Escrito por Nicolás Merino
¿Cómo siquiera comenzar un texto sobre ‘Twisted By Design’ (1998), el tercer disco de Strung Out? Quizá explicando las razones que lo hacen meritorio de un texto y no así, necesariamente, ‘Suburban Teenage Wasteland Blues’ (1996) o An American Paradox (2002), los discos que lo rodean temporalmente. Y ojo, no es que estos discos no merezcan su respectiva conversación. De hecho, ‘Suburban…’ podría trepar fácilmente a considerarse uno de los mejores discos de Strung Out, aún manteniendo certeras distancias estilísticas con aquellas que hacen tan celebrable Twisted By Design. Y eso nuevamente ruega la pregunta: ¿Qué hace tan especial a este disco?
La respuesta más obvia sería decir que sí, que se sacaron los zapatos con el virtuosismo. Existen quienes discuten a Strung Out en los términos de ser una banda de metaleros tocando skate punk, y que eso es lo que lo que da con esta fórmula tan virtuosa. Más allá de si es cierto o no, si es cierto que están en un estándar de capacidades ejecutivas muy por sobre la media de las bandas de skate punk de su generación.
Ahora, respeto a cómo lo integraron a la música, bueno, a todas luces fue una aplicación bastante natural. De hecho, habría que agregar que una particularmente complementaria y no necesariamente recursiva. Es decir, no es que se apoyen del virtuosismo para generar despliegues técnicos innecesarios, muy por el contrario, supieron cómo integrar sus capacidades para generar música de lo más interesante. Y desde el primer segundo, literalmente. El disco parte con ‘Too Close To See’, que empieza con esas notas altas a gran velocidad para luego explotar en un tema tanto rápido como particularmente melódico.
Expresivo y edificante
Algo parecido se puede decir de la forma en la que se toca «Exhumation of Virginia Madison», particularmente en las guitarras. Que son dos. Que son distintivas. Que van encima de una base rítmica que no perdona en su pulso. Luego, como si los músicos se exigieran justicia y equidad a si mismos, llega «Deville», donde es el pulso de la guitarra el que no perdona a la base rítmica. Es ciertamente fascinante y esas son solo las tres primeras canciones.
Se podría seguir así varios párrafos repasando canción por canción, pero no es exactamente el punto. Esas tres primeras canciones son una muestra bastante representativa de la dinámica que seguirá el disco, que cada vez integra mejor sus credenciales. Lo que en un comienzo parte como un despliegue que no está exento de algo de pretensión demostrativa, luego cede para integrarse de lleno a las exigencias de la música.
El disco presenta canciones que, más que insertarse en el contexto competitivo del skate punk de la época, son bastante expresivas y edificantes. Destacan cortes como «King Alvarez» en su carácter punzante y melódico a la vez o «Asking For The World», que vendría siendo lo más cercano a una balada que hay en el disco.
Y qué decir del cierre, que cómo no, llega con la emocionante y edificante «Matchbook», que más encima terminó quedándose como una de las canciones más populares de Strung Out, por no decir la más popular en general.
Entre otros hilos algo ajenos al propio disco que igual se pueden tirar, está el de la influencia desbordada con la que salió este disco, creando toda una corriente de skate punk que no le hace asco a tradiciones como la del power metal o el metalcore melódico. Esa carrera por el virtuosismo viene de aquí y no de otro disco de Strung Out. Si bien es verdad que posteriormente intentaron repetir la fórmula en ‘Exhile in Oblivion’, no solo no llegaron a un promedio de canciones de la misma calidad, sino que intentaron jugar con una fórmula más oscura que, sinceramente, nunca terminó de cuajar.
Strung Out se presentará con Authority Zero en Chile el próximo 17 de septiembre en la Sala Metrónomo. Las entradas están a la venta en Passline.
