Entrevistas

Carlos Cabezas: «No me interesa mucho convertirme en una figura canónica»

Escrito por Alejandra López Díaz

Carlos Cabezas conversó con Expectador a propósito de su próximo concierto solista, Mil Cabezas, que tiene como tema la cobertura completa de los cuarenta años  de carrera que le ha dedicado el músico nacional al oficio. Naturalmente, pasando por proyectos esenciales para el canon chileno como Electrodomésticos y por otros no menores como La Banda del Dolor o Cordillera. Eso sin contar el amplio espectro de música para películas en las que ha trabajado Cabezas, que incluso supera la mal llamada “música incidental” y llega hasta los boleros. Sin más preámbulos, esto fue lo que conversó Cabezas con Alejandra López para Expectador:

 

¿Cómo fue el proceso de decidir qué etapas y proyectos incluir en Mil Cabezas y cuáles no?

La idea en general de Mil Cabezas era hacer una retrospectiva de todos los ámbitos de trabajo en los que he estado. Por eso no se trata de una selección, sino que de incluir todo lo que he hecho. Ahora que lo pienso, incluye casi todo, porque hay cosas que van por un lado muy distinto. Por ejemplo, hice una audioserie de podcast, Quemar tu cabeza, y también está el trabajo solista con La Banda del Dolor, los boleros, el proyecto Cordillera con Angelo Pierattini, los Electrodomésticos, y dentro de la banda del dolor hay un apartado para música de películas y algunas citas o cosas distintas que he hecho, además de diseño sonoro.

 

¿Qué significa para usted moverse entre mundos tan distintos, como la performance y la música, especialmente en un Chile que puede ser bastante cerrado?

Creo que es muy refrescante poder moverse entre lugares tan diversos, porque cada uno tiene su propio lenguaje y todos se entrecruzan en mi trabajo, además de que se enriquecen mutuamente. Pienso que estos espacios fomentan la curiosidad, uno aprende mucho de distintas cosas y eso amplía la percepción de lo que podría ser su identidad musical. Normalmente un músico puede dedicarse a un solo estilo toda su vida, pero cuando exploras otros ámbitos, como la música para películas, aparecen facetas tuyas que quizás no mostrarías en un proyecto más convencional. Eso, además, te sorprende, porque te encargan música por encargo, y aunque al principio puede generar nervios, al final terminas disfrutándolo y entendiendo que toda la música que escuchas, sin importar el estilo, construye tu identidad musical.

 

¿Cómo percibe esa idea de identidad en su música, desde su primer disco de Electrodomésticos hasta ahora?

Es difícil hacer un análisis desde adentro. La verdad, uno tiene muchos puntos ciegos respecto a eso. Pero creo que mi identidad musical es bastante territorial, reflejada en nuestras experiencias como país. La cultura chilena tiene una densidad y una textura muy particular, con una profunda influencia del territorio, del desierto, los glaciares, el mar… Todo eso se refleja en mi música, en las letras y en el estilo. Además, la experiencia de vida es fundamental. Vivir en la ciudad, caminar sus calles, estar abierto a toda la experiencia humana, eso le da contenido real a lo que uno expresa a través de la música.

 

¿Cuál ha sido el proyecto más desafiante en cuanto a soundtrack o musicalización?

Recientemente hice la música para una película sobre Arturo Godoy, que podría llamarse Rey Del Ring. Tuve que componer swing de los años 50 con un grupo que se llamaba Las Swing Sisters, y eso fue un desafío interesante. Pero en general, disfruto mucho los trabajos que he hecho últimamente, como Nobody Knows I’m Here, la película con Jorge García, o series como 42 Días de Oscuridad y Vencer o Morir. Todos esos proyectos los he disfrutado bastante, sin que hayan sido una carga.

 

¿Cómo define la identidad de su música, que desde su primer disco de Electrodomésticos hasta ahora, mantiene una coherencia?

Es difícil hacer un análisis desde adentro. Desde afuera quizás sería más fácil. Pero yo creo que mi música tiene una identidad muy chilena, muy territorial. Uno reflecciona sobre las experiencias del país y el territorio, en un lugar tan diverso y rico como Chile. La identidad también está en el lenguaje, en la profundidad de las letras, en la textura del habla propia de acá. Todo eso se plasma en mi música, en un sentido de pertenencia y en cómo proyectamos lo que somos a través de nuestro arte.

 

¿Cómo recibe esa figura de la contracultura, esa imagen de under de los ochenta en Chile, que muchos recuerdan en documentales y libros?

La verdad, uno se queda con el cariño que recibe por esa percepción. No me interesa mucho convertirme en una figura canónica. Eso puede contaminar el impulso y la pasión con que uno hace su trabajo. Para mantener la autenticidad, uno trata de mantener toda esa inteligencia, esa percepción, a raya. La percepción de ser un referente o un símbolo es algo que no me interesa demasiado; prefiero seguir haciendo lo que hago desde la intuición y la necesidad, sin buscar títulos ni reconocimientos oficiales.

 

¿Cuál es la sensación de reencontrarse en el escenario?

Creo que hay una sensación más general de lo que significa encontrarse, porque una de las cosas que intento tener cuidado aquí es la competitividad entre los músicos. Realmente te hacen esas preguntas, ¿Cuál es el grupo menos valorado en Chile? ¿Cuál es el más sobrevalorado? Son preguntas capciosas que invitan a una especie de competencia, a ponerlos en distintos rankings. La sensación general, en cambio, se asemeja a una fiesta de cumpleaños: haces 40 años de cumpleaños con amigos y todos han sido importantes de distintas maneras, cada uno valorable, incluso quienes quizás en otro contexto parecerían menos visibles. Es como una familia grande, todos aportan desde la pasión y el cariño por la música, y la colaboración, el sentirnos parte de una comunidad musical en la que nos apoyamos mutuamente, es algo que no siempre resulta tan fácil.

Recuerdo una vez una presentación en Valparaíso hace unos años, donde coincidieron en un escenario, y al saber que iban a tocar juntos, se invitaron a hacer un tema. Después de la experiencia, reflexionaron sobre lo difícil que resulta compartir y encontrarse en el escenario con otros músicos, algo que deberían ser gestos normales pero que en realidad no lo son, y cuando suceden, todos quedan muy contentos. La alegría de compartir la música en ese plano, más allá de la carrera individual, genera un momento de felicidad genuina. Se reconoce el esfuerzo de todos, y ese acto de celebración en conjunto, de una forma horizontal, es algo que valoran muchísimo. Todo eso lleva el sentir esa colectividad, esa comunidad, que ha sido alimentada por distintas experiencias en diferentes áreas de la vida y que, en definitiva, los hace mucho bien.

 

¿Ve esto como el cierre de una etapa o el comienzo de otra?

Es más bien una celebración, casi como un cumpleaños importante. 40 años es un número relevante, y esa es la perspectiva que tengo: celebrar la trayectoria sin pensar que es el fin ni el comienzo de algo nuevo en el sentido de dejar la música. La música sigue siendo el aliento del alma, lo que te motiva a levantarte todos los días. No siento que esto vaya a parar, porque en esta etapa de la vida, la música es lo que mantiene vivo el espíritu, y hacerlo en el Teatro Municipal es especialmente emocionante.

 

¿Cómo ves la importancia de realizar esa celebración en el Teatro Municipal?

Es muy emocionante porque le da valor a la música popular, que muchas veces ha sido relegada y vista con cierta distancia dentro de una élite. El Teatro Municipal es un espacio que representa a la ciudadanía y ayuda a poner en valor esa expresión musical, que es tan valiosa como cualquier otra. Además, permite desarrollar puestas en escena más sofisticadas y montajes, promoviendo que nuestra música llegue al corazón de la gente y sea reconocida en el lugar que merece. Es un paso hacia fortalecer el lugar de la música popular en la cultura del país y en la historia del arte nacional.

 

La velada Mil Cabezas se llevará a cabo el próximo sábado 18 de octubre en Teatro Municipal de Santiago con múltiples músicos invitados. Las entradas están disponibles vía Passline.

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