Escrito por Felipe León
Para finales de los 80’s el thrash metal comenzaba a romper sus propios límites de agresividad, encontrando una crudeza y pesadez mayor en nombres como Morbid Angel. Al extremar los recursos la banda dio junto a otros proyectos un sonido aún más bestial, mucho menos melódico, y bastante desafiante, el que sería denominado death metal, perfectamente retratado en su debut, ‘Altars of Madness‘ (1989).
Entre gritos y violencia se alza una colección de canciones del inframundo, agrupadas de manera caótica en casi 39 minutos. Una muestra del ideal más extremo que recogería el grupo formado en ese entonces por David Vincent, Trey Azagthoth, Richard Brunelle y Pete Sandoval, combinación que dicho sea de paso marcó la historia del género para siempre.
Es tal la influencia de ‘Altars of Madness’ que hasta la actualidad se siente su impacto. No por nada un sinfín de bandas herederas de este sonido agresivo y técnico, de temática satanista y ocultista, poblarían la geografía del death metal en la década siguiente. Algo que no es menor, y que se explica por la necesidad de romper con cualquier concesión, en la búsqueda constante por alcanzar una intensidad aún más ominosa.
Todo desde canciones ya legendarias como «Immortal Rites», «Chapel of Ghouls», «Evil Spells», «Visions From the Dark Side», «Blasphemy» o «Maze of Torment«. Solo sería el comienzo para Morbid Angel, que en los años posteriores consagraría su importancia con álbumes como ‘Blessed Are the Sick’ (1991) o ‘Covenant‘ (1993).
