Escrito por Nicolás Merino
Fotos por Aarón Castro
Ayer, un día antes del comienzo oficial de las fiestas patrias, pero también siendo la primera tarde del fin de semana largo de muchos, la Sala Metrónomo vivió una jornada de skate punk de primer nivel: Bitter, Authority Zero y Strung Out. Dos en la linea más técnica, una en la más pachanguera, tres en la élite del skate punk.

Bitter es una banda de esta escuela hiper técnica del skate punk que históricamente ha sido tan prolífica en Chile. Su disco Desde Las Cenizas hizo particular ruido entre los amantes de este sonido y, si la banda cabecera en cuestión es Strung Out, probablemente eran la banda indicada para abrir.
Obviando un problema de sonido con el micrófono principal, sonaron impecables. Las guitarras haciendo gala de sus amplias capacidades técnicas y una batería tanto precisa como machacante. Las canciones, quizá más basadas en mecánicas que en estética (como dirían los gamers), dan luz de una banda de primer nivel que solo puede crecer. Fue una de esas selecciones de banda chilena particularmente precisas. Terminada su presentación, llegó el turno de la primera banda internacional de la jornada.

La verdad es que, con todo el respeto que se merece Authority Zero y, particularmente, sus dos primeros discos, su presentación fue más en la línea del denominado teloneo. Había poquita gente. Pero fuera de eso, que no es culpa de la banda, si se sintió que, aún siendo una banda grande e importante, el show fue un tanto de segunda categoría. Sin demasiados himnos y, aunque siempre manteniendo absoluto control de lo que pasaba sobre el escenario, no se hicieron tantas cosas interesantes con ese control.
Con esto último se refiere a que se notaba que hubo ardua preparación en armar un show de nivel que sonara claro, transparente y legible. Existieron juegos para conectar canciones, extensiones y cosas así que siempre se agradecen en estas circunstancias, pero también había algo en la energía que simplemente jugaba en contra. Igual, quizá lo mejor de este primer show de Authority Zero en Chile es el mero hecho de que se haya dado, pues es difícil imaginar a la banda tocando en Chile en otras condiciones que no sean unas en la línea de las de ayer.

Hay que reconocer que, acercándose el turno de Strung Out, no subió demasiado la épica del evento. Llegó más gente, si. Pero tampoco demasiada. Y la banda tampoco hizo esfuerzo por reservar parte de esa épica para el puntapié inicial, pues salieron a probar sonido unos minutos antes. Hay gente a la que le molestan mucho estas cosas, casi como ver a los músicos afinando. La verdad es que es propio de conciertos de este estilo y, en el caso de bandas como Strung Out, una especie de pequeño lujo. Los músicos tienen nivel. Tan solo tirando riffs y patrones al azar quedó demostrado inmediatamente, como si algún asistente no lo tuviera claro después de haber escuchado su discografía.
Ahora, qué pasa con el concierto. Por lo bajo, decir que estuvo raro. No por la banda, ellos demostraron cómo llenar un escenario, pero si por el público, que no solo era bajo para las dimensiones de la Sala Metrónomo, sino que también era bajo para otras instancias de punk en vivo que se han dado en Chile estos últimos años, incluso de bandas en la misma línea específica del skate punk, como lo de Face To Face con A Wilhelm Scream. Digamos, Strung Out partió tirando al hilo ‘Analog’ (lo único del Exile In Oblivion, lamentablemente) y ‘Too Close To See’, dos clásicos que en otro contexto habrían reventado la sala. Bueno, no fue el caso.

‘To Close To See’ fue un caso particular, pues quizás ‘Analog’ es más obtusa y se entiende que venga acompañada de cierto espasmo inicial, pero ‘Too Close To See’ es un clásico que, por cierto, es bastante representativo de la linea editorial musical de Strung Out, y sobre todo de esa obra maestra a la que pertenece: Twisted By Design. Es un corte que lo tiene todo: el pulso, la melodía, hasta los solos, que ambos guitarras tocaron en disposición de twin guitars como si se tratara de un show de Judas Priest o Iron Maiden. Todo bien con eso. Excelente, de hecho. El problema es que todo esto frente a moshs cuyo peak no pasaba de la primera treintena de segundos y un sector de adelante más bien contemplativo antes que participativo.
El concierto siguió con el corte punketa que es ‘In Harm’s Way’, del primer disco, y esa salida nerd que es ‘Everyday’, el tema que abre el epé Element Of Sonic Defiance, su aproximación más explícita al royo Asimov de la ciencia ficción que la banda siempre tuvo. Y si, incluyeron el sample del comienzo. Todo esto para luego patear con un super combo de clásicos: ‘Exhumation Of Virginia Madison’, ‘Firecracker’, ‘Rottin Apple’ y ‘Solitaire’. Una del Twisted By Design y tres del Suburban Teenage Wasteland Blues. Todas al hilo. Alto momento. Aún así, quizá la banda sobreestimó sus propias canciones, no en términos de calidad, sino más bien de alcance. En los primeros versos de ‘Exhumation Of Virginia Madison’ metieron un arreglo para que el público se apoderara de la canción, pero eso no necesariamente pasó. Si hay que reconocer que ese tema y ‘Firecracker’ fueron de los que despertaron más entusiasmo hasta ya entrado el bis del concierto.

Pasaron algunas canciones más interesantes que otras. En general todas en la linea del canon calado de la banda. Incluso las más nuevas, como ‘New Gods’ o ‘Daggers’, que no son clásicos, destacan por ser singles relativamente recientes. La única salida de libreto podría considerarse que fue ‘Mind Of My Own’, un corte más pausado del Twisted By Design.
El cierre previo al bis fue con ‘Razor Sex’, un clásico del An American Paradox que, muy en la línea general del concierto, lamentablemente tampoco prendió mucho. Esa canción tiene un breakdown brutal cercano al rap rock, y nada. La banda hizo el teatro de salir del escenario, el público hizo su parte llamándolos de vuelta -sin demasiado entusiasmo- y efectivamente volvieron para lanzarse con ‘Velvet Alley’ y su respectiva introducción extendida. ‘Velvet Alley’, esa canción que en el papel es tan obtusa, ya sea por su progresión de acordes, su aproximación al pop punk en el coro, sus tapping y sus arreglos con doble bombo, pero que, en la mitología de Strung Out en vivo, igual suele funcionar tan bien. Lo de ayer no fue la excepción, hay que decirlo.

Seguido de ‘Velvet Alley’ vino ‘Bring Out Your Dead’, y ahora el público si estaba entusiasmado. Moshearon, cantaron, grabaron y todas esas cosas. La tocaron pegada con ‘Matchbook’ que por supuesto que vino acompañada de su respectivo caos proporcional a la Sala Metrónomo. Era que no, si es la canción más conocida de la banda. Estas cosas son predecibles. Por cierto, hace rato que Strung Out se las ha venido arreglando para llenar ‘Matchbook’ de arreglos que den pie a la interacción con el público. Igual le quita un poco de pulso a la canción, pero la suma es positiva, o al menos así fue ayer.
Strung Out es una banda rodeada por un mito. Ya sea por su tecnicismo, sus discos clásicos, su calidad en vivo o el factor que sea, no escatiman en presentarse al mundo con cierta aura y ciertamente es impresionante de presenciar. Es algo redundante señalar que son músicos de alto nivel, pero para un texto de estas características hay que, al menos, referirse a ello. Todos sonaban impecable, y no hubo ninguna canción particularmente poco atractiva, pero aunque la hubiese habido, seguramente el solo hecho de mirar a los músicos tocando música de ese nivel de complejidad hubiese sido suficiente para llenar el escenario.

Se habla mucho de que juntaron el punk con el metal. Una posición algo extraña, pues no hay tanto de metal, como si de un skate punk extremadamente refinado, pero eso sigue siendo un tipo de punk. El metal es otra cosa, con otras características. En cualquier caso, si es música bastante docta, pero que no pierde emocionalidad ni inmediatez. Para un sector específico, probablemente se trate de una banda de una fórmula platónica. Ojalá lo hayan pasado bien ayer.
