Escrito por Renata Velásquez Romo
La viva imagen de una España fragmentada se retrata en la ciudad de Donosti, donde Mónica Marín se empeña en una misión que en los 90 en la Península Ibérica implicó su completa devoción por más de 6 años.
Aránzazu es el nombre que le pone Luis Tosar, más conocido como “El Inhumano”, tras reclutar a la agente de la Policía Nacional para meterse dentro del mecanismo de ETA, entidad terrorista nacionalista vasca, infiltrándose lenta pero seguramente a un lío que no se había pensado posible para una mujer. Tras una serie de pruebas, Mónica califica y es derivada a Donosti y comienza a vivir la vida desde el lado vasco.
“La Infiltrada” deja sin uñas que morder, con romances inesperados, crudeza y crueldad, todo en un mismo lugar. Literalmente, hablamos del hogar en que Aránzazu aloja en un inicio a Kepa Etxebarria, y luego Sergio Polo Cabases, ambos terroristas.
Las líneas entre lo real y lo falso se ponen cada vez más borrosa en la vida de Aránzazu. Pasar de la vida en solitario, donde tenía la posibilidad de descomprimir y vivir sola con su gata Sua, a convivir 24/7 con Kepa le hace difícil tanto a Aránzazu y el público distinguir lo que es parte de su trabajo como infiltrada, y la misma Mónica se cuestiona esto tras completar su misión.
El tango, la riqueza del idioma vasco y las inmersiva actuación de Carolina Yuste, hacen francamente irresistible el filme. Con detalles que buscan recrear al pie de la letra la forma en que este operativo real ocurrió ponen los nervios de punta, y la banda sonora acierta por completo en los momentos de mayor tensión, donde el plan de desarticular el comando de Donosti se ve en peligro.
La capacidad de simpatizar con terroristas y llegar a tener una relación amorosa con uno de ellos, su falta de espacio personal y posibilidad de desenmascararse son experiencias que casi rompen a Aránzazu, quien, a pesar de haber completado su misión de 6 años, se ve enfrentada con un desafío aún mayor: regresar a sí misma, tras cultivar una vida que debe dejar de un día a otro. “Mi vida de antes está tan lejos que parece la de otra persona”, pronuncia Kepa al hablar de qué desea del movimiento, y eso mismo es lo que termina por quebrar por completo a Mónica, a quien vemos llorar de veras solo en la conclusión del filme.
Tal como llega se va, con Sua entre sus brazos, que se ha mantenido como la única constante en su vida en estos últimos seis años, que marcaron su vida, todo para intentar regresar a una suya que se ve muy lejana.
La Infiltrada ya se encuentra disponible en Cines Nacionales
