Escrito por Felipe León
La importancia de Boards of Canada en el mundo de la electrónica más hipnótica y psicodélica es suprema, considerando la acotada y relevante discografía que poseen. Una selecta congregación hauntológica de evocaciones a la infancia y el esoterismo, entremezcladas bajo una lógica tan misteriosa como familiar, a ratos más oscura, como sucede con su pesadillesco segundo álbum, ‘Geogaddi‘ (2002).
Tras sorprender y generar curiosidad con ‘Music Has To Right Children‘ (1998), el dúo escocés se aventuró en territorios más oscuros, abarcando búsquedas más cerebrales propias del idm, sin descuidar el pulso del downtempo. Convivencia creativa que remece la escucha desde una suerte de abismo, curioso e indescriptible, apto para las exploraciones más fantasmales que al dúo se le pudieran ocurrir.
Aquí hay voces sampleadas que parecieran hablar desde una distancia temporal, ajena a este plano, volviendo sus búsquedas pasadas en algo tenebroso, difícil de clasificar. Irresistibles a la escucha más curiosa, puesto que en ‘Geogaddi‘ lo onírico cobra un sentido ilustrativo de una electrónica paranormal, que busca atrapar la atención desde lo sensorial, generando en los oyentes tanto atracción como incomodidad.
En el umbral de lo desconocido, Boards of Canada visitó el inconsciente con astucia y creatividad, cautivando gracias a la extensión de un sonido que ya bastante dio que hablar en los 90’s. La continuación de un legado, a partir de canciones intrigantes como «Music Is Math», «1969», «The Devil Is In The Details», «Dawn Chorus», «Julie And Candy», «Gyroscope«, o «Alpha and Omega».
