Benton y los suyos se toman el escenario, pero a decir verdad nunca deja de sorprender la locura que se genera. Jamás dejará de hacerlo, y es que, además, en esta ocasión desplegaron su mejor sonido en vivo a la fecha. Algo que siempre se agradece, para así tomar atención a lo que canciones como «When Satan Rules His World» –que dio inicio a la velada– o «Bury The Cross… With Your Christ» tienen por ofrecer –y que tanto los agitados del pit como la platea puedan disfrutar–.

Para graficar el tipo de demencia del que hablo, se dice mucho que los moshpits en el metal son «ordenados», un círculo andando y listo. Lo que no está lejos de la verdad, sin embargo, Deicide provoca –y provocó– una respuesta mucho más visceral, liberando un pulso primal al atronador son de piezas como «Once Upon the Cross»«Sacrificial Suicide»«They Are the Children of the Underworld», con una masa poliforme e inquieta de gente que ignoraba patrones de movimiento, en un todo-es-cancha o mejor dicho, todo-es-moshpit.

La admiración del público era notable, con cánticos «olé, olé, olé, olé… Deicide, Deicide» que los músicos en escena recibían con sencillez. Así, con un set cargado a sus discos clásicos –había una hora no más, era la mejor forma de aprovecharla–, Deicide cerró su presentación en el clímax máximo con la tripleta «Scars of the Crucifix»«Dead By Dawn»«Homage For Satan». Un concierto mucho más que redondo y de lo mejor que han hecho los oriundos de Tampa, Florida.

Behemoth: Entre el caos y la solemnidad

A las 21:30, ya llegaba el turno de los gigantes polacos del metal extremo, Behemoth, quienes llegaban al que es su concierto más grande a la fecha en nuestro país –algo que el mismo Nergal reconoció posteriormente con gratitud–, uno que inició con «The Shadow Ellite», opening track del disco que los trajo este año ‘The Shit Ov God’ (2025) que terminó por encender inevitablemente a los presentes a un par de minutos de su comienzo. Con ese sonido tan propio del grupo –que en papel si tiene death black, pero al que nadie ha llegado a acuñar el término correcto–, «Ora Pro Nobis Lucifer» desató la algarabía con un moshpit blasfemo que no bajó intensidad en ningún momento. La misa negra había comenzado ya.

En la hora y veinte minutos de show que rindieron, Behemoth se preocupó de recorrer toda su carrera de la forma más extensiva posible, cosa que quedó en cuenta de inmediato con «Demigod», con feligreses saltando, batiéndose a empujones y coreando sus secciones melódicas. No sólo eso, sino que la impronta de la agrupación es formidable, en tanto uno sabe que está pasando algo especial –destacado aún más por sus vestimentas– y ritualesco, pero al mismo tiempo su música invita al caos. Todo el mundo participa de este caos, así sea coreando con fuerza la reciente «The Shit Ov God», armando el desorden en «Conquer All» o provocando cumplidos de Nergal diciendo «¡Perfecto!» ante el grito del público en «Blow Your Trumpets Gabriel».

El sentido de unidad en «Ov Fire and the Void», el oscurantismo más sutil y melodramático de «Bartzabel» o el buen recibimiento de temas nuevos como «Lvciferaeon» eran todos síntomas de un espectáculo completo, que se empecinaba en mostrar los distintos rostros de lo que es Behemoth. Al punto de regalar momentos como el primer track compuesto en toda la historia de la banda con «Cursed Angel of Doom», o los momentos más agresivos de la noche con «Chant for Eschaton 2000»«Christians to the Lions». La legión chilena es más grande, y esa masividad fue ingrediente importante en el sentir monumental del show, uno que terminó en solemnidad oscura pura con «O Father O Satan O Sun!». Excelente show.

 

Juan Pablo Ossandón

Director de Expectador.

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