Escrito por Felipe León
Dos años después de estrenar el disco de bossa nova, ‘Domingo‘ (1967), con el también debutante Caetano Veloso, Gal Costa exploraría como nunca su faceta musical, dando como resultado una de sus etapas más creativas. Su primer solista y homónimo desataría una revolución en la música brasilera, distinguiéndola como embajadora de todo el movimiento contracultural de la tropicália.
Los aspectos psicodélicos recreados en esta experiencia soleada, le atribuyeron una surreal lectura rítmica a estilos populares del país. En específico, la solvencia pop/rock de expansiva curiosidad sonora conectaría con el rasgo juguetón de su interpretación vocal, llevando piezas animadas a un imaginario respetuoso con sus raíces, aunque vanguardista en sus convicciones.
El arte cultivado por Gal Costa en casi 40 minutos de duración, dibuja un paisaje propio en medio de un original contexto repleto de memorables contemporáneos. Algunos de éstos como Gilberto Gil o el ya mencionado Caetano Veloso aportarían su valiosa presencia, como en los temas respetcivos, «Sebastiana» y «Que pena (Ele já não gosta mais de mim)». Al igual que en «Namorinho de portão» o «Baby», ambas en concordancia con el colorido brillo de la artista.
Se hace imposible no mencionar otras canciones como «Nao Identificado», «Saudosismo», «Deus É O Amor» o «Divino Maravilhoso». Porque vale la pena pasarse por lo menos una vez por este histórico registro, ya que es una puerta de entrada habitual a la música proveniente de Brazil, y por supuesto, a su figura.
